Poemas de Pablo Gungolo

Ilustración de Coby Whitmore

 

      Traducción

 

la precipitación de agua

desde las nubes hacia el suelo

es la explicación científica

del milagro de la lluvia: la luz

amarilla del semáforo

se disuelve sobre el asfalto

el resultado espontáneo

su belleza: muda de color

rojo incendia la ciudad mojada

en fuga, los autos frenan

y los parabrisas deshacen

la memoria del agua

que desabriga con su música

las calles hechizadas.

 

     Las capas del final

 

últimos segundos del pescado, antes

de salir del mar sus escamas salpican

una enorme red, un buque noruego

extingue su carácter animal, despojado

llega a la argentina en conteiner y su desnudez

es tan obscena, en una góndola preferencial del market

los tubos fluorescentes, radiantes

tan blancos reflejan el plateado

de la serie: repetidas muertes

sobre hielo picado, un hombre, el cliente

toma el producto, observa el vencimiento

en este mundo y lo suma al chango

de la forma más autónoma, solo le falta pan

lo adquiere en extraña oferta

multiplica y el milagro se produce

el consumidor final, avanza hacia la caja

por educación lo piensa y por ende saborea

marinado, con crema, papas y vino…

qué lejos queda la familia del pescado

ahora, en un plato blanco de loza

tuvo días bajo el fondo del océano:

todos los peces van al cielo y sin embargo

digerido en el estómago, el comensal

está pleno, a salvo sus ojos

saltones arrastrados por el tenedor

al tacho de residuos, hasta que una rata

negra con hambre, dos días después

encuentra el manjar viscoso

dentro de un pote de yogurt

rodeado de moscas los ojos del pez

de los mares de groenlandia en fin

desaparecen, como silencio sobre la cumbre

de una de las montañas más altas

del basurero.

 

     Hollywood en la provincia de buenos aires

 

 in times of crisis, we must all decide again and again whom we love.

To the film industry in crisis – Frank O´Hara

 

un protagonista sentado frente a una mujer

al costado de la ruta inclina el corazón

llena dos vasos los ojos del hombre

sostienen la vista. acaricia las manos de ella

vuelven sin hablar una salida donde corren

abrazados a un auto: una cupé fuego

quema llantas y al amor es una idea

platónica de belleza es el poder

de alcanzar ese intangible

una aproximación, es ella: suelta el pelo

y revolotea la cabeza hacia atrás

la velocidad de la luz y ella es hermosa

es todo arte: el auto se detiene

frente al mar y el viento etcétera

la cámara recorre un perfil con perfil

el parabrisas retira gotas con mecánica música

completa la escena un gran beso rojo

y púrpura amanecen, la banda de sonido

los títulos de crédito los realizadores

intrascendentes de la idea.

 

     Inmanencia

 

los indicios de la fotografía: la continuidad

de mar y cielo, donde el vuelo de las gaviotas

quedan afuera pero son marcas del paisaje

como el viejo espigón derrumbado

y las olas cargadas de mar, fijas detrás del ojo

con su ilusorio desplazamiento por una lente

pentax k1000, el reverso de la playa desconocida

donde está el hombre con barba en cuclillas

en el espacio off el ojo el dedo

presiona y click, un instante donde el ruido

de las olas el viento el banderín rojo

congelados reposan sobre la mirada

y se abre una tierna herida

los pelos erizados del brazo

atraen la distancia, aquello que podía ser ajeno.

 

     Monte hermoso 1987

 

adherida al ojo de un hombre con barba

una réflex captura la imagen: a partir del filo

de la foto, del lado exterior la totalidad

no aparece y crea el mar: figuración

de naturaleza y cultura reunidos

en el dinamismo, una intemperie desarrolla

el diálogo para desnudar quizás

el mejor secreto guardado de una playa:

un instante continuo más allá de la parte

por el todo.

 

     Serás feliz

 

debajo de una sombrilla, los pies juegan

con la arena seca. una fruta tropical

en la mano, y a través de unas gafas negras

el mar traga la tierra confinando playa:

linda postal de verano. debo

pensarme feliz, para llegar a esta costa

debo ser feliz: la chica de al lado es feliz

boca abajo toma sol y cada tanto

se para, entra al mar y sale a seguir dorando

su piel; el chico de gorra verde y su perro

que lanzado el frisbee, corre a atraparlo

la señora de malla entera que junta caracoles

en un baldecito y el señor del tejo

tomando un mate, son felices; en fin:

el sol la sombrilla la arena el horizonte la fruta tropical

el mar y su versatilidad, ante mis ojos. si ahora

soy fotografiado, quién diría que en la imagen

hay un mínimo de desgracia; mi mujer me ama y está feliz

de estar aquí, en el paraíso, como me dijo esta mañana

cuando frente al espejo miraba al cuarto del hotel, a mi cuerpo

en traje de baño, y tarareaba en portugués. sí, ahora

soy fotografiado, así desvestido, debo al menos sonreír

simular una pose o hacer una mueca.

por el horizonte, un crucero:

habrá alguien a bordo con ganas de llorar

disfrazado a la fuerza y tomado

por la cintura en un trencito

en medio de un carnaval carioca?

 

bordeo la costa con piel de gallina

disfrutando las sobras, como aprendí.

 

     Lapso

 

vacío el departamento devuelve

la imagen ya vista aunque olvidada

el periodo llamado alquilar

iniciaba: mis cosas y las tuyas

un incipiente nosotros a llenar

de otra vida y así pasan los años

ahora, nuestras cosas todas en cajas

esperan abajo dentro de un flete

es el momento de la última mirada

sin sentido al solo efecto de desconocer

la locación: su verdadera identidad

paradojal, es ahí donde nos abrazamos

con una fuerza que nace propia

un mismo hormigueo en el cuerpo

es la telepatía y sinceridad

rodeada de paredes blancas

y espacio disponible.

 

     Mudanza

 

el presente es todo el humo que soltaste:

la cabeza apoyada en mi hombro

y el suspiro final; te paso un mate

lo tomás lavado, me mirás y sonreís

te miro sonrío, por el retrovisor amanece

es una manera de creer en los días.

llevás las piernas al pecho como una nena

descalza, tus pies juegan en la felpa

del asiento; te vuelvo a ver acurrucada

frente al mar pasabas arena

de mano en mano, hermosa

no te lo digo pero acaricio tu nuca

pienso en tu nuca, a eso

reduzco el universo, y preguntás

en qué estás pensando?

la ventanilla y el viento, su ruido

nos convence de la velocidad

un tema de rock de nuestra época

cantamos a gritos pelados.

 

el auto avanza y la ruta

nos encuentra nómades

inmóviles, lejos

y en nosotros la casa

más intangible de todas.

 

 


Pablo Gungolo (Bahía Blanca, Argentina 1980). Publicó el libro de poemas Polaroid (2011), Editorial La Parte Maldita. Los poemas aquí reunidos pertenecen al libro Los restos (inédito).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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