Poetas invitados al 26 Festival Internacional de Poesía de Medellín

Les presentamos, por cortesía del Festival Internacional de Poesía de Medellín, una selección de poemas de algunos de sus invitados a la edición de este año, que se llevará a cabo entre el 18 y el 25 de junio, representantes de los cinco continentes que se darán cita en la bella Medellín para celebrar la memoria de Eleusis, homenajear a Rimbaud y, entre sus incontables actividades en torno al fuego de la poesía, sin lugar a dudas, seguir trabajando por la paz de Colombia y el mundo.

Consulte aquí la programación completa.

***

AMÉRICA

 

 

Maturo

Graciela Maturo nació en Santa Fe, Argentina, en 1928. Es poeta, ensayista, escritora americanista, investigadora y ex profesora universitaria. Fundadora del Centro de Estudios Poéticos Alétheia.

Ha publicado los libros de poesía: Un viento hecho de pájaros, 1958; El Rostro, 1961; El mar que en mí resuena, 1965; Habita entre nosotros, 1968; Canto de Eurídice, 1982; El mar se llama ahora con tu nombre, 1993; Memoria del Trasmundo, 1995; Cantos de Orfeo y Eurídice, 1997; Nacer en la Palabra, 1997; Cantata del agua (plaqueta), 1998; Navegación de altura, 2004; Antología Poética, 2008; Bosque de Alondras. Antología poética 1958-2008, 2009; Jardín de arena, 2011.

Algunos de sus libros de ensayo e investigación: Proyección del Surrealismo en la literatura argentina, 1967; Julio Cortázar y el Hombre Nuevo, 1968; Claves Simbólicas de García Márquez, 1972; La literatura hispanoamericana, De la utopía al Paraíso, 1983; La mirada del poeta, 1996; La razón ardiente. Aportes para una teoría literaria latinoamericana, 2004; Los trabajos de Orfeo, 2008; La poesía: un pensamiento auroral. Alción, Córdoba, 2014.

 

Selección del libro JARDÍN DE SAL, 2015.
 
I. DAFNE Y OTROS POEMAS.
 
 
 
 
 
Dafne

La mirada de Apolo enamorado
la tocó como un rayo.
Su alma fue llamada a una isla de luz
su cuerpo se transformaba en verdes ramas
cantantes
ebrias de puro ser.
Conoció el arrebato de nubes indescriptibles
y la felicidad de nadar entre hojas de diamante.
Una mirada de fuego
la sostenía sobre el abismo.

Moraba en la alegría de una fiesta
de niños y racimos.
La vida era un paso de danza
hacia el cerúleo mar resplandeciente.

La acompañan  memorias encendidas
dalias de fuego
un viento
hecho de pájaros.

Déjala reposar entre fulgores
no temas por su muerte.

 

 

Hombre de máscara de pájaro

Ante un cuadro de Marx Ernst.

El puñal se ha clavado
en el pie de la joven madre .
Puedo oír su gemido como gotas de sangre
entre nubes grises.

No me cautivarás
hombre de máscara de pájaro,
jugador de dados enlutados.
No podrás destruir mi red de nube y sueño
ni convertir en polvo la rosa que me habita.

Volatinero cruel de amarillas vestiduras,
hechicero que esgrimes un látigo de violetas.
Tu voz enredaba mis cabellos
al gélido fuego de tus venas.
Tu canto encantaba mis oídos
con su seda de nardos.

Otro canto suena ahora desde las colinas
en el amanecer.
Una música  hecha de luz,
un bálsamo sagrado.

 

 

 

Las mariposas

Las mariposas siguen
ardiendo
sobre los radiadores de esas máquinas
que los hombres llaman automóviles
Arden hermosamente
junto con nuestras trenzas, con las hojas
recogidas en el parque al atardecer,
con los cuadernos dibujados y el sueño
de las adolescentes
absortas de amor
que sabían mirar desde el lado del pájaro.
Arden aún con sueños que resplandecen.
Es su manera de existir
de decir su delirio entre los muebles
que crujen en el alba
entre los libros fósiles
desordenados en los viejos pupitres.
Ese minuto de su muerte dura para nosotras
es un rito
reconocido por dos chiquillas  que se encuentran
en un lugar sin  tiempo
para volver al parque donde un árbol espera
y descubrir que nada está perdido
que nunca nos alejamos de su sombra
y estamos aquí
danzando
esperando a los ángeles
entre alacranes insomnes
y mariposas que se suicidan.
*

