La Muestra de Teatro Alternativo & Literariedad

A continuación comparto el prefacio que escribí para la publicación artesanal conmemorativa de la Muestra de Teatro Alternativo, que este año llega a su octava edición.


La Muestra de Teatro Alternativo nació en 2009. Comenzó como un evento de tres días, con un solo grupo foráneo invitado y una actividad académica, y en ese tiempo, hay que decirlo, éramos más los integrantes del equipo de logística (parecía que cada actor tuviera dos o tres dolientes a su servicio) que el público que llegaba a las funciones. Estamos hablando de otros tiempos, no muy lejanos pero sí muy distintos, por fortuna para la ciudad, porque hace diez o quince años Pereira sufría de una modorra pasmosa, desesperante, mucho peor que la de ahora, que ya de por sí es bastante triste.

En cuestión de un par de años el evento fue creciendo con su público, el equipo de trabajo comenzó a reducirse a sus justas proporciones (nos fuimos quedando cada vez más solos a medida que acumulábamos fracasos que ni siquiera clasifican como “estruendosos”, porque a nadie más que a nosotros les importaron; eran fracasos silenciosos) y, para el año 2012, entendimos que habíamos gestado el conato de una iniciativa que, más que un evento de teatro, de esos que abundan en todas las ciudades del país, podía afianzarse como un proyecto de ciudad, siempre apuntando a un objetivo de mediano y corto plazo que aún no conseguimos del todo, a saber: contribuir a la formación de un público autónomo, crítico, responsable y participativo en Pereira, mediante la diversificación de la oferta teatral y la divulgación del trabajo tanto de colectivos de amplia trayectoria como de grupos emergentes e independientes, siempre bajo el criterio de la calidad técnica y estética. Queremos que el público para teatro en la ciudad reconozca la holgura desbordante que engloba el término “teatro”, que más que un lenguaje unívoco (para la mayoría de la gente, el teatro es una cosa vetusta, donde la gente se pinta la cara y se pone trapos sucios de colores para hacer “payasadas”, desconociendo con ello, además, la poesía inefable del payaso) es en realidad un arco inmenso que se tensa permanentemente, donde caben desde las manifestaciones más sencillas hasta las más extravagantes; que el público, pues, revise su idea de lo que entiende por teatro y que forme su propio gusto a partir de la experiencia, y no de la ignorancia.

Para el 2012 empezamos a entender (aunque todavía no lo entendamos del todo) que no se trata de programar funciones, de hacer eventos, sino de generar movimiento, y que sólo dos cosas pueden garantizarlo: la organicidad (entendida como un gesto de solidaridad permanente con otros creadores, otras personas y otros proyectos) y la constancia (no parar de hacer, nunca). De ahí viene, pues, que ese mismo año decidiéramos abrir SALAestrecha, nuestra pequeña sala de teatro, que este año cumple cuatro años de actividad permanente e ininterrumpida, como un movimiento natural en el objetivo de formar público y crecer con él como creadores, porque ésa es la cosa: quienes trabajamos en este proyecto, así como quienes nos ayudan a sacarlo adelante (jalando cables, cargando estibas, llevando y trayendo gente), no somos gestores culturales ni empresarios ni mercaderes del arte; somos creadores: actores, dramaturgos, diseñadores, poetas, fotógrafos; en ese sentido, nuestro esfuerzo de gestión es, más bien, un gesto poético, o más bien ético: vemos el oficio de la creación como algo que va más allá de la obra, como algo que nos compromete directamente con la vida, con el sentido de comunidad. En resumen, estamos convencidos de que la posibilidad de hacer buen teatro depende, en buena medida, de la formación de un público competente, que nos exija y nos critique sobre la base de un acervo amplio; que nos dé palo porque ha visto mucho teatro y sabe diferenciar ya, de hecho, entre la poesía y el embuste.

A partir del año 2013 comenzamos, pues, a pensarnos la Muestra de otra manera: queríamos (y queremos todavía) construir un encuentro entre amigos, una experiencia agradable para nuestros invitados, un lugar amable, donde se tejan lazos, donde haya risas; es cierto que a veces resulta y otras veces no, pero siempre ha sido uno de nuestros objetivos principales. Y, por otra parte, queríamos pensar la Muestra como un espacio para generar contenidos diversos más allá de las funciones; buscamos, por ejemplo, articular otras disciplinas: invitamos fotógrafos, ilustradores (cada año, la Muestra le presenta a su público un artista visual distinto), y, entre otras cosas, invitamos también a los muchachos de la revista Literariedad – Apuntes de peatón para que hicieran las reseñas de las obras invitadas a la Muestra. Tal vez más que cualquