Cuentos sin hadas o la fabulación transgresora de Sergio Laignelet

LEER un poema de Sergio Laignelet (Bogotá, 1969) en un auditorio con público de todas las edades tiene consecuencias imprevisibles: de la sorpresa inaudita a la risa catártica. Nunca se sabe realmente lo que pasará en el orden establecido de las butacas oficiales al instante en que Caperucita, Pinocho y el Gato con botas crucen la platea en la versión deconstruida de sus cuentos por este poeta colombiano residente en Madrid desde 2000.

Así ocurrió en las ocasiones que visitó como autor invitado el Encuentro Internacional de Literatura 3 Orillas que celebramos cada invierno en las Islas Canarias. Su repertorio de poemas puestos en escena con su peculiar halo de malditismo equivale a una fabulación transgresora de las leyendas infantiles que conforman el imaginario contemporáneo que nos legó la tradición. Y no tardó en publicarse en nuestra primera tirada de libros poéticos su formidable “Cuentos sin hadas” (2010) que no dejará a nadie indiferente sobre la faz de la tierra.

No hay escapatoria para el lector de cualquier latitud cuando acometa un vistazo a los libros de Sergio Laignelet: el cóctel explosivo que alborota aquellas narraciones sobre patitos feos y cenicientas dejará impresa la huella profunda de la ironía más sutil en su retina. Y es que, el poeta desde su condición de paseante por las galerías donde reside lo arquetípico revisará con un desbordamiento imaginativo, sin moralina gratuita y con erotismo despampanante, aquellos filosofemas civilizatorios que campan a sus anchas por los reductos del inconsciente colectivo.

Parece que con cada poema suyo nos vamos adentrando a toda velocidad, sin freno posible, en un parque de atracciones donde los personajes clásicos, archiconocidos por el ciudadano de a pie, habitan un performance hiperreal, un universo propio libre de cualquier inhibición y verdaderamente desternillante. Sus cuentos sin hadas suponen un hallazgo literario para la reclamación de otra mirada posible y distinta sobre el corpus doctrinal de la herencia del pasado que adquiere, en su trasvase poético con bisturís, un lirismo seductor que embelesa, engancha a la primera por la fuerza hechizante de su originalidad.

En el caso excepcional de Sergio Laignelet, no encontramos una poética del yo metafísico con lenguajes enrevesados de floritura existencial. Y tampoco una redundancia en las facturas literarias del orbe posmoderno con sensiblerías confesionales. Su potencial creativo es de plena actualidad, pero va al hueso duro del mito, por la vía rápida accede a la esencialidad que constituye la base de las propias relaciones humanas en el capitalismo tardío. Comprometido con su tiempo no tiene la necesidad de transitar el panfleto de la denuncia social, le bastará solamente con dar un plumazo deconstructivo a la propia función pedagógica de los cuentos infantiles- desde Perrault a los Hermanos Grimm-, dejando a la vista el juego virtual de espejos de la sociedad de consumo y el imperio de los mass media que condicionan el andamiaje estructural del homo economicus en este nuevo siglo.

De su obra publicada en Bogotá, “Malas lenguas” (2005), reconoceremos inmediatamente el germen demiúrgico de Laignelet: la óptica del poeta que desintegra los presupuestos racionales y ofrecerá a la carta un carnaval de máscaras con referencias universales donde la transgresión reinventa sentidos liberadores. En toda su producción literaria, aparecida en revistas impresas y publicaciones digitales, gravita una misma obsesión por un lenguaje conciso, lúdico y esencial que reconcentra en sí mismo toda la savia de su cosmovisión postwaltdisney. Al igual que los griegos, cuando redujeron a átomos el divino Olimpo, Laignelet desmitifica los dibujos animados dándoles al Mago Merlín, Blancanieves o Guillermo Tell un soplo de vida fecundo y alternativo que desgrana las contradicciones y problemáticas del hoy en la aldea global.

Tras su paso por las islas, queda el regusto de una espera permanente por su retorno, sabemos que lleva entre manos una larga y cuidada antología de poesía sobre gatos-  “Gatimonio. Poemas de gatos de autores hispanoamericanos” (Lebas, 2013)- y lidia con los personajes del circo y de la biblia para nuevos filones literarios, así que celebramos con estas palabras el hecho de que su libro “Cuentos sin hadas” viera por primera vez la luz en las tres orillas, en el archipiélago de las letras, tan nuestro como suyo, de mitos y turistas.

 

 

Samir Delgado

(Islas Canarias, 1978) Poeta, activista, crítico de arte y periodista freelance. Director del Festival 3 Orillas y el Tren de los Poetas. Residente en México

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