Cuando la emoción es hermosa

 

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

Había una vez un padre y un hijo. Un hijo es como un espejo en el que se mira el padre; y también el padre es, para el hijo, un espejo en el que se ve cómo será en el futuro. Pero rara vez se observan ambos con esta idea; por lo común, viven juntos manteniendo una conversación vivaz y satisfactoria. De vez en cuando, con todo, el padre se detiene frente al hijo, lo observa con un rostro preocupado y le dice: “Mi pobre niño: vives en una callada desesperación”. Soren Kierkegaard.

Como una saga popular hilvanada en las enredadas madejas de los grandes sentimientos y emociones universales, Pelle el conquistador es la cuarta película de Bille August, quien ya se había hecho conocer en el medio cinematográfico con Zappa y Tourist and shout. Su característica recurrente es adentrarse en los más recónditos escondrijos del alma humana, en las más sencillas estaciones del corazón y en el intimismo más profundo que lo señala como un verdadero autor. Todo es sutileza, gusto y dosificación a pesar de que los sentimientos descansan en las emociones de un niño.

Un puerto danés perdido en el tiempo y en la bruma de una mañana fría, es agitado por el viento frío que nace del alba. Danzan parsimoniosamente sobre las aguas rabiosas, las velas de las melancólicas embarcaciones. Un padre, cuyo rostro está curtido por el paso de las horas, busca con su mirada perdida en la incertidumbre de la tristeza, descifrar el infatigable destino que ahora comienza a ofrecerle la vida.

Su hijo, cubierto su cuerpo con viejos sacos de vieja lana, encuentra el calor en los brazos de su padre y en el recuerdo de su madre recientemente fallecida. Ambos desembarcan en un nuevo horizonte de dudas y de miedo.

Todo lo comparten, hasta ese apabullante silencio que los nombra y los advierte. Han llegado a Dinamarca, vienen de Suecia. La pobreza de su condición económica queda contrastada con la riqueza que los determina: la infinita predisposición para sentirse vivos. Están solos y se sienten frente al vasto paisaje que ahora comienza a abrirse ante sus ojos asombrados. También experimentan ese extraño sabor de sentirse perdidos y para eliminarlo comienzan a buscar trabajo.

Un coche pasa levantando sonidos ancestrales y desciende el encargado de una granja. Examina de un vistazo las dos nuevas presencias extranjeras y dice: Los contrato por un año. El coche emprende su camino, padre e hijo se suben y se van con él, y nosotros comenzamos a acompañarlos en esa travesía por los senderos más agridulces, más sorprendentes de la vida cotidiana, de la de ellos y, en alguna medida, de la nuestra, que es la misma.

Y es así como nos embarcamos en una hermosa aventura, transportados por el reino intangible de la imaginación, que es el cine, por el colorido de un pasado remoto que sueña en el letargo porpio de la eternidad. El pequeño “hombre” de nueve años se llama Pelle –cuyo nombre verdadero es Pelle Hvenergaard- y junto con su padre van a trabajar como sencillos y simples guardianes de ganado de una hacienda inmensa llena de verde y de tonos pastel, pues era así el color de la naturaleza en el siglo XIX. Allí, y dándole paso a la necesaria contingencia o al azar, Pelle descubrirá lo que es el trabajo, verá por primera vez, con una nueva mirada, cómo nacen y cómo se establecen las relaciones humanas, sentirá cómo los nuevos albores de su cuerpo, de su mente y de todos sus sentidos, comienzan un nuevo palpitar bajo los acordes que anuncian la salida triunfal de la infancia y la entrada franca y plena al ámbito de la adolescencia.

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Pelle es el protagonista de una travesía por los senderos más agridulces y sorprendentes de la vida cotidiana.

Destellos de transparencia

Bille August, director cinematográfico danés, anteriormente operador y camarógrafo, filmó durante un lapso de tiempo que comprendió tres años este necesario fresco, este mural de pintura desconsoladamente bello, que abarca cuatro estaciones en un país como el danés, tan amplio, tan abierto, tan claro y tan inconmensurablemente transparente. Allí siempre se ha creído, debido a la singular claridad del espíritu personal que alguien es imposible e incapaz de ocultar los destinos, así sean hasta los más trágicos o felices. Pero no solamente el registro visual aumenta en calidad y logro por la calidad plástica de la película, recurso logrado por el excelente trabajo fotográfico de Jorgen Persson, sino que se involucra y tiene que ver fundamentalmente, con su relación inmanente con la naturaleza: esas largas y apacibles brumas del invierno, esas nubes de la primavera que como jugando se ocultan lúdicamente sobre el horizonte alimentado de trigo.  Y tiene que ver, cinematográficamente hablando, con la exactitud en la media, de una puesta en cámara que parte de la singularidad de un individuo, hasta cubrir, constantemente al grupo que lo conforma y lo aprehende: salir de uno para llegar confundido a los otros sin perder su particularidad.