 

 

 

Gustavo Pereira

Gustavo Pereira nació en Venezuela en 1940. Entre sus libros de poesía destacan: Preparativos de viaje; En plena estación; El interior de las sombras; Los cuatro horizontes del cielo; Sumario de somaris; Vivir contra morir; Escrito de salvaje; Oficio de partir;  Sentimentario, y, Equinoccial. Se doctoró en Estudios Hispanoamericanos en la Universidad de París y ejerció durante veintiocho años la docencia.  Fundador de la revista Trópico Uno, dirigió también la Revista Nacional de Cultura durante cuatro años. Actualmente es miembro del directorio de la Casa de la Poesía, de la Biblioteca Ayacucho y de la revista A plena voz. Premio Latinoamericano de Poesía de la Revista Imagen; Premio Fundarte de Poesía; Premio de la Bienal Ramos Sucre y Premio Nacional de Literatura. “Todo arte constituye un diálogo con el misterio. Y al misterio ni siquiera la ciencia, que busca develarlo, ha podido vencer y no sé si alguna vez podrá hacerlo. La ciencia moderna, a partir del principio de incertidumbre de Werner Heinsenberg, ha concebido otra forma de pensar lo real, y al cuestionar la racionalidad científica clásica ha abierto una nueva forma de conciencia según la cual el mundo real puede ser en ocasiones irreal, porque lo real trasciende lo estático, lo permanente, lo estable y lo racional. Einstein decía que la más hermosa y profunda emoción que podemos experimentar es el sentido del misterio…”

 

 

 

Nocturno

Cuando las tabernas quedan vacías
el viento de las calles agita el polvo
y juega con los envoltorios
Es el tiempo en que los solitarios recorren la noche
El tiempo en que los borrachos recobran sus delirios
y los vidrios sus dobles
Es el tiempo en que despojadas de humanos
son más humanas las calles
y terribles los sueños.

 

 

Enumeración de los encantos de la ciencia

El cuadrivio de la hipotenusa
La energía de las ondas magnéticas
apuntadas al mero lado izquierdo
La aceleración de las partículas atómicas
bajo la rótula de un impulso inútil
El aprovechamiento de la energía solar para soslayar
cuanto se tiene por ridículo
El movimiento de los planetas como acumulaciones
de epiciclos
y escombros semejantes
La nube de materia y radiación que se expande
infinitamente al infinito
sin que ningún hado alcance a rozarla
y finalmente
el destello
de tus ojos
cuando
a su furtivo
disparo
capitulo.

 

 

Para desnudar a una mujer

Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra
ni pericia ni astucia
De nada valen erudición destreza brusquedad
Ni siquiera sabiduría
Para amanecer a su lado
poco importa el arrojo el valor
la treta o la artimaña
De nada sirven apostura o tenacidad
No hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución
o su mesura

Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil
toda voracidad resulta amarga
todo discernimiento se vuelve melancólica penuria

Para desnudar a una mujer basta el instante
en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca
y restaure en su pecho la incordura
y sepulte su cuerpo en nuestros brazos.

 

*

 

 

 

 

Paredes Pinda

Adriana Paredes Pinda nació en Osorno, Chile, en 1970. Pertenece a la Nación Mapuche-Huilliche. Es poeta, profesora y mujer-medicina. También es Doctora en Ciencias Humanas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile. Publicaciones: ÜI, 2005; Parias zugun, 2014. Fue incluida en la Antología Hilando en la memoria: 7 poetas mapuches. En 1999 ganó el Concurso Nacional de Poesía Indígena en su país.

 

 

 

 

«Parias Zugun»

A mi madre Marina Pinda Antías, este mi duelo
a la hija de la hija de la hija de la hija…

entonces
la vi
ardiendo
dentro de mí
una vez más
la lengua
sus incontenibles
pétalos de plata
abriéndose
miel ajenjo escozor proscrito
desentrañando
el silabeante
éxtasis perdido
el soplo neyen
rajadura de leche
parturienta
llama
la lengua
ardiéndose
y lamiendo
fatua
las espesuras malignas del mundo

Entonces vi los códices
arder
yo                          wekvfe

*

La lengua es el árbol
—háblenme ustedes comadronas dolientes—
ustedes que injurian al miedo

Aliwen ñi zugun-pewman
MUDO ES EL ECO
del árbol
mutilado
Mininco Arauco Pilmaiquén pirata Benetton

