Modigliani: Un lenguaje propio

Por: Carolina Salazar
[Desnudo echado con los brazos abiertos 1917 óleo sobre lienzo-colección privada]

 

“Quisiera que mi vida sea un torrente fértil que recorra la tierra con alegría. Soy rico, estoy lleno de ideas y sólo necesito trabajar. […] Un burgués me dijo hoy con la intención de insultarme que mi cerebro estaba siendo desperdiciado. Me hizo mucho bien. Todos deberíamos realizar un recordatorio como ese cada día.”

Fragmento de una carta a su amigo, el pintor Oscar Ghiglia, 1898

 

Cuando observo detenidamente una obra de arte, un lienzo o una pintura, por lo general aparece el nombre del pintor, las características del cuadro, técnica, estilo, tamaño y el movimiento al que pertenece. Siempre pertenece a algo. Y, de no ser así, la estructura social o el sistema lo ubica en un grupo, movimiento, institución o programa; es decir, lo clasifica, categoriza o tipifica. Siempre lo ingresa hacer parte de algo: de un orden, época o período. No puede estar por fuera del sistema. Incluso si está por fuera también lo clasifican. Tiene que pertenecer a “algo” en términos de La Cultura.

Amadeo Modigliani fue incluido en la Escuela de París[1] -a pesar de que nunca se inscribió en ningún movimiento y siempre trabajo en pro de un lenguaje propio; de que encontró su lenguaje en solitario-. Esta escuela, denominada así por André Warnod, reúne a un grupo de exiliados, inmigrantes no franceses que huyen de la guerra: Polacos, Españoles, Rusos, Italianos y Judíos; entre ellos Picasso, Modigliani, Kisling, Max Jacob, Marc Chagall, Tsuguharu Foujita y Chaim Soutine. Dicha categoría fue una manera de clasificar lo inclasificable en términos Estéticos y Artísticos.

A principios del siglo XX París era la ciudad cosmopolita por excelencia. Cansada de cuatro años de guerra, huérfanos, mutilados, desaparecidos, viudas y muertos producto de la guerra, quería olvidar su pasado y reivindicar el presente en términos de locura y excesos a través de la fiesta. Por eso, como una manera de eclipsar el pasado y cortar con su historial bélico, para olvidar el horror y contrarrestar la nostalgia, llamaron a ese período  La Belle Époque. París se convirtió en el epicentro de las Vanguardias o Ismos donde convergieron diferentes movimientos: futuristas, cubistas, impresionistas y simbolistas.

Se creó una atmósfera de liberación y excentricidad. Ese espíritu de cambio se expandió como el viento por sus calles, cafés, terrazas, bulevares y servía de escenario para la Vanguardia Artística que emergía de manera revolucionaria con diferentes protagonistas: científicos, andariegos, escritores, bailarinas, cantantes, escultores, pintores. Era el escenario perfecto para salir del anonimato y convertirse en Artista. No en vano Hemingway diría en su libro de memorias que París es una fiesta. Es decir, allá hay un Eidos Cultural (en la acepción Bourdiana del término) que se alimentará, aceptará y promoverá esa revolución Artística.

Con un espíritu aventurero que atraía como imán, llegó a ese París, en 1906, Modigliani, con su formación italiana -la cual empezó desde los catorce años en la academia de Arte de Liorna con Guglielmo Micheli,  siendo discípulo de Giovanni Facttori, que a su vez era el representante más conocido de los impresionistas italianos llamados “Macchiaioli”-, cuya aspiración Artística era plasmar en el lienzo fenómenos naturales mediante pequeñas manchas de color.

Hablar de Modigliani, además, es hablar del escultor frustrado, del artista enfermo sin éxito y reconocimiento, pero también del gran pintor y dibujante que fue.

