Correspondencia de Adolf Swarovski (1)

Por: Duver Alexander Pérez

@DuverAlexPerez

Budapest, Hungría – 9 de julio de 1986, 12:30 am

Mi Compañera

Ha pasado un tiempo considerable desde la última vez que tomé un lápiz y un papel para escribir a mano algo que lleve más de dos líneas. Quizá sea el misticismo que le adjudico a este acto,  tal vez sea el romanticismo que carga, o que, posiblemente, no había hallado una razón de peso para hacerlo.

Es muy extraño, ¡demasiado!, ver cómo las letras se van juntando y, no obstante, el sonido de las teclas es inexistente. En su lugar está la melodía de un bolero que acompaña y el paso del lápiz por encima de esta hoja. El Ruiseñor canta y el señor Swarovski escribe. Eso es lo único que se oye en la habitación (sin mencionar el sonido que hace la cerveza mientras baja por mi garganta).

En la radiola El Ruiseñor canta Añoranza, mientras yo recuerdo lo ligada que esa palabra ha estado a mi existencia. Los deseos son de la carne y las añoranzas del alma, y no recrimino los impulsos de la carne (tú me has sentido), pero sí anhelo la boda entre el ímpetu de la piel y los delirios del ser.

Y esos delirios inician por su paz, por sentir el beso y la caricia que van más allá de lo corporal, se pueden percibir en la distancia, son inefables, y afligen el alma cuando no son constantes; aunque la espera agobiante e inenarrable los justifica cuando, al llegar, le brindan éxtasis al espíritu. Porque el ser humano es algo que va más allá de un cerebro y unos órganos, de un tejido de piel y unos huesos, de los sentidos y un llamado razonamiento. Su existencia se justifica en algo que trasciende más allá de lo que perciben esos elementos que lo componen.

Una caricia al alma, éxtasis para el espíritu y anhelos de eternidad: ahí se justifica su respirar y eso debe brindar el ser que tomas de la mano. Porque tomarse de la mano no es algo tan simple y banal: es entrelazar el camino, encarrilar el destino de quienes las juntan y recordar sin nostalgia lo que existió antes de.

Y usted, Mi Compañera…, usted me da paz,  me alegra y acaricia el alma, usted le da frenesí a mi espíritu. Su olor, abrazos, besos y caricias me exaltan la piel. Justificación de existencia y anhelo de eternidad, eso es lo que usted me brinda.

El disco de acetato llega a sus últimos segundos (suena Azabache), la cerveza se acabó y todas las tiendas están cerradas. Mi vecino golpea la pared y refunfuña entre dientes por la luz del bombillo y porque el volumen de los boleros se  ha subido paulatinamente desde que tomé el lápiz (no sé si fue por eso o porque el silencio de la madrugada lo fue aumentando). Así las palabras ya no fluyen con la misma facilidad de los párrafos anteriores y es mejor parar, a las letras no se les debe forzar.

Y usted ¿cómo se siente? Escríbame o mándeme lo que dibuja pronto… Lo esperaré con ansias.

Suyo,

Adolf Swarovski

Duver Alexander Pérez

Presentador y reportero del programa Ángulo Deportivo de la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia. Ha colaborado con el portal de Acord Antioquia (Asociación de Redactores Deportivos de Antioquia). Columnista de la Revista Sole, el Periodicko, la Revista Literariedad y colaborador periodístico del periódico universitario Norte Urbano. Actualmente es el Comunicador de la Liga Antioqueña de Judo.

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