Poemas de Luriel Lavista

Danza objetual

 

tomas asiento junto a mí

mientras por décima vez limpias tu rostro trasnochado

esa llama que cae cerca de nuestros pies

agita a los insectos del vaso

te despejas la frente que cubre tu cabello rojizo

y sirves más licor de caña

 

me ofreces mi cigarrillo

nuevamente hablas del orgullo que te arropa

de los lugares habitados de tu melancolía

esos sitios polvorientos

en que nada crece ni anda

como lo fue nuestra vida

 

me hablas de la necedad infranqueable

asocias la miseria y la muerte con la suerte

admiras el andar del perro flaco

que recogiste un invierno parecido a este

manoteas el aire templado de mi fumarola

te apoyas en la silla y resoplas

 

me quitas la mano que descubre lo indivisible

después tu rostro se endurece

repites el denuesto dirigido a mi ausencia

golpeas mi pálido rostro después de mirarlo

y preguntas por la cicatriz de mi ceja

mientras escupo mi nombre que trazaste en la tierra

 

me dices que terminaste por enterrar mi imagen

que perdiste la boleta de empeño de la sortija que te di

que en todas tus noches me deseaste la muerte

que arrojaste mis ropas al canal

que interrumpiste tu embarazo

que nunca supiste donde buscarme

 

tu amiga se despierta y te lleva hacia la casa

casi al llegar a la entrada me dice que me largue

busco el encendedor en el suelo

me guardo la cajetilla de tabaco

traspaso todo el licor en la botella de refresco

pienso que hasta ahora no he sabido regresar a tiempo

 

 

El respiradero

 

estoy bebiendo afuera de la estación Jamaica

todavía es temprano para partir

aun cambia la luz de los semáforos,

pero esta es la única manera de encontrar

algún asiento en el vagón,

millones de horrores

se han movido por aquí

pero el cansancio es suficiente

como para dejar de abrir los ojos

sin que uno recuerde nada

ni los rostros de aquellos niños

harapientos y serios

que deambulan

en la larga línea de la estación

agarrados de sus manos

a la mujer desesperada

que pega de gritos

pidiendo ayuda para recuperarse

de una múltiple enfermedad,

un padre arrojándose de espaldas a los vidrios

mientras pide una moneda

que no obtiene al final de la puerta

 

acaba de verme el vigilante

regar el níspero sin fruto

también esta cansado

y disimula no verme

se queda frente al torniquete

gestionando su celular

no importa es pura urea, me digo

volteando hacia la avenida mientras fumo,

así estamos todos

alejados de aquí

soportando hasta la ultima noche

que transcurre pesadamente

por nuestra fría mente

entre el líquido de nuestros huesos

esa cosa que llaman descanso nos espera,

sigo pensado en Laura García del Castaño

y en su trabajo en la funeraria

mientras se me acalambran los pies

al estirarme en la ennegrecida jardinera

 

me limpio el rostro con el licor de caña

que se alcanzó a derramar

dejo que termine de hundirse en el cemento

pero se evapora en mis manos,

he estado durante todo el día entre los autos

y apenas me explota la borrachera

supongo que el peligro lo consume todo

como si perteneciera a nuestra sangre,

termino con un largo trago de mirar el desesperante cielo

volteo de lado a lado

una carcajada se aleja

enciendo un toque y comienzo a caminar

se me ocurre dormir en el mercado

entre los pétalos de las flores marchitas

y no atravesar esta ciudad

para ver si veo pasar algo

 

 

Sobresalto nocturno

 

hoy que solo es un decir

no consiguió ni un té

hecho de roídas hojas

que solo caen en invierno

esas que cubren las laminas de asbesto

de pequeñas construcciones

que están ladeándose todo el tiempo

como si fueran flores a punto de morir,

que no tienen ningún cimiento

solo la única necesidad de cubrirse

de esta polvareda

que no deja pasar la luz

ni las risas de los niños ventrudos

que juegan a esconder el gato muerto

en los cerros erosionados

que en algún tiempo

alimentaron el aire

y ahora han sido declarados

basureros municipales

 

tiene un trago amargo

traído de la farmacia

con indicaciones

que escapan a su entendimiento,

pececillos plateados

y termitas se sumergen

en la cabecera de su escondite

entre consumidos amaneceres

que dibuja su frente

amplia y marchita

quita el respiro

de la botella de plástico

arroja su cabeza

aun lado de los restos

que lo mantienen

aislado del cadáver

y comienza ese murmullo

roto en el cielo

que es mayor a cualquier plegaria,

a la desembocadura

de cualquier grieta

que serpentea

y desconfigura el agua verde

estancada de la lluvia

 

 

Sin prisa

    A Teresa

 

entre esta tierra y el azar

se acerca el atardecer

y despacio nos guía la soledad

rodeando la pendiente

uniendo nuestros miedos

dolores y el pasado

 

en finas líneas

que solo el sueño puede dar

cubiertas por un prolongado frío

y silencioso tiempo

días y meses te he descrito

entre la gran humanidad

llena de banalidad y ruina

 

platicándole a la absurda caminata

imágenes que tuercen

y desplazan la luz

que no reconoce rostros

 

no he pensado dejarte

aun me aleje de tus pasajeros días,

se de lo que no es para siempre

somos lo suficiente para recordarnos si no es así

siempre habrá tiempo para comenzar

 

 

 

 

 

Luriel Lavista: (México, 1990). Autodidacta, Dibujante ocasional y Lavacoches. Gusta de la Música Concreta. Ha publicado en las revistas: Molino de Letras, Vómito de Letras, ERRR-Magazine, Factum,  El Humo,  Círculo de Poesía, Revista Miseria, The Ofi Press Magazine, Otro Páramo. En los espacios Digo.Palabra.txt,  La Rabia del Axolotl, y en Cronopio.MX

 

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.