Una mirada natural

Siempre se ha considerado que la mirada es arbitraria pero a la vez, fiel con lo contemplado, con lo externo, lo visto. Cada uno ve por lo tanto, de una manera diversa y distinta que lo rodea. Y al expresarlo es lo que constituye el famoso “punto de vista”. El pequeño pueblo conformado por los trabajadores de la hacienda es contrastado paralelamente, como en un constante contrapunteo de turno de miradas, por los ojos de Pelles y por los ojos de su padre. Pero también, la película Pelle el conquistador puede ser vista como la respuesta urgente de un director de la Europa del Norte a los cinematografístas de la Europa del Sur, me refiero específicamente al Bernardo Bertolucci de su famosa y agreste Noveccento o a Ermanno Olmi de esa agradable pieza costumbrista llamada El árbol de los zuecos, o a los hermanos Taviani con su dolorosa sensación de amor fraternal de Padre padrone, Y a pesar de todo, a pesar de que Eric, el empleado de la hacienda, hombre de gran contextura física y amigo cómplice de Pelle, se haya opuesto al encargado y todos los demás trabajadores se hubieran solidarizado con él, la política no se presenta como un eje esencial que reúne todos los hilos temáticos de la historia fílmica. Simplemente es la reacción que queda después de haber sido un mero impulso. La política es el latido que no se toma evidente, su presencia tácita es lo que la hace vital, es gregaria y espontánea en su coexistencia natural, agreste.

Novela saga

La novela popular desde “Los miserables” de Víctor Hugo hasta “Oliver Twist” de Charles Dickens, basó y sustentó su éxito en el público lector con la aproximación protagónica del niño solitario, perdido o encontrado. En cambio en Pelle el conquistador, el niño no está solo y desafortunadamente a través de sus ojos podemos con él descubrir ese “maldito” mundo que está más allá de la Granja Olsen. Pelle tiene a su padre y está con él –su intérprete es Max von Sidow- y debido a esa natural compañía, las dificultades, que son las mismas de la vida cotidiana: el amor tardío pero vital, la vejez que llega como una sombra pesada, la memoria que se va perdiendo en el trasfondo del olvido, el caminar que se hace cada vez más pausado, la resignación y el dolor, la melancolía y la tristeza, todo esto se advierte cuando con atención, Max von Sidow, el padre, tiene una soga entre sus manos y la mirada recorre el techo, él ya sabe muy bien que la vida por el desamor, ya no tiene ninguna significación. Quiere ser libre y permanecer en la edad en la misma muerte. Y no lo logra. Pelle se da cuenta de esta determinación y frustra este impulso suicida. Ahora el padre es un hombre resignado. Martin Anderson Nexo es un novelista sueco de largo aliento y fue quien escribió “Pelle el conquistador”, una novela saga de cuatro tomos. Desde 1906 hasta 1910 fue el tiempo que empleó en su escritura y se consolidó como un clásico en la literatura escandinava. Anteriormente, Carl Dreyer y Roman Polanski habían, inútilmente, intentando adquirir los derechos de adaptación y no lo lograron.

Démosle la palabra a Jorge Luis Borges, para que sea él mismo que explique lo que es una novela saga: Quiere decir que antes de ser llevada a la letra impresa fue oral, fue contada, hablada, siguiendo la sagrada tradición. La heredaron, la repitieron y la pulieron muchas generaciones de narradores. Es innegable que los hechos no ocurrieron precisamente así; es innegable que de manera menos dramática y menos sentenciosa ocurrieron sustancialmente así.

Llevar una novela de tal volumen es algo difícil. Por eso Bille August adapta fielmente sólo el comienzo, la infancia y todo lo que la rodea, con los decorados de la crónica decimonónica; sin la casi consecuente dramatización excesiva. Aquí radica, posiblemente, el encanto mágico del relato fílmico que no es fácil olvidar.

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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