Modigliani fue un gran apasionado de la historia del Arte italiano, realizó un análisis de la tradición artístico-histórica -especialmente de los maestros del trecento (veneciano carpacio) y quattrocento- donde descubrió formas llenas de belleza y armonía y sentó las bases de su posterior evolución Artística. Este conocimiento apasionado de los maestros renacentistas influyó de manera significativa en el estilo que desarrolló a lo largo de su pintura, y le ayudó a encontrar su lenguaje pictórico único, propio y apasionado. Modigliani también realizó estudios en Venecia en la Scuola libera di nudo que marcarán su admiración y fascinación por el cuerpo humano.

Este conocimiento histórico del Arte se complementó con la experiencia visual en términos de técnica, volumen, color, perspectiva, y contacto con los maestros de la vanguardia a quien admiró: Cézanne, Picasso, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Munch, Constantin Brancusi, y Georges Braque.

Confieso que mi primer encuentro con el lenguaje pictórico de Modigliani fue con la obra Retrato de una mujer con corbata negra. De inmediato quede fascinada por esa pintura; ejercía un magnetismo especial, una especie de empatía emocional y reflexiva.

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Retrato de una mujer con corbata negra 1917 -óleo sobre lienzo, Tokio colección fujikawa Galleries

“Las figuras de Cézanne, al igual que las estatuas más bellas de la antigüedad no miran. Las mías sin embargo, lo hacen. Sus pupilas ven, aunque no las haya pintado, pero al igual que los personajes de Cézanne no quieren expresar mas que una afirmación muda de la vida” (Krystof, 2000)

Llamó profundamente mi atención las cuencas de sus ojos, la ausencia de iris y pupila en la pintura, su distante melancolía, la introspección, la calma, es decir, sus cualidades estéticas, estilización de la figura, ausencia de tiempo y espacio, la intensidad en los trazos de las líneas, los rostros ovalados sumidos en una gran tristeza, la construcción del volumen a través del color (claro-oscuro) y la figura (influencia significativa de Cézanne). Una pintura, a mi modo de ver, capaz de recrear sentimientos: melancolía, vacío, serenidad. Una pintura de la esencia, la sensación y el sentimiento.

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La Criada 1916: óleo- sobre lienzo. Kunsthaus -Zürich

Este, en cambio, retrata la humilde existencia de una trabajadora con gran sobriedad. Las tonalidades frías aumentan la expresión de resignación y tristeza. Aquí se evidencia la vinculación con los maestros renacentistas que admiraba y donde no hay contenido expresivo.

“Cuando conozca tu alma pintaré tus ojos” (Obras Maestras , 2005)

 

Uno identifica que en su pintura hay una fuerte influencia del simbolismo[2] o la Estética simbolista, cuyos protagonistas son el símbolo, la metáfora y la comparación. Los simbolistas consideraban los ojos como la ventana del alma, porque juegan un papel decisivo en la forma de concebir el mundo, poseen la cualidad de observar hacia el interior y hacia el exterior, son un puente que conecta la subjetividad con la objetividad, la exterioridad del mundo con el nivel ontológico del hombre; se convierten en umbrales, en puentes de comunicación entre el mundo objetivado racional, tecnificado, cuantificado y el mundo de las ideas, la imaginación, los sueños y la espiritualidad. Considero que su pintura es un diálogo entre el mundo objetivo y subjetivo del hombre.

Sus retratos son de una gran profundidad psicológica, poseen la capacidad de eternizar un instante a través de la sencillez de sus líneas, fijarlo en la historia, grabarlo en la memoria del espectador. Configura a través de la delicadeza de los trazos un lenguaje de la subjetividad humana, de otro nivel. Cada retrato sublima el estado mental: nostalgia, incertidumbre, desamparo, dolor del personaje que retrata,…. Su pintura oscila entre la pasión y el dolor; y el pintor parece estar hechizado por el alma humana.

Por otra parte, Modigliani era un gran amante de la poesía y esta influencia literaria jugó un papel muy significativo en su obra. Recitaba de memoria a Dante y Petrarca, los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont. También tenía conocimientos literarios sobre Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, Nietzsche, Bergson, D´Annunzio, Spinoza y Shelley.