Caimanes 2000 almas
disputando su resuello a las mineras

—desgajen
sus paines
presagios—
lloronas
lujuriosas
niñas complacientes
silabeo de piel
resplandeciente
y podredumbre

—solo el amor es misterio puro y absoluto—

*

Matriarcado
de lenguas
en que vine

para que ustedes
vibren
dentro de mí

mis vivas todas
las que ya partieron
cantan

Yolanda Marina Mónica Doralisa Filipa Kallfullanka Wangülen
—vi los códices arder—

Y las que ahora vienen cabalgando en las grescas habitadas de la sangre
habitadas por espanto
brujo espanto weküfe espanto lengua
por celestiales delirios por cadenciosas culpas               por amor
Küyen                  Kallfumalen                      Lemunantü
 

 

 

 

EUROPA

 

 

 

 

 

Borer

Alain Borer nació en Luxeuil, Francia en 1949. Es poeta, crítico de arte, ensayista, novelista, dramaturgo, profesor universitario, escritor-viajero y un reconocido especialista en la obra de Jean Arthur Rimbaud, habiendo escrito una biografía y numerosos ensayos en torno al poeta.  Rimbaud en Abisinia, 1991, es ya un libro clásico alrededor de Rimbaud, a quien Alain Borer ha dedicado alrededor de 30 años de estudio.

Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Bestiario, 1979; Zona azul, 1984; Carta madre, 2002. Ha recibido varios reconocimientos por su obra, entre ellos el Premio Édouard Glissant, 2005, el Premio François Mauriac, 2015 y el Gran Premio de la Academia Francesa, 2015.

 

¿He dormido yo?
sillas blancas de plástico
tiradas tarde en la tarde
vacuidad de la noche
con resonancia de ánfora
torniquetes de los chorros de agua de la mañana

Pasionaria
Condenado de por vida
en aquel cuerpo
de allí no salgo sino en ti

Dilucida el mundo-palacio:
excava tu posesión
cautivo de tus cavernas pintadas
con pequeños animales

Tira una piedra
desciende
la escalera
de los círculos en el agua

Golpea la tierra con el puño
después dirige tus ojos arriba
al cielo disperso

Partida detenida
Cien veces no muerto
viajo a mi antojo
en el más allá actual

Puesto que las líneas de la mano
son laberínticas
yo soplo
en caracol

De ordinario me ponía mi impermeable amarillo
entre la selva primitiva
cuando encontraba de frente
una cierva color caramelo claro

Todo debe desaparecer
Incluso
los caballos e
incluso el espacio
que crea su galope
y que es una herradura

Vacilantes fuegos de la encrucijada
a través del crepúsculo-
a través de la orquídea
creciente
del crepúsculo

Traducción de Rafael Patiño Góez.

 

 

 

Dabrowska

Krystyna Dabrowska nació en Polonia, en 1979. Es poeta, traductora y autora de piezas de radio teatro. Estudió Arte Gráfico en la Academia de Bellas Artes de Varsovia. Ha traducido al polaco a William Carlos Williams, W. B. Yeats, Thomas Hardy y Thom Gunn. Ha publicado los libros de poesía: Agencia de viajes, 2006; Sillas blancas, 2012 y Tiempo y apertura, 2014. Obtuvo el Premio de Poesía Wisława Szymborska.

 

Agencia de viajes

Soy una agencia de viajes para los muertos,
les reservo vuelos hasta los sueños de los vivos.
Famosas celebridades me solicitan, como Heráclito,
para poder visitar a un escritor que está enamorado de él,
pero los muertos menos conocidos también me solicitan, como un granjero
de la aldea Wasiły,
deseando aconsejar a su esposa en asuntos de cría de conejos.
A veces diversas generaciones de una familia alquilan un avión
y aterrizan sobre la ceja de su descendiente final.
Tengo también relaciones con los asesinados,
que en viajes habituales a los sueños de los sobrevivientes
acumulan millas en un programa de viajero frecuente.
Nunca le negué mis servicios a nadie.
Les encuentro las mejores conexiones que puedo
y me reprocho cuando un joven amante,
para meterse en el sueño de su novia,
tiene que hacer escala en el sueño de una arpía roncando.
O cuando las condiciones del clima fuerzan un aterrizaje de emergencia
y los muertos me reclaman: ¡haz algo,
estoy atrapado en el sueño de un niño aterrorizado!
Incidentes como estos significan estrés y un reto
para mí, un negocio menor con ambiciones mayores,
porque aunque tampoco tengo acceso al mundo de los muertos
o a los sueños de las otras personas,
gracias a mí ellos entran en contacto.

