¿Por qué deberíamos ver películas malas?

Por: Jhon James Gutiérrez

 

Alguna vez escuché ese decir de que “la vida es muy corta como para ver películas malas”, y aunque entiendo el malestar y la frustración que puede surgir tras visionar una bazofia, no puedo estar más en desacuerdo con esa frase. Ver filmes horrorosos, mal hechos y, en algunos casos, involuntariamente graciosos, no deberían ser meramente eventualidades a las que cualquiera se enfrenta cuando consume cine sino que deberían ser una necesidad, un acto común y voluntario que no sea rechazado tanto por cinéfilos como por espectadores casuales.

Y es comprensible que evitemos a toda costa las malas producciones, ya sea por la recomendación de un amigo, por la guía de algún reseñista o porque las páginas web sobre cine le dan una baja calificación a la película que nos interesa ver. Sin embargo, existen motivos para contagiarse de mal cine y no cerrarle las puertas a las oportunidades que éste nos brinda. Las siguientes son algunas de las razones por las que deberíamos animarnos a devorar cine basura.

 

  1. La importancia del criterio propio

No obstante existen películas que bajo un consenso general son consideradas como malas, el juzgar si una obra fue buena o no termina siendo, en gran parte, un acto subjetivo. El caso reciente de Batman v Superman: Dawn of Justice lo demuestra. Los críticos se dividieron, los fans también. Algunos dicen que sólo los seguidores del cómic gustarán de la adaptación de Zack Snyder, otros dicen que ni conociendo el material de origen se disfruta la película. Unos aplauden el estilo, otros lo condenan. Aparecen memes que defienden la obra, otros que se burlan de los aspectos más negativos de ella.

El punto es el siguiente: supongamos que yo, sin haber visto el film, me dirijo a Rotten Tomatoes y me fijo en que éste apenas tiene un 27% en el ‘tomatómetro’. Eso es más que suficiente para ser considerado un filme malísimo. Gracias a ese puntaje, ignoro la película, no la veo y pierdo la oportunidad de encontrarme con algo que, posiblemente, me hubiese gustado mucho. De todos modos, así no me gustase, perdí una oportunidad aún más grande: tener una opinión propia sin importar el consenso general. Hay que ver para juzgar.

P1

  1. Las películas malas abren la mente

Un problema muy común que ocurre con el cinéfilo promedio es que cuando traspasa las barreras del cine mainstream y nombres como Werner Herzog, Andréi Tarkovsky e Ingmar Bergman se vuelven parte de su léxico rutinario, se convierte en un elitista que se dedica a visionar sola y únicamente obras maestras mientras despotrica del cine comercial de Hollywood y de las películas de superhéroes a la vez que un manto de superioridad lo hace creer que puede definir qué es “verdadero cine” y qué no, una etiqueta que, por cierto, encuentro odiosa (si quieren saber con mayor especificidad a qué me refiero, busquen algún video de Alejandro Jodorowsky hablando de cine). Sí, es muy bueno ver obras que son capaces de llegar a la perfección, es grandioso contemplar la poesía visual de los directores de arte y ensayo, pero en el cine hay mucho más que eso.

Al ver películas malas y ser capaces de soportarlas procurando encontrar sus virtudes o reírnos de sus defectos, nuestra visión sobre el séptimo arte puede cambiar. Al aprender a tolerar filmes irrisorios y sacar el mayor provecho de ellos, también aprendemos a reconocer que existen otro tipo de narrativas, que no hay delito en disfrutar una película hecha para las masas del mismo modo en que disfrutamos del cine más artístico y que incluso en lo peor, puede haber algo rescatable. No todos disfrutamos el mismo cine pero hay una película mala hecha para cada uno de nosotros. Y tras contagiarnos un poco del espíritu cinéfago, sin duda tanto elitismo que sólo provoca divisiones absurdas y pensamientos cerrados que impiden conocer mucho más de lo que ya tenemos en nuestra cabeza será lentamente eliminado.

P2

  1. Un aprendizaje particular

Lo que no hacen miles de libros sobre lenguaje audiovisual ni cientos de magnum opus, lo hacen las peores películas de la historia y es enseñarnos lo que no deberíamos hacer cuando producimos cine. Y esto es algo que no sólo sirve para quienes sueñan con ser cineastas, sino también para todo el que le interese tener una comprensión general de los elementos que conforman una película.