Esta atmósfera literaria de poetas provocadores revolucionarios y agitadores sociales empezó a minar las bases del conocimiento del siglo XX, medible, cuantificable, positivista y cientifista. Puso de manifiesto la crisis del hombre moderno, la soledad, la angustia y la desesperanza en la que vivía. Modigliani fue un gran lector de su tiempo, un visionario, y esa lectura se refleja en su pintura: Una gran reflexión sobre el ser humano y su lugar en el mundo. Una pintura que quiere captar la esencia, la sensación más que la apariencia misma del modelo que retrata. Esta sería una de las razones por las cuales Modigliani pintaba retratos en una sola sección: de esta manera entablaba una empatía emocional con el modelo.

Para pintar, primero debo conocer tu alma” (Krystof, 2000)

El París de Modigliani es un París de contradicciones. Es allí donde mejor se evidencia la crisis del hombre moderno: por un lado el epicentro de las vanguardias el de Montmartre y Montparnasse, el que Henry Miller llamaría el ombligo del mundo: y por otro lado el París de la periferia, el de los inmigrantes, desarraigados, pobres, desdichados y olvidados: el de Charles Baudelaire.

Modigliani retrata el hombre de ese París de Baudelaire y los poetas malditos. Esa ciudad donde confluye la degradación humana poblada por una muchedumbre donde la individualidad se diluye en lo colectivo e impersonal. Esa ciudad que olvida y anula a los débiles o marginados: ancianos, mendigos, ciegos, locos, fuera de la ley, que viven al margen de la Cultura.

Su obra desafía esa idea de felicidad y progreso que venden algunas ciudades que por derecho propio le niegan la desdicha al ser humano. Es decir, si estás en París o New York o en cualquier otra metrópoli del primer mundo, debes ser “feliz”. Y su obra ataca ese ideal de vida y lo contrasta con la desgarradora realidad.

Sus retratos trazan el itinerario de un yo que oscila entre dos polos: “el dolor, la amargura y la conciencia de la miseria de la condición humana, y la aspiración hacia una esfera superior, espiritual, que trascienda todo esto, la angustia existencial provocada por la desoladora visión del mundo y especialmente por la acción del tiempo, que todo lo destruye”.

 El siglo XX propendió por la cosificación del hombre -como lo llamaría Sábato-, o la instrumentalización de él -en términos de Marx-, al servicio de la tecnología, la ciencia y la guerra. La realidad se veía erosionada por la filosofía, el psicoanálisis, la pintura y la poesía ya que dejan al descubierto la alienación del hombre moderno, los vacíos, la crisis existencial y la pregunta por el yo. La búsqueda del Ser era una constante. Había una inclinación hacia lo sobrenatural, místico, oculto, lo que no se veía, hacia el mundo de las sombras. Trataba de exteriorizar una idea y analizar el yo en sus profundidades psicológicas en la dimensión onírica y sexual.

Modigliani va a esencializar esa angustia en su pintura. Como un medio de exorcizar el dolor, el abandono, la miseria, la enfermedad y la falta de éxito, su pintura será una denuncia, amplificará ese vacío en el que viven muchos seres humanos, será un retrato de su propio dolor. Un pintor con una gran sensibilidad hacia la desgracia humana: la vida es un regalo: de los pocos a los muchos; de los que saben y tienen a los que ni saben ni tienen”. No en vano sus retratos son de sus amigos en la desgracia, mendigos, criadas, campesinos, prostitutas que comparten con el un aire de desamparo, seres anónimos en un parís desbordante de protagonismo.

Su pintura va a plasmar ese hombre moderno, el de las liminalidades (Turner , 1969), droga, hachís, vino, noche, sexo, excesos, oscuridad, el hombre que vive en la tragedia. El hombre que hace parte del subsuelo de los parisinos y a partir de ese retrato proporciona un conocimiento de otro nivel: el del inconsciente del hombre.