*

De niña permanecía junto a una puerta abierta, mientras uno de mis padres
ponía una regla en mi cabeza,
y marcaba una línea a lápiz sobre el marco de la puerta.

Después hubo otros umbrales, en los que la ambición me hizo permanecer.
Dibujando una delgada y sólida línea, ella probaba cuánto había crecido.

Ahora estás midiéndome, y yo a ti.
-Dos líneas horizontales temblorosas-
nuestros cuerpos

acurrucadas la una en la otra, penetran
y no hay más alto o más bajo, no hay medidas.

 

 

Hermanos

Una anciana baila flamenco.
En su esfuerzo arde una antigua liviandad.
Es alta y esbelta como una garza jorobada,
su falda de florituras y pliegues, sus mejillas hundidas.
La anciana baila como una joven,
una muchacha que murió en tiempos de la guerra.
Tras el espectáculo se limpia el maquillaje, se quita la peluca
y el vestido, entonces se pone pantalones y chaqueta
y se convierte en la persona que es fuera del escenario:
un hombre, el hermano de la muerta.
El anciano que vuelve a su hogar.
Que se tejió por sí mismo de retazos del pasado,
fotos, afiches y recortes de periódico.
Entre ellos cuelgan vestidos, que cose a mano:
pájaros multicolores del paraíso.
Y el retrato de su hermana junto a flores frescas.
Un tiempo recorrieron los países europeos,
Celebrada pareja de adolescentes bailarines.
Luego vino el gueto, la fuga, la separación.
Desde el comienzo se dijo a sí mismo que si sobrevivía
Sería sólo para ser la encarnación de ella en la danza.
El anciano bailarín prepara una olla de té.
Silencio. Es hora de apagar las luces.
Muy pronto se irá a la cama, pero primero, tal como es,
sin disfraz o maquillaje, danza tap en el umbral de la cocina
al pulso del repiqueteo de hueso duro de las castañuelas.

Traducciones de Nelson Ríos.

 

 

 

 

ÁFRICA

 

 

 

 

Etwebi

Ashur Etwebi nació en Trípoli, Libia, en 1952. Es poeta, traductor, narrador y médico. Ha publicado nueve libros de poesía, siete libros de traducción y una novela. Una selección de su obra fue traducida por Brenda Hillman y Dialla Haidar y publicada en Estados Unidos en 2011.

Ha organizado dos festivales internacionales de poesía en Libia: El Primer Festival Internacional de Trípoli, en 2012, y el Festival de Poesía Poemas y Ciudades, que recorrió el Gran Sahara y las montañas Nafusa, en 2014.

Fundó la editorial Sociedad Arknu para la Literatura y las Artes. Organizó igualmente tres festivales internacionales de música en Trípoli. Después que milicias islamistas quemaran su casa, adquirió refugio en Noruega.

 

 

 

Pausa comercial

En una ciudad silenciosa un sueño esculpe
tristeza y partículas de zafiro domesticado.
Aquello que rezuma no se detiene
y fluye hacia su reservorio,
al círculo de locura y depravación.

Vuelve tu rostro al mar
y yace sobre el agua.
El secreto que te derrotó ya no es secreto,
y el secreto que hubo de rendirse ahora se resiste.
¿Cómo medirías ahora la tristeza?
¿Y cómo mides tus noches?

Escucha cuidadosamente el clarinete
mientras el páramo se estrecha,
escucha los frutos mientras los roba el tiempo,
el llanto de las plañideras y la locura de la tribu
mientras el demonio del tiempo
sopla hacia el viento
el aroma del cuerpo vivo
mientras desliza entre las grietas de los sueños
la espuma del confort,
y mientras va apilando lo que vemos
en el disco del sol
de modo que no hay visión que se funda en la costa,
ni pasos que consigan volver al hogar.

Traducción de Omar Pérez.

