Un milagrito para la negra Alarcón

Por: Juliana Monroy

La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve

Hebreos 11: 1

 

Ajá, cúchalo, aquí ‘onde vivo me ‘icen la negra Aladcón. To’ saben de mí en ep’pueblo pocque la virgen se me apareció hace unojañoh. A Dioj graciah siempre he sio muy religiosa, católica, apojtólica y romana, como me enseñaron miamá y mi abuela. Bueno, pero éche yo lejtaba era contando cómo jue que se me apareció la virgen y cómo, graciah a su milagrosa presencia, pasé a séh una vieja májodvidaá en una ejquina cualquiera eljmundo, a una celebridá nacional.

 

I. La negra

Un domingo podla tadde ejtábamo’ el negro, los nieto’ y mi pedsona sentaos en el patio reposando el almuedzo. Loj páppadoj se me cerraban. Yo ejtaba sentá mirando en diretción ad tadnque del agua que tenemoj en una ejquina éd patio. Mediododmía puse la vijta en el tadnque, y entonceh la vi. Un dejtello de lúj se posó sobre lo que ante’ me parecía una simple mancha mojosa. Era ella: ¡la madre de Dio’! La súbita aparición me sobresadtó, me levanté e’la silla y dejperté al negro, ‘iciéndole, mirá, mirá, negro, allá ejtá la virgen. Ed negro abrió lo’jojo con cara é ejpanto y miró en la diretción hacia la que mi deo apuntaba. Se frotaba lo’jojo y repetía una y otra ve’: no la veo. Yo le ‘ecía, pero ajá negro ahíjtá. Al fin ed negro la vio, y enseguidita noj pusimo’ a rezá ed sadntísimo rosario.

 

II. El negro

¡Éche!, pa’ ‘ecí veddá’ hajta que comenzamo’ a rezá el rosario yo no vi ninguna virgen, pero no me gujdta llevale la contraria a la negra pocque se pone como un tote. Ella ‘ijo negro vamo a rezá ed rosario y yo le ‘ije bueno mami vamo a rezá. Apenita empecé a rezá ahí sí la vi claritica. Y me ‘ije pamijadentro, negro, tiene’ que creedle má’ a la negra, Diosito te va a cajtigá’ por tu incredulidá’. La negra ejuna santa: reza to’a laj mañana’ con esa devoción que parece e’niña chiquitica y yo me quedo mirándola arrodillá con su rijtra en laj mano’ ‘iciendo un poco e’ vece’ “Ave María llena erej de gracia…”, y creo que Diosito y la virgen la quieren y la cuidan pocque éj reajlmente piadosa. Unoj díaj antecito e’que la virgencita se nojapareciera, la negra me’ijo, negro, yo me moriría tranquila si me concedieran un milagrito, y yo le ‘ije cuál negra, y ella me ‘ijo que mi pedsona no sea odvidá.

 

III. Los nietos

Ejtabamo’ dudmiendo lo máj’bueno cuando empezamo’ a oí un sonsonete que noj despedtó. Eran loj viejo’ que ejtaban acurrucao’d adlao ed tadnque. Yo le ‘ije a Raulito, mirálo’ qué raro lo quej’tan haciendo, vamo’ a vé quéj la joda. Juimono’ corriendo hajta onde ello’ ejtaban y apenita’ llegamo’ le pregunté qué pasa abuela, ella ‘ijo: seno’japareció la virgen. Nojotro’ noj’ miramo’ y soltamo’ una risita. La abuela hacía garabato’ con ed deo en ed tadnque, pero nojotros no veíamo’ na’. Raulito y yo apretabamo’ lojojo’ a vé si así seno’japarecía, pero na’. Como no teníamo’ na’ que hacé también noj’arrodillamo’ y empezamo’ a repetí’ lo que loj’abuelo’ecían. La abuela se puso sonriente. Alomejo’ la tal virgen sí ejtaba ahí pocque la abuela ‘ice que mentí’ éjta mal y por eso ella mentira no ‘ice.

