Más aliens que E.T.

Fede fue la primera persona a la que conocí que tenía ojos claros de día y oscuros de noche. Y, aunque por mucho tiempo no lo conocí en la noche, noche (y, lo puedo asegurar, sus ojos en la noche son oscuros), siempre lo vi en una noche falseada: tras las cortinas de un apartamento. Nos veíamos cada ocho —o quince— días, siempre los domingos, en el apartamento de su mamá y mi papá. Desde que yo tenía cuatro y él siete, y por más de diez años, nos encontramos de forma constante. (Sí: Fede es mi hermano). Y tengo que empezar por hablar de sus ojos, en esto que pretende ser una reseña de su último álbum de rap (Más aliens que E.T.), porque de rap no sé mucho. O nada. O, mejor dicho, lo que sé lo sé por él. Pero sí sé de él. Y me parece que la única forma sensata de describirlo es a través de ellos. Porque ha sido flaco y gordo, bajito y altísimo, ha tenido rastas, barba, novias,… pero sus ojos tornasol son los únicos que no han cambiado. O sí. Pero siguen teniendo la posibilidad de ser verdes o café según la luz (o su estado de ánimo).

La primera vez que noté que eran verdes, a la luz del parque, fue sorprendente. Su mamá me señaló el color tan bonito que tenían. Yo nunca lo había notado. Y entendí, porque a esa edad no se entiende al tener las cosas en frente, sino al ser señaladas por alguien más, que Fede cambiaba de color con el sol. Claro, me pregunté eso cómo era posible. Los colores tendían a ser siempre los mismos —no como en la actualidad, en la que las cosas (los vestidos, etc.) cambian de color según el Facebook desde el que se abran. En los noventas, por lo menos, el rojo siempre era rojo, igual que el gris o el café. Pero ese día me di cuenta de que esa regla, aparentemente, se rompía en los ojos de algunas personas, como los de mi hermano.

Desde ese día Fede y sus ojos me dieron la posibilidad de entender que la gente puede ser triste y feliz al tiempo; que la oscuridad y la luz no se pelean en el alma de nadie. Y en su álbum, desde la primera canción (Como andar en bici) se nota que él lo integró a todo lo que hace. Al inicio habla de un “domingo caluroso sin un árbol a la vista”, en el que pedalea con desgano, con los audífonos enchufados para silenciar el tráfico, y esquiva “carros, putas, tombos, huecos y agentes de tránsito”; de energías negativas, y la búsqueda por refrescarse en una ciudad infernal. Pero en la segunda parte, que empieza igual que la primera: hablando del “domingo caluroso”, sorprende cuando rompe con la melancolía del inicio y habla de “prenderse vigorosos” y “traseros hermosos”; de chicas a las que quiere “poner a sudar”, chelas y charlas. Parece raro. Hasta que aparece una rima que encierra todo: “Paso de sonar complicado a sonar easy; mi rap es libertad, como montar bici”. ¡Él lo sabe! Como sus ojos, no todo el tiempo tiene que ser grave. Puede ser claro, como nuestros domingos de Yugi-Oh y columpios, o sus domingos de parches relajados.

Cuando rapea, por supuesto, no es “Fede”, es “Moly”. Y no el “Moly” que llenó de firmas el cuarto en el que veíamos muñequitos hasta la madrugada. Es un Moly que carga con una tristeza que se ha multiplicado en los años de distancia. Puede decir cosas como “Ritmo lento pa’ una vida rápida, que todos vamos pa’ la lápida”, “Dejo mi alma, en todos lados dejo mi calma”, “Destruyo mi templo con todo lo que meto, por más que lo llene estoy vacío por dentro”, “¿Pa’ qué pensar en la tristeza? Siempre está aunque no la llame; como un tatuaje, no se me quita ni con láser. Convivo con ella en perfecta simbiosis, se vuelve fuerte con las dosis, aumenta mi psicosis”, “El futuro lo veo gris: lo vuelvo verde con mi weed”, o “No soy transparente, tengo el alma empañada; los pulmones negros por tantas caladas. Un lobo solitario que no tiene camada”. Pero en algún punto del álbum dice “Solo ves mi cara así que tú no sabes nada; lo que pasa por mi mente solo en letras queda plasmado”. Y pienso que nunca conocí su lado realmente oscuro. Que las cortinas no fueron suficientes para simular la noche del alma. Y siento que me acerco a él, de nuevo, escuchándolo.

Igualmente, sería imposible decir que sus ojos no han cambiado en lo absoluto desde mis quince y sus dieciocho de complicidad semanal. Ahora, por ejemplo, los he visto, más de seguido, pequeños e irritados. Pero en su álbum da cuenta de esas transformaciones: rapea el Fede de las bicis, que odia el transporte público; el Fede de las nenas; el Fede de Cali que a duras penas conocí en noches distraídas; el Fede de Pacará; el Fede que es un amigo. Y lo que me inquieta es que me sigue gustando lo que hace. Casi como se admira lo que hace un hermano mayor. Aunque sería imposible que no fuera así. Sigue siendo tan honesto como lo que escuché la primera vez que intentó grabar un rap, con un micrófono amarillento, en un Windows 2000, y con las letras en una página de Word. A quien escucho cuando en los audífonos aparece su voz nasal y airosa, es al mismo Fede al que yo conocí y que, desde pequeño, decidió serse fiel a sí —y solo a sí— mismo: a Moly.

En todo caso, los ojos de mi hermano y su álbum son muy parecidos: ambos son honestos: claros y oscuros cuando lo necesitan y se lo permiten. Ambos oscilan entre la claridad del parque al medio día, del almuerzo por fuera: son banales, exactos; y la oscuridad del cuarto, del balcón de los abuelos para fumarse un pucho robado: angustiados, con el miedo, la impaciencia y la soledad del caso. Y tienen ritmos lentos y letras que se quedan atascadas en circunvoluciones del alma:

Las cosas van y vienen, de imprevisto la calle propone, la lucha mantiene viva la esperanza diaria, brother/ Las cosas van y vienen, victorias, derrotas, historias perdidas, rappers que destilan buena vibra, nigga.

 


*En esta reseña me limito a hablar del trabajo de Moly, porque es el que conozco. Para escuchar más de él entren acá:

MolimanStyle: http://www.soundcloud.com/molimanstyle
Contacto: molimanstyle@gmail.com

 

Link al álbum completo:

El equipo de trabajo de “La Zona fantasma” compartió estos 7 temas grabados durante los último 4 meses del año 2015. Mezcla y masterización por DannyBlone a.k.a Willie Blone-Ka en la ciudad de Buenaventura. Todas las instrumentales a cargo de Abalen Beatz menos el track numero 6 por Danny Blone a.k.a Willie Blone-Ka. Imagen a cargo de MicroUno A.O.P.

 

Video de una de las canciones:

Mariana Piñeros

Empecé seis carreras. No gané ninguna.

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