 

No hay espacio en el horizonte

Él se sentó en la silla, de espaldas al muro,
y desde la ventana un desierto derrotado apareció.
Dijo:
¿Por qué la luz es opaca esta noche?
¿Por qué la araña se ha ido a casa temprano,
vertiendo sudor sobre sus patas?
Y por qué hay en este libro una historia con sabor a pecado.
Dijo,
es entrecortado el respiro de un hombre con miedo,
el corazón de un hombre asustado es estrecho.
Todo se oxida.
Todo se desintegra,
pero las arenas malditas
no mueren.
Ellas entran a la ciudad sobre los hombros del viento
y silban su eterna desolación.

Atravesaste esta carretera, Aurelius.
Ahora retorna al sauce; tu sombra bajo él,
no te conoce, y no proseguirá.
El pájaro que moja sus alas en el mar te mira
mientras cargas la desolación sobre tus hombres
y mientas tus pies se hunden entre arena abyecta.
Dijiste: ¡Cuán lejos parece el cielo hoy!
Los barcos enemigos se aproximan,
velas y espadas, humeantes pebeteros de incienso.
Se elevan palabras de maldición y el sudor de cuerpos humanos
se alza, y una vieja grasa flota sobre el agua.

A tu derecha, corre el agua del valle,
y en tu corazón una música se vierte.
Como un tesoro egipcio la has guardado.
El sol baja sus trenzas
sobre una planicie sometida,
y la gravilla sufre espasmos de miedo.

¿Puede el vidente sentir el estremecimiento del ritmo?
¿Puede la trufa esperar el temblor del relámpago?
No preguntes. Una marea creciente se extiende ante ti.
Y detrás de ti un dique.

Los caballos venían en camino, las espadas se levantaron.
El tiempo era amarillo,
y los jueces junto al dique tocaban unos tambores.
Y los poetas, los pequeños médicos, llevaron el cadáver.

No es más que locura haciéndose añicos en las voces de los dolientes.
Nada sino
palmas datileras  golpeadas por el viento.
Nada sino
una manada de gente dirigida por un ciego.

Los pies de los viajeros siguen el pasado,
amarillos como las hojas que caen sobre la carretera,
con pequeños pasos,
muertos.

Las voces atrapadas entre el viento y el sol poniente
espuma color de café matinal.
Murmullos aquí,
Murmullos allá.
Atrás de la colina
y entre los gimoteos de los viajeros
yacen las frías sombras de la tristeza,
pilares de piedra, y la ceniza de cuerpos frágiles.

De nada vale escudriñar entre el polvo.
De nada vale apuñalar el aire.
Hombre singular,
de nada sirve estar de pie,
ir adelante,
o inclinarse.

El agua del valle ha vuelto a alguna parte
tú no sabes,
y los lobos se aproximan hambrientos.
No hay espacio en el horizonte
para la risa
o
el llanto.

Traducción de Rafael Patiño.

 

 

 

 

Okot Bitek

Juliane Okot Bitek nació en Kenya en 1966. Reside en Canadá desde hace varios años. Es poeta, cuentista, ensayista, dramaturga, profesora universitaria y activista contra la guerra. Su madre es una destacada narradora oral. Su padre fue el famoso poeta Okot p’Bitek, quien estimuló en ella la escritura de la poesía y la consciencia política africana desde que era una niña.

Es autora, entre otras publicaciones, de: Negrura, 1996; Palabras en oscura canela, 1998; Yendo a casa, 2006; Mi esposo adquirió manos hermosas, 2006; No más guerra, 2006; Memoria como hogar, 2006. La diáspora africana y la identidad son los temas centrales de su obra, así como el exilio, la guerra, el secuestro y la desaparición de niños, la violencia intrafamiliar, la paz mundial, la maternidad universal y el amor no correspondido.

 

Siete días

Una mano delicada sostiene un abanico
Evoca los recuerdos de un amante apasionado

Dime
Dime que no me imagino
El calor que se levanta detrás de mi garganta

Se dispersa por mi pecho
Cae
Y se asienta

No voy a volver a ti

Una flor se dobla
Se marchita por el abrazo frío
De un viento seco y amargo

En siete días
Habrá terminado.

Traducción de Omar Karaman.

 

 

Sin título

Las yemas de mis dedos arden
Con el recuerdo del pellizco de un pezón
Una tarde caliente

Aprietas mi muñeca
Contra tu pecho
Lucho con el tamborilero
Susurro

A comer

Tus ojos se abren como un relámpago
Caliente con deseo
Me robas un beso rápido y brusco
Mientras escapo al cautiverio y huyo
Mirándote
Resplandecer

 

A Langston Hughes

Que no te quedes
Para leer mi corazón
No me importa

Destrocé tu libro de poesía

Mentiste:
Mientras tomé el tren de Harlem hacia las afueras
Te descarrilaste.

