Poemas de Jorge Palma

PARAFERNALIA

 

Esta mañana no me he

puesto las orejas

sin embargo

me aturde el mundo,

su multitud de sillas

maniatadas

sus colapsos en la bolsa

ese chirriar de dientes

entre zapatos nuevos

y billetes.

 

Pienso, con insistencia de toro:

¿De qué lado de la vida

quedó la vida?

 

La piel de leopardo

se cotiza en el mercado

al precio de un diamante.

 

Por el tobogán de fuego

se deslizan los besos apasionados

de los amantes

cayendo en desventaja sideral

con los días fríos que deambulan

sin patria

por las ciudades crispadas

repletas de escombro.

 

Ya nadie silba por las calles.

Y parece vergonzoso añorar

el cielo azul en calma

el sonido amarillo del trigo

el movimiento del agua

en círculos perfectos

cuando una piedra

es lanzada por un niño

desde la ventana iluminada de su cuarto.

La paloma que regresa

a la mesa puesta

trae en su pico ensangrentado

una cachetada del mundo.

 

Cómo puedo saber de qué lado

vendrá la muerte.

 

He aquí el mar


el mar donde viene a estrellarse

el olor de las ciudades

V. Huidobro

 

EL NACIMIENTO DE LA LUNA

 

Es negro el cielo

y las camisas

tendidas de un alambre

se arruinan

con este malestar

de pompas fúnebres.

 

En esta mañana inverosímil

(la mitad del cielo

llora a mares, en la otra

cantan dos soles, como jilgueros)

subo un escalón

me reincorporo.

 

Pesa en mi bolsillo izquierdo

un castor

y respira, debajo de mis ojos

una mañana limpia

de espaldas al alquitrán

derramado en los estuarios.

Me recompongo mirando el mar

partido como tengo el cuerpo

en siete partes desiguales.

 

La luna se pasea nerviosa

fumando por los pasillos

del océano.

 

Las ciudades de amianto

resplandecen como cirios

en las manos crispadas

de los muertos.

 

Y yo espero.

 

Si fuera fuego, quemaría el mundo;

si fuera viento, lo arrasaría;


si fuera agua, lo ahogaría;


si fuera Dios, lo hundiría.

Cecco Angiolieri (1260 -1313)

Y escucho con mis ojos a los muertos

F. Quevedo.

 

 

LOS AHOGADOS.

Hay un muerto en lo alto

del cielo que no puede salir

ni zapatear a gusto porque

afuera llueve

y todo se inunda.

 

Por eso se toca la frente

la papada, la barba de tres días

y camina en círculos alrededor

de su ataúd, mirando de reojo

el traje azul de alpaca

sin pestañear

porque afuera llueve y todo

se inunda debajo del cielo.

 

Y los ahogados ven pasar

el agua oscura hacia el fondo

inalcanzable de un rojo atardecer

y se inclinan, se ponen

de costado para oír

y se van a pique

porque abajo aúllan los perros

donde nace el lodazal.

 

¿Y si fuera viento

y lo arrasara;

y si fuera fuego

y lo quemara todo?,

se pregunta alguien

a instancia del cielo

a instancia de los muertos.

 

Pero yo escucho a los muertos

cantar hasta la madrugada

y a los ahogados del último

reino chapotear con el alma

en los brazos, aullando

de un lado al otro del cielo.

 

¿Y si fuera viento

y lo arrasara;

y si fuera fuego

y todo ardiera?,

se pregunta el poeta.

 

A instancia de los perros

que aúllan y los huesos

a instancia de la luz

y todos los muertos

de este mundo

que no pueden salir

ni zapatear a gusto

ni castañuelas

porque afuera llueve con furia

y todo se inunda.

 

PROCEDIMIENTOS

 

Según andan las cosas

todo va de mal en peor.

Esto es: a cuánto se cotiza

en el mercado del aire

la pluma de ángel,

el mercurio, la soda cáustica

con que sepultan a los ríos.

 

La tierra tiembla a las siete

menos cuarto, quince minutos

antes de que el jefe

de rienda suelta al subalterno

y comience a enloquecer de hastío

en las autopistas obstruidas

donde la luna parpadea atónita

por las consecuencias nefastas

del bajísimo salario.

 

Qué dirán los industriales

con almidón en las solapas

cuando los teléfonos

enloquezcan a la media noche

porque las uvas

se han petrificado al unísono

en los parrales del mundo

y las acciones en la bolsa

se han convertido

en polvo de estrellas.

 

 

Del rojo al verde
se muere el amarillo

  1. Apollinaire

 

 

UN RIO ANCHO CON SABOR A OTOÑO

 

Tú que tienes la precisión

prendida en la solapa:

¿a cuánto estamos hoy?

 

El olor de la tierra húmeda

trae en los bolsillos

noticias del mundo:

del rojo al verde

se muere el amarillo;

de mi casa al mercado

se mueren los niños

en el desierto.