Esto se relaciona con el hecho de que es mucho más fácil desglosar y analizar a fondo una mala película que una buena. Uno podría agarrar Blade Runner —considerada una de las mejores películas de la historia—, pasar horas y horas tratando de encontrar lo que la hace majestuosa y al hallar algo pensar “voy a tener en cuenta este elemento para realizar así mi película”. Pero a menos de que seamos Ridley Scott, lo más posible es que no logremos ese nivel de grandeza. En cambio, si nos detenemos a analizar una genialidad del cine basura como The Room, sus gravísimos errores de guion salen a flote en el primer visionado y proponerse no crear los diálogos anti-naturales ni las subtramas inconclusas que Tommy Wiseau escribió, suena a una meta básica y elemental mucho más realizable. De igual modo, para quien sólo esté interesado en aprender acerca de cine, The Room es un manual básico sobre guion así como Birdemic: Shock and Terror lo es sobre efectos especiales, como Battlefield Earth lo es sobre cinematografía, como Manos: The Hands of Fate lo es sobre cualquier valor de producción, y así podríamos seguir. Cada película mala deja un aprendizaje nuevo.

P3

  1. Fuente de inspiración

Las películas malas pueden inspirar. Ya sea porque alguien siente que es capaz de recoger las mejores ideas de un film y hacer un trabajo más sólido que el que acaba de ver o porque todo fue tan terrible hasta el punto de pensar que si los creadores fueron tan valientes de hacer y mostrar una obra tan espantosa, ¿por qué los demás mortales no pueden animarse a crear algo que incluso puede ser más decente?

El más famoso ejemplo de esto es el aclamado director Quentin Tarantino, quien toma inspiración de películas de explotación y clase B antiguas para crear producciones mucho más elaboradas realizando una mixtura de géneros que sólo un cinéfago como él sabe combinar. Aunque las ideas de Tarantino no sólo provienen de dichos filmes, una buena parte de su estilo se encuentra influenciado por éstos. Otro caso es el del Mumblegore, un movimiento originado en Los Angeles que surge a partir de la unión del mumblecore (un subgénero en el que se producen películas con micro-presupuestos que giran en torno a las relaciones personales de adultos jóvenes utilizando actuaciones y diálogos naturales e improvisados) con el terror y cuyos cineastas han utilizado muchas de las premisas del horror setentero y ochentero, tanto de películas buenas como malas, para llevar a cabo sus propias historias.

P4

  1. Un tipo de diversión que ningún otro tipo de cine ofrece

No todas las películas malas son divertidas, evidentemente. Sin embargo, en el tiempo indicado, con el ánimo correcto y siendo conscientes de la manera en la que se deben visionar, éstas pueden ser incluso mucho más entretenidas que cualquier obra maestra.

Tomemos el caso de las películas de acción de los 80s y de los 90s protagonizadas por iconos como Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme, Sylvester Stallone, Steven Seagal y un largo etcétera. No son precisamente buenas en toda regla, ninguno de estos actores es un maestro de la dramaturgia y la cursilería siempre va de la mano con la testosterona. Todos podríamos quedarnos hablando sobre los defectos de dichas cintas pero son tan ridículamente divertidas que es preferible ignorar sus fallas y gozar con el cóctel de one-liners, villanos caricaturescos y festín de balas o de kung-fu que se nos ofrece. Y no hay que retroceder mucho en el tiempo para ver esto ya que una fórmula similar la poseen producciones más recientes como las películas producidas por Luc Besson o las primeras entregas de la saga Fast and Furious.

P5

Asimismo, existe otro tipo de cine malo que divierte en cantidades enormes: el tan malo que es bueno; películas que hechas bajo toda seriedad e ingenuidad del creador han resultado ser un fiasco en todos sus aspectos y ahora sirven para hacernos reír con sus obvias y notables fallas. En esta categoría no entran filmes como Machete o el famoso mediometraje Kung Fury puesto que ambos están conscientes de su intencionalidad y son homenajes al cine de clase B. Aquí me refiero a películas como Troll 2, el remake de The Wicker Man o a las que mencioné al final del tercer punto. Todas son tan horribles que terminan entreteniendo y brindando diversión a su manera. Con merecida razón son películas de culto.

Sin alargarme más, sólo me queda decirles: anímense. Intencionalmente, vean algo espantoso y sáquenle el mayor provecho. Y la próxima vez que vayan a cine, que estén en Netflix o que bajen un torrent, procuren decantarse por la opción que aparente ser una basura y no por la que todos recomiendan. Como dice John Waters, el Papa del cine trash, “sácale más provecho a la vida. Ve a ver una película jodida”.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s