 

 

La llegada de la tormenta

Cuando se tiende la oscuridad sobre el horizonte
Relampaguea por doquier
En mi cabeza
Como un papel virgen
Antes de la marca ensangrentada
De los pensamientos de tinta

Traducciones de Lisa Harris.

 

 

 

 

 

 

 

ASIA

 

 

 

 

 

 

Daruwalla

Keki Daruwalla nació en India en 1937. Poeta, cuentista, novelista. Obtuvo Maestría en Literatura Inglesa en la Universidad de Punjab. Ha publicado los libros: Bajo Orión, 1970; Aparición en abril, 1971; Espada y abismo: relatos breves, 1979; Poemas de invierno, 1980; El guardián de los muertos, 1982, -Premio Sahitya Akademi-, 1984; Cruce de ríos, 1985; Paisajes, 1987; Un verano de tigres, 1995; Río nocturno, 2000; El hacedor de mapas, 2002; El espantapájaros y el fantasma, 2004; Una casa en Ranikhet, 2003; Poemas recogidos (1970–2005), 2006. En 1987 obtuvo el Premio de Poesía de la Commonwealth, por Asia. Y en 2014 obtuvo el prestigioso Premio Padma Shri. Al decir de P. Velmurugan: “… Keki Daruwalla es una de las mayores voces de la poesía indo-inglesa. Escribe con elementos obvios hindúes en sus versos, especialmente en su uso de paisajes, naturaleza y pasiones humanas. Su visión realista de la vida humana y su observación personal son sus temas. Sus observaciones no son completamente hechos sino amalgama de mito y realidad. Naturaleza y paisaje ocupan un lugar vital en su poesía. Él ha escrito muchos poemas sobre lugares con poderosa y vívida imaginería. En sus poemas enfatiza la presente realidad de la naturaleza y declara su manipulación por el hombre moderno…”

 

 

 

Jerusalén

Yarushalim
Ardes como una llama eterna
Somos hombres pequeños, nuestras “eternidades” son espasmos
Tú eres una eternidad Jerusalén
El tiempo es apenas un poquito más viejo que tus piedras.
Allende el desolado mar de arena
Y el desolado mar de sal
Llegado soy al crepúsculo amatista
y a tu blanca piedra, Jerusalén.
Para aquellos que conocen de historia
No hay nada como tú, Jerusalén.

Aquellos que a punta de espada nos sacaron de Persia
No dejes que te alejen de Jerusalén, Israel.

Pero estás construyendo un muro y cualquier muro entre
dos pueblos es una mala metáfora, Yarushalim.
Berlín debió habértelo dicho.

Hay bengalas en el cielo, pero las lámparas
De tu nación arden con poca llama.
Pues lo que haces en Gaza:
Estado de sitio y hambruna; la medicina
Negada a los niños—
Deja a tus amigos espantados, Jerusalén.
Los niños árabes juegan y ríen y ansían amor
Igual que tus niños, Jerusalén
Deja que el rocío en la rama de oliva
No se convierta en una capa de cordita.

En esta víspera de Año Nuevo rezo
Para que la paz y el rocío
Desciendan sobre vosotros—
Árabes y judíos
Sobre Palestina y tú
Yarushalim.

31-12-2009

 

 

 

Migración 3

vemos caer la lluvia sobre el río crecido
parda lluvia sobre el pardo río, sus rizos fangosos
besan  el bajo vientre del puente Jumna;
vemos la choza y el cobertizo, alineados en la orilla,
moverse hacia cotas más altas, hacia bancos de arena más empinados
que también se vuelven inseguros con la humedad.
un saco de arroz lleno de lluvia es movido, un perro greñudo
va dando tumbos tras la familia junto a un ternero
suelto con la soga arrastrando desde el cuello.

los pájaros están mejor cuando viajan desde la tundra
con los ojos cerrados, el mapa de cielo y cielo incrustado
en los genes, tras diez mil años de moverse
del ártico hasta el azul del cálido jheel
hasta las lagunas tropicales infestadas de nueces acuáticas.

mientras el día avanza hacia la sombra y una lámpara de kerosene
vacila en algún lugar asombrada de su propia
audacia, y la familia la contempla como a una quimera,
el río emigra hacia la choza y el villorrio.