El cuerpo va hacer el principal instrumento de emancipación de ese racionalismo moderno, el cuerpo se libera, se exhibe, se muestra, el cuerpo se convierte en instrumento de placer, goce, deleite y admiración. Será retratado, fotografiado y esculpido. Es precisamente el cuerpo el que subvertirá el ethos de la época, es el cuerpo el lugar donde mejor se puede leer la liberación de los parisinos. Ese cuerpo será retrato por Modigliani dentro de esa gran reflexión de la figura humana que fue su obra

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Desnudo sentado 1916 -Óleo sobre lienzo. Localización: Courtauld Institute Galleries. Londres

“Lo que busco no es la realidad ni la irrealidad, sino lo inconsciente, el misterio de lo instintivo en la raza humana” (Salmon, 1962)

Sus desnudos son una especie de arquetipo de la mujer moderna que se libera de los prejuicios moralizantes de la época y proyecta la emancipación de las mujeres. La desviste, la despoja de la carga de pureza y sometimiento, rompe con el esquema de percepción que se tiene del cuerpo femenino, no dibuja el cuerpo ideal, el que ha sido legitimado por la historia. El pintor corta en cada pincelada la distancia entre el cuerpo real y el cuerpo ideal: el cuerpo real es voluptuoso y cargado de sensualidad.

El cuerpo de la mujer se sublima en su pintura, ese cuerpo es una poética de la melancolía, una lírica de la subjetividad humana, un cuerpo atravesado por fuerzas eróticas y sensuales, en una atmósfera mágica y enigmática, que invita al espectador a recorrerlo, apreciarlo, contemplarlo, amarlo y desearlo en una conversación muda, en un dialogo entre sus líneas y las nuestras.

 


Textos consultados

Durozoi, G. (2007). Diccionario Akal del Arte del siglo XX . Madrid : Ediciones Akal, S.A.,.

Krystof, D. (2000). Modigliani . España : TASCHEN .

Obras Maestras . (2005). Modigliani. Barcelona: Ediciones Polígrafa, S.A.

Salmon, A. (1962). La vida apsionada de Modigliani . México: Editorial Herrero, S.A., .

Turner , V. (1969). El proceso ritual: Estructura y Antiestructura . Madrid : Taurus, Alfaguara, S.A. .

 

Webgrafia

http://www.arteespana.com/simbolismo.html {Fecha de consulta 07-05-2016 hora 9:36 pm}

https://www.youtube.com/watch?v=1hoApYpwz3g {Fecha de consulta 01-05-2016 hora 8:31 pm}

https://www.youtube.com/watch?v=QmaE3KtvgPc Fecha de consulta 03-05-2016 hora 7:35 pm}

http://www.modigliani-foundation.org/ Fecha de consulta 02-05-2016 hora 10:32 pm}

 

http://www.zeek.net/art_0408.shtml Fecha de consulta 07-05-2016 hora 9:36 pm}

 

Carolina Salazar Echavarría

Antropóloga

Universidad de Caldas

@karoanthropos

 


[1] Expresión empleada por primera vez por André Warnod en 1920 en comedia designa una comunidad de artistas (la mayoría extranjeros) que se agrupaban en Montmartre y Montparnasse (La ruche). (Durozoi, 2007, pág. 213)

[2] El Simbolismo es un movimiento literario y de artes plásticas que se originó en Francia en la década de 1880, paralelo al post-impresionismo, y que surgió como reacción al enfoque realista implícito en el Impresionismo. Tanto el Impresionismo, como el idealismo y el naturalismo académico se habían identificado con los problemas contemporáneos, políticos, morales e intelectuales. http://www.arteespana.com/simbolismo.html {Fecha de consulta 08-05-2016 hora 10:00 pm}

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

2 comentarios sobre “Modigliani: Un lenguaje propio

  1. Muy buen escrito. Mezcla de gran forma el sentir de un artista con la realidad de una época cargada de esperanza pero a la vez de injusticias.

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