 

IV. La comae

Yo ejtaba dejcamando edpedscao cuando la pueddta se abrió. La Aladcón venía sonriente y midándome a lojojo’ me’ijo comae, se me apa’eció la virgen. ¡Mondá!, yo casi que suedto edpedscao ad’piso por la sodpresa. Me limpié laj’mano’, me santigué y le ‘ije comaita, vamoj’ puej’ a vedla. Cuando me acedqué ad tadnque ahí mijmito la vi. La santa mae tenía el niño en brazo’ y el santo velo le cubría la celedtial cabeza. Aladcón, recemo’ ed santo rosario, ‘ije arrodillándome. Cuando tedminamo’ ’e rezá le ‘ije a la negra que en mi casa tenía meia ’e ron para celebrá’ y la convidé pa’lla con ed negro. A la madrugá juimono a doddmí’. Esa noche la virgencita se me figuró en loj sueñoj y me’ijo que pod tené fe me sacaría ’e pobre, en ed sueño yo le ‘ecía Dioj’ la oiga madre, Dioj’ la oiga…

V. La fiebre del barrio

Toj’ vinimo’ a ve’ la virgen etcepto la vieja Bedjmude’, que nojejpiaba dejde la ventana é su casa, pero no se animaba a pasá’ pocque ella y la negra Aladcón se tenían renco’ dejde hace añoj y ya nadie se acoddaba pocqué.

Lajs’ tadde’ se pasaban ahora en la casa de la negra rezando ed rosario, cantando cancione’ mariana’, prendiendo velita’ y rogándole a la virgencita pop’ favore’ que cada uno enunciaba con receloso secreto. Ejtábamo’ inundao por un sentimiento é fe y piedá que hacía tiempo nojabía abandonao, nadie lo ‘ecía pero to’ed mundo lo pensaba: si la virgen se le había aparecio a semejante vieja, no era pocque ella tuviera na’ ejpecial, sino po’que quería bendecí con su presencia adpueblo entero, y eso significaba pa’nojotro’ una ejperanza, una ilusión.

 

VI. Los periodistas

La noticia de la aparición de la virgen en el norte del país se esparció como la pólvora. A los dos meses nos enviaron a entrevistar y a tomar fotos. La dueña de la casa donde ocurrió la aparición se sentía como una celebridad frente a las cámaras –pobre mujer, su acontecimiento no era para el país más que un burdo espectáculo con que ocultar las tristes noticias de una guerra perpetua–. El fenómeno había tomado tal magnitud que feligreses de todo el país llegaban hasta la casa de la sra. Alarcón para ofrecer sus plegarias y ofrendas a la madre de Jesús. La situación era ya de por sí extravagante, pero algo le dio un giro espectacular que multiplicó las ventas de los diarios y los precios de las fotografías:

Una tarde estábamos descansando sobre las hamacas, aburridos de la monotonía y el calor, la noticia estaba a punto de caducar, de perder su vigencia. Hablábamos de cualquier cosa, cuando de repente empezó a oírse un gran barullo que provenía de la casa de los Alarcón. Nos fuimos inmediatamente para allá y encontramos a dos mujeres insultándose y a punto de agarrarse de los cabellos: una era la sra. Alarcón, la otra una desconocida. La desconocida le gritaba a los cuatro vientos que toda la historia de la aparición de la virgen era un fraude. La noticia era una bomba de tinta amarilla. Otra larga semana de trabajo nos esperaba.

 

VII. La vieja Bedmúde’

¡Éche no joda, éjque me acueddo como si juera ayer’! Esa mugrosa de l’Aladdcón ya no sabía qué mondá inventadse pa’ ganá’ la atención ded barrio y quedá como una santa. Tonce’ jue cuando laj malaj’ lengua’ trajeron a lojoido mioj el rulo de que idque en su casucha se le había aparecio la virgencita santísima en un tadnque. Yo no le creí na’, pocque ajá, yo nací de noche pero no anoche, y obvio yo jui pa’ dejmentirla. Pocque éj que me conozco su’ adtimaña’ y sé lo bochinchera y lo picá’ que é.