12 de Septiembre, 2010
 

 

La mujer de Naropa I

Nunca escuché el llamado del alma
ni siquiera al casarme a los dieciséis.
el de los pájaros sí y el del corazón
pero no este.
por ocho años él se regocijó en mi cuerpo y mi amor
entonces noté que su corazón o fue su alma (¿?)
(me estoy confundiendo) se retiraba.

Pude sentir los espasmos de sus silencios sinuosos.
el llamado de un nirvana de-ninguna-parte
le llegó, y el llamado del polvo ocre
no a trocitos como la rueda de la plegaria, sino meditación,
trance, dharma, penitencia:
todas palabras peligrosas.
un día dijo “Debo irme”.
Estaba acostumbrada a sus charlas sobre lo efímero y la ilusión—
dos palabras anudadas de tal modo
que no sabía yo cuál era cuál—
“Diré al mundo” siguió diciendo
“que las mujeres solo engañan
son pantano, trampa”.
cuando dijo estas mismas palabras a nuestros padres,
me hice eco de él
(¡estaba predicando, no inventando excusas!)
“ilusión” y “efímero” aparecieron  otra vez, como siempre.
bajé la cabeza y dije que era indigna.
él cogió el camino real
yo tomé el trillo de las cabras hacia la soledad.
pero mi soledad no era efímera.

21 de marzo, 2015

Naropa (1016-1100), uno de los santos más reverenciados del budismo tibetano, nació en Bengala. Su matrimonio fue disuelto por consenso mutuo en el 1040, año en que se fue a Kashmir. El nombre de su esposa se ha preservado en las escrituras tibetanas. Es Ni-gu-ma.

Traducciones de Omar Pérez.

 

 

 

 

Ghali

Duna Ghali nació en Basora, Irak, en 1963. Es poeta, cuentista, novelista, ensayista y traductora. Se graduó del Instituto de Agricultura de la Universidad de Basora en 1987, y vive en Dinamarca desde 1992. Ha publicado numerosos artículos sobre Literatura, Cultura y Política, en árabe y danés. Tradujo al árabe los cuentos de Hans Christian Andersen, en 2005.

Ha publicado, entre otros, los libros: Libro de guerra, 1998; El punto más lejano, 2000; Tardíos descubrimientos, pequeñas victorias, 2004; Cuando el aroma despierta, 2006; Un jardín con la esencia de  un hombre, 2007.

 

Una naranja grande colgada
en una rama invisible
en medio del mar,
de noche
sopla viento,
el cielo se balancea
y la mitad de la naranja se sumerge en el horizonte.

*

Esta mañana quise comprarte rosas
de color coral.
Mas te falta la mesa,
y un ramo lanzado en pleno mar
podría parecer el funeral de un ahogado.

*

Me dirijo hacia el mar
Seguimos la conversación
y nos ponemos de acuerdo,
en el momento…
que me trague entera
y me prometa,
que no me devolverá un día a una orilla.

*

Mi cara la colorean las estaciones
del color de la cera ayer
y azul cielo hoy,
si contemplas
y observas las estaciones al pasarte en silencio
y las saludas efusivamente.
Si fijas la mirada
verás que mi raíz brota en tu tronco.

*

Abriré la boca
antes de gritar,
y empezarás a colocar mis palabras,
tu cerebro las lee digitalmente
y me veré tirada a la tabla de cortar
cerca del fregadero
en la cocina
como un pez frío.

Traducciones de Sana Ghali.

 

 

 

 

 

OCEANÍA

 

 

 

 

Crispin

Judith Crispin  nació en Sidney, Australia en 1970. Es poeta, fotógrafa y compositora. Estudió música en el Conservatorio de Música de Melbourne y en la Escuela de Música de Canberra antes de obtener su doctorado en Composición y Musicología de la Universidad Nacional de Australia en 2004. Siguiendo sus estudios doctorales con Larry Sitsky, Judith continuó sus estudios de composición con Emmanuel Nunes en Paris durante 2005.

Ha recibido un número de galardones y premios incluyendo el Premio Internacional de Composición de Ópera Nancy Van de Vate 2004 y el Premio de Composición en homenaje a Harold Allen 1996 y 1997. De 2002 a 2007 trabajó en un proyecto con Larry Sitsky para preservar las composiciones australianas. Este proyecto ha producido una serie de partituras australianas publicadas por The Keys Press, Perth, Australia.