 

Los noticieros hablan

de la guerra

y el cielo avanza.

Los noticieros hablan

de tormentas de arena

en el desierto

y los pájaros emigran en mi cielo de otoño.

 

Mientras enciendo un cigarrillo

mientras la ropa

se seca al sol

se mueren los niños

en el desierto.

 

Del rojo al verde

se muere el amarillo.

 

Y las casas son abandonadas

por sus dueños,

y las viudas dejan flores

en la mitad de las camas

y se marchan,

se cubren la piel

con sus trapos de viuda

con sus pañuelos de luto

con sus ropas de humo

y caminan

por el borde del cielo

y caminan por las orillas

del mundo.

 

En mi patio con macetas

caen flores del cielo

y caen también

pájaros atravesados

por el sonido de la guerra,

y se despiertan las madres

bajo otro cielo

y en los mercados

las frutas, los pescados,

los pregones, no tienen

sonidos de luto,

ni hay viudas huyendo

a las fronteras

ni hay temblores de tierra

ni nadie sacude vidrio molido

de las mantas

ni los curas barren los escombros

de las catedrales y las iglesias

ni en mi cielo de otoño

contemplo esta mañana

la inmensa peregrinación

de ataúdes y pañuelos

que en algún lugar del mundo

se desatan; el polvo, la arena,

el desierto abrasador,

donde dicen estuvo el Paraíso

el Paraíso anhelado

a punto de perderse,

donde un niño sueña todavía

que tiene brazos

una familia, y sus piernas

inquietas de doce años

corren por las inmensas

arenas y salta, busca

nubes, desafía las leyes

de la física, soñando

por las tierras de Ur

a la sombra monumental

de las ruinas de Babilonia.

 

Del rojo al verde

se muere el amarillo.

 

Entre tu pecho

y el mío

se muere el amarillo.

Entre tus alas y mi sueño

se muere el amarillo.

 

Entre tus piernas

y las mías

se muere el otoño,

a cuatro metros del cielo

por venir

a cuatro gotas de lluvia

o de rocío

a tres días de un disparo

demoledor y ciego

a dos minutos de la gloria

o el fracaso

a un segundo que aguarda

goteando el alba

tu boca de luz

tu llama

para contrarrestar acaso

ese grito que vuela incesante

entre dos ríos que llevan

la muerte

ese aullido que cruza el cielo

las tormentas el calor

un grito que cruza

el desierto, tu pecho

tu morada

y golpea como un puño

de acero

las ventanas de mi cuarto,

aquí, en mi pequeño cielo

de otoño,

demasiado lejos

de los hombres recién rasurados

que no volverán a sus casas,

de las mujeres

que conversan en la puerta

de un mercado

sin saber que esa noche

dormirán con la muerte;

de los que cantaron

en las duchas

por última vez, hermosas

canciones de veinte siglos,

y no supieron nunca

de nosotros y este río

ni del nombre del río

que nos nombra y atraviesa

con su mansa identidad.

 

Aquí en el Sur,

donde envejecemos

mirando los ponientes.


 

Jorge Palma. Poeta y narrador, nacido en la ciudad de Montevideo, Uruguay, el 24 de Abril de 1961. Periodista cultural, divulgador. Se ha desempeñado durante años en diferentes medios de prensa oral y escrita. Ha coordinado y dirigido talleres de literatura y de creación (escritura narrativa y poesía).
En poesía ha publicado “Entre el viento y la sombra” (Banda Oriental, 1989), “El olvido” (Ediciones Trilce, 1990), “La vía láctea” (Ediciones Trilce, 2006), “Diarios del cielo” (Ediciones Trilce, 2006) y “Lugar de las utopías” (Ediciones Trilce, 2007). El poema “La destrucción de la sangre” fue incluido en la antología Aldea poética (selección de poesía inédita de 29 países, publicada por la Editorial Opera Prima, Madrid, 1997).
Su poesía está traducida al inglés, francés, italiano, alemán, árabe, macedonio, rumano y húngaro. Se destacan las traducciones al inglés publicadas por Shearsman Books de Londres, al alemán por Akzente de Munich y al árabe por Al-Ayyam (Ramallah) de Palestina. También se han editado poemas suyos en revistas virtuales como Letralia de Venezuela, Periódico de Poesía de la Universidad Autónoma de México, Arabic Nadwah de Hong Kong, Writestuff de Nigeria, Cinosargo de Chile, 400 Elefantes de Nicaragua, Lucreziana 2008 de Italia y Poesía Salvaje.
Es autor del libro de cuentos, “Paraísos artificiales” (Ediciones Trilce, 1990). El cuento “Alguien respira en la sombra” integró la antología La cara oculta de la luna, Narradores jóvenes del Uruguay (Linardi Risso, 1996).
Ha participado como invitado al 14° Festival Internacional de Poesía de La Habana (Cuba), al 48° Struga Poetry Evenings (Macedonia), VI Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua) y 14o Poetry Africa (Sudáfrica).

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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