La última felicidad de Bruno Fólner; Mempo Giardinelli

[La última felicidad de Bruno Fólner; Mempo Giardinelli; Editorial Edhasa; Buenos Aires; 2015]

Por: Noelia Martínez

 

<<Todos somos poetas cuando nos asalta la tristeza o nos duele el olvido, piensa, y tiene ganas de decir, pero no dice.>>  [p.71]

Todos pisamos la vida. Algunos caminan, otros corren. Algunos dan zancadas amplias y ligeras, otros pisotones atronadores. Pero todos la pisamos. La vamos gastando a nuestro ritmo, esquivando obstáculos cada tanto o cayendo en pozos estrechos, oscuros y sin salida. Cada uno la vive desde su Yo, porque no hay otro rincón para vivirla.

¿Cuántos hemos deseado descansar un ratito de nuestro yo cotidiano? Muchos lo habremos pensado más de una vez, pero cada acción requiere de coraje, de empuje para ser capaces de abrazar lo que ese descanso nos traiga. ¿Y dónde está el valor? ¿El valor para acabar con lo que estorbe a nuestro deseo de reinvención? No, ese valor no. El valor para enfrentar el momento en que nos encontremos con la desnudez de nuestro nacimiento. Cara a cara con nosotros mismos. Lejos del yo inventado que llevamos tatuado con hierro candente, en alguna parte del cuerpo.

Bruno Fólner apuesta a su última felicidad cuando por fortuna o desdicha se encuentra ante la posibilidad de atrapar una nueva identidad que bautiza con “la simplificada pronunciación fonética castellana de Faulkner” [p.28] Ligero de equipaje se aventura a su nueva vida y nosotros podemos ser testigos de sus engranajes mentales. La creatividad de Giardinelli se pone al servicio de Bruno Fólner para hablarnos desde su interior, compartiendo el monólogo con un narrador que se difumina entre las líneas que separan protagonista-narrador-escritor. Mientras leemos su historia, que salta con facilidad de la primera a la tercera persona sin obstaculizar la comprensión de la lectura, nos adentramos en sus pensamientos más escondidos. Curiosamente son tan amablemente mundanos, que más de uno se identificará con el personaje. Pensamientos seccionados con un bisturí psicológico que, con pulso firme, parte la emoción en dos. Por un lado emociones del personaje social, el que todo el mundo conoce, ese que  se conoce a sí mismo por su reflejo en los demás. Por otro lado, el personaje primigenio que se quedó atrapado entre capas y más capas de piel que le cayeron encima y que sin ese bisturí abriéndole paso, sería incapaz de emerger. Mempo Giardinelli consigue hacernos cómplices de Bruno Fólner, cuestión que no es excepción en su obra, nos insta a la reflexión, a forzar una lectura más lenta que la provocada por el propio ritmo del texto.

<<Es el mismo tipo que anoche se reflejaba en la ventanilla del micro y que era él mismo. ¿O fue antenoche? Lo mismo da, desdeña alzando los hombros, y se dirige a la ventana que está abierta. No recuerda haberla abierto pero le resta importancia.>> [p.16]

El autor se sirve de un sutil simbolismo para guiarnos por su novela. Repara en los pequeños apuntes cotidianos, como por ejemplo, esa ventana que nos avisa del estado anímico de nuestro protagonista.

<< Ahora la ventana está abierta; no recuerda haberlo hecho él pero las dos hojas dan a la brillante mañana.>> [p.104]

El escritor se mete dentro de la piel de sus personajes por un pequeño poro y desde él se va estirando hasta abarcarlos por completo. Giardinelli no hilvana sus historias, las cose a máquina y a doble puntada. Así, esta vez consigue una novela corta, de lectura rapidísima que debemos pausar forzosamente para apreciarla en todos sus detalles. De lo contrario, los silencios de los protagonistas nos pasarán desapercibidos y como sucede en muchas ocasiones con las novelas de este autor, lo que se piensa y no se dice, es de total relevancia. Giardinelli puede tener muchos tipos de lectores, pero desde luego, a todos les sucede con su lectura lo que resume Bruno Fólner perfectamente.

<<La lee dos veces. Tres. Se siente incómodo en la silla. Joder, ese comentario>> [p. 105]

La última felicidad de Bruno Fólner vive en el lugar perfecto, paradisíaco, el justo emplazamiento para observar la vida como ajena. Como vivida por otros. Es el lugar donde se encuentra nuestra conciencia para confirmar nuestra soledad. El arrepentimiento de vivir la vida de otro. La culpa cuando esa vida termina y da paso a otra, quizá más soñada. La cobardía de no aceptar los hechos. La extrañeza general que  abraza a los cambios que se acontecen repentinamente y se precipitan sin más, sobre un abismal y terrorífico acantilado, el de la memoria, lo único que nos hace reales en este mundo.

 

@NoeliaMarBo

Noelia Martínez

Lectora que escribe sus percepciones. Amante del lenguaje y sus posibilidades. Colaboro en http://Literariedad.co escribiendo la columna Gotas Amargas.

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