De 2000 a 2004 trabajó como profesora en Musicología y Composición en la Escuela de Música de Canberra, ANU. Judith ha trabajado como profesora invitada en la Universidad Americana del Cairo y como entrevistadora ocasional para el Departamento de Historia Oral de la Librería Nacional de Australia. Actualmente  enseña composición y musicología en la Universidad del Sur de Queensland.

 

 

Sommernachttraum

Para Irene Lampert

Te amo
de puro miedo a la soledad,
dijo el Minotauro.
Tal vez no había hablado
mas ella igual lo habría sabido
por el bramido inquieto
hondo en el jardín ornamental.
Lo ve crecer diminuto en la distancia;
una figura de cabeza pesada,
desapareciendo en una erótica de árboles.
Y por un larguísimo instante
dieron vueltas uno junto a la otra.
Ella, en las avenidas de quemados tilos,
de sombras de antenas de televisión de la guerra fría;
y él, en el Dammerung,
espacios míticos de Goethe y Heine,
tocando la realidad solo como algo profano:
el diablillo prendido al pecho del durmiente
o una figura semitransparente vista en la neblina
por ciclistas mañaneros.
Ella tiene una foto de él
en su propio estudio
mientras pinta nature norte,
media fruta en estilo anticuado,
pero a ella le gustaba cómo caía la luz sobre su mano
y cómo sus cuerpos estaban separados solo
por un jarro de pinceles
y humo de cigarrillos.
El marco de la foto se rompió y no ha sido arreglado.
Llena su apartamento de orquídeas
y discos de la Ópera de Pekín;
pero en las noches
cerca de Teufelsberg, donde no hay minotauros
y el liquen cae como cabellera de anciana,
se acuesta entre cacharros abandonados
a buscar satélites.

 

En Cracovia

Ante la catedral de mil ojos,
un homeless cae de rodillas
ceñido por furtivos pechos de palomas.
Canta casi sin sonido
Panis Angelicus.
Cae la luz y los pájaros,
alzando el aire entre las plumas como si fuera aliento,
usan en vano su silencio para llegar a él.

 

 

 

Los pájaros

El mar no es menos bello a nuestros ojos porque sepamos
                              que a veces en él naufragan barcos.
Simone Weil.

Marea real, enero 1976.
La playa es una línea de marfil entre abetos.
Armado de aeroplano mi hermano corre
con la yerba hasta la cintura,
el sol corretea a su alrededor
sacando estática de su cabello fino.

De mar abierto, un viento kurruwarri,
pulmones del aliento que nos formó,
que nos tejió juntos en secreto;
cuando éramos magos
y leíamos augurios en las lenguas de arena.
Rastreras y caracoles en el légamo:
el mar regresa sus muertos a nuestro cuidado.

Las coloridas mangas de mamá ondulan
al llamarnos adentro,
el cielo se encorva, se dilatan las nubes
en yunques sobre nuestra tienda,
y recuerdo como el mar se retiraba.

Por el cristal trasero de nuestro Chrysler Valiant
las arboledas se van reduciendo a spinifex,
los toros ocres del polvo se levantan,
hombro con hombro, por donde pasamos.
En el microsegundo antes de oscurecer
un pájaro cola de cuña  [wedgetail] sube en espiral hacia la luz
entre gigantescas nubes.

Es noche. El canal de emergencia en la radio
murmura bajo el ululante ventarrón.
Mi hermano va metido entre los asientos delanteros,
su cara teñida por la luz verde del tablero de instrumentos
está cruzada por la sombra de limpiaparabrisas fuera de control
y en el suroeste, largas hileras de semi-trailers
hormiguean a lo lejos y se desvanecen.

Nuestro aliento encharca de ópalo las ventanillas
vamos mirando en busca de criaturas transformistas
rayadas en ocre y oscuras en el peco
huecos donde no cae la lluvia
(mirlalypa) buscamos agujeros en la lluvia.

A este santuario de viento y silencio y viento
arribamos interminablemente,
siempre detrás de pueblerinos trenes,
serpeando sin fin en los ciclones
nubes de presagio avanzan como rompehielos,
y en los últimos ripios de la luz
los pájaros van volviendo a casa.

Traducciones de Omar Pérez.

 

*

26 Festival Internacional de Poesía de Medellín
#26FIPM
Sitio Web: www.festivaldepoesiademedellin.org/
Facebook: facebook.com/festivalpoesiamed
Twitter: @poesiamedellin

 

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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