Ese día salí de mi casa a la’ 7:00 de la mañanita, godpié en la pueddta de la casa de la Aladcón, y éche, ella mijmita me abrió. Me miró con cara mala y no ‘ijo na’. Tonce’ yo le ‘ije vengo a vé’ a la virgen, me ‘ijo bien pueda siga y me indicó poddónde pasá’, pero la bruja esa no me dirigió la palabra en to’el rato. Llegué ad tal tadnque y solo vi una mancha negra, con fondo ocre y brillo’ blanco’ que fordmaba un triángulo con su’ lao muy aladgao y su base’codta: no hay ninguna virgen le’ije. Ella se vino con carae bragre y me señaló con su deo el moho negro-ocre y me’ijo mira aquijtá. No hay na’ repetí, ntonce’ la negra esa arrebata’ me ‘ijo que me juera y yo me juí, pero ajá no me jui así no’má tranquilita, sino que salí gritándole a to’ed barrio: son unoj’ingenuo’, ejta víbora loja engañao, leja hecho creer lo que no edxiste, no ej máj que moho y ótxido lo que hay ahí, na’ má’ que moho y ótxido, na’ má’ que moho, na’ má’ que….

 

VIII. La cortina de humo

Para ser francos a nosotros lo que nos importaba era que nos pagaran el sueldo, no si la noticia que estábamos transmitiendo era verdad o mentira. Ellos, quiero decir nuestros jefes, nos decían esta semana tienen que mandar puro relleno y les mandabamos relleno ventiao… Al final de cada mes recibíamos nuestro cheque.

 

[Noticias 20 de febrero de 2002, edición del medio día, inicio de la transmisión]

 

Presentadora: A los pobladores del municipio de San Carlos en el departamento de Córdoba, literalmente se les apareció la virgen. Como nuestra más fiel audiencia sabe, hace algunas semanas que hemos enviado un corresponsal para seguir con detalle esta excitante historia. Infortunadamente tanto la máxima autoridad de la Iglesia Católica en el país como el Arzobispo de Córdoba siguen sin pronunciarse sobre este increíble hecho. Luis Manzanares nos tiene más noticias desde el municipio cordobés. Luis, adelante…

L.M.: Gracias María Lucía. Efectivamente a los habitantes del municipio de San Carlos en el departamento de Córdoba se les cumplió el milagrito. La aparición completa ya más de 15 semanas y los feligreses de diversas partes de la región y del país no paran de llegar a la humilde casa de la familia Alarcón. Sin embargo, como en todo fenómeno sobrenatural no faltan los escépticos, precisamente esta mañana la familia Alarcón recibió una singular visita que está sembrando dudas tanto entre los habitantes del barrio como entre los visitantes foráneos. Estos fueron los hechos….

Estamos aquí con Yurbedis Manjarrés quien presenció los hechos ocurridos esta mañana y de los cuales ya han sido testigos nuestros espectadores. Buenas tardes Yurbedis, podría por favor narrarnos qué está ocurriendo en el barrio tras la visita de la señora Bermúdez a la casa de los Alarcón.

Y.M.: Puej, ajá, ej que esajdo’ se odian. ‘ntonce’ la una ‘ice que la virgen ejtá en el tadnque de su casa y la otra ‘ice que no, que éj puro embujte. Aquí en el barrio se ha formao un cipote corrillo, pocque, éche, tronco ‘e chijme que nojan dado esaj do’. Ya nadie sabe qué creé’, pocque al principio toj’ laj vimo’, pero mucho’ ya edtán ‘iciendo que jue, como ej’ que se ‘ice, ajá, pura sugejtión.

L.M.; Gracias Yurbedis, le agradecemos sus declaraciones. Eso es todo por ahora desde el municipio de San Carlos, María Lucía, sigan en estudio.

L.M.: Gracias Luis. Seguiremos atentos a esta singular noticia. Vamos ahora con los deportes. Ramiro, adelante…

 

[Fin de la transmisión]

 

Y sí, todos los reportajes eran así, todos andábamos metidos con noticias a las cuales no habríamos prestado ninguna atención en otro momento (milagros, niños perdidos, incendios, etc.), pero en aquel entonces nos caían como anillo al dedo frente a la difícil situación de orden público que vivía el país.

 

IX. El rulo corre más rápido que el viento

A mí la que me trajo éd rulo jue la comae Tula, si sabe’, me ‘ijo aquella tadde, que la Bedmúde’ se le metió a la casa a la Aladcón y le ‘ijo…, qué comae, qué le ‘ijo, que icque era puro embujte lo que andaba ‘iciendo sobre la aparición de la virgen en su casa. Éche no joda comae, pero si toj la vimo’, le ‘ije. Eso ya no éj’lo que anda ‘iciendo la gente comae. Los compae’ Jacinto, Pedro y José, y las comae’ Juana, Josefa y Maria Dolore’ y otro poco e’ gente dedbarrio andan admando tremendo berenjenal anunciando que’so era puro bochinche de la Aladcón quej’s presumia y barrullera, me rejpondió. Pero, ajá comae, yo la ví con ejto ojo’ que se han de comé’ loj’ gusano’. Éche, pero algo han de tené contra la vieja, como bien ‘ice el dicho: comia a perro ajeno piedde ed pan y piedde el perro, le ‘ije y le pregunté enseguidita: ¿ujte’ si le’ cree?

Ay, niña, me rejpondió, éj que ej pecao andadse con esoj cuento’. Yo la veddá’ nunca ejtuve segura e lo que vi, la mayoría ‘ecían que sí, que sí, que ahí ejtaba, ntonce’ a mí me daba como miedo ‘ecí’ que no, no juera bujcame la mala hora y que me lincharan. ¿Ujté’ sí la vio?

Yo sí comae, pero con ejte bololó uno ya no sabe ni qué, ni a quién, creé.

 

X. El consuelo

El negro

Yo sí que la vi, como que me llamo Manuel Alarcón, aliaj el negro Aladcón. Loj’ chijmoso’ ded barrio querían era desacreditá a mi mujé’ ‘iciendo que era puro embuste que la virgen se noj’ figuró en el tadnque, pero loj que hablaban mondá eran ello’, pocque le tenían cipote envidia a la negra. Lo que sí me entrijteció, joda si me acueddo, fue vé a la negra llorando. Se sentaba ad laito ded tadnque y ‘ecía una y otra ve’, pero mirála negro, mirála, y yo le ‘ecía sí negra ahí ejtá, ahí ejtá…

La comae

Cuando empezó cipote chijmero yo me jui a la casa de la Aladcón y le’ije, mi negra no llorej’ pu’eso, acuéddate de ese refrán que’ice que quien siembra en tierra ajena hajta la semilla piedde. Ademá’, mi negra, tú que vaja’sufrí pod’lo que piensen esos care mondá que ayer ejtaban rezando aquí de primeritoj si lo único que le’ gujta ej hacé ed mal y embarrá a la gente y creen que se la’ saben to’a. Allá ello’ si no quieren creé, loj’ que tenemo’ fe iremo’ al cielo, iremo’ al cielo como ejtá escrito en la Biblia.

Los nietos

Nojotro’ noj’ pusimo’ muy trijte’ cuando la abuela se puso a llorá, nunca supimo’ bien pocqué, pues loj’abuelo’ noj’ sacaban cuando se ponían a hablá entre ello’ o con la mae mía. Pa’hace sonreír a la abuela noj’ arrodillamo’ frente ad tadnque y rezabamo’ a la virgencita y ad niño, ella siempre ‘ecía: joda, sí ve, loj máj inocente’ la ven.

 

XI. La confesión

Lo máj chijtoso’ e todo éj que dejpué’ de adma el bololó me entró la’ duda’. Pocque pa’ecí verdá’ esa mancha sí que se paecía un poco a la Virgen del Carmen con el niño en brazo’. Pero, éche, obvio yo no ‘ije nada, si no cipote mieddero que se me adma: suedta la lengua no hay quien la amarre…

 

XII. La negra II

No joda, quién iba pensá que todo ejte problema iba a salí de un regalo divino. A mi dejpué’ de tantojaño’, ya no me impodta qué se ‘ice de mí y qué no. Yo sé y tengo la plena convitción de que la virgen se manifejtó aquí mijmito, en ejte patio y que jué la incredulidá e la gente de ejte pueblo lo que hizo que la vijgen, loj periodijta’ y lo’ feligrese’ foráneoj’ se fueran é aquí como si nunca hubiera pasao na’. Al pueblo solo le quedaron laj’ sombra’ de un recueddo y cipote e’rabia en el corazón pocque depué’ e tanto bochinche no paso na’, de na’. A mí me queda la cedteza de que Diosito me cuida y de que me envió a la madre de su hijo en señal de protetción y pa’ que na’ me borre de la memoria infinita de laj generacione’, ni siquiera la brujería y laj maldicione de la vieja Bedmúdej….

 

Juliana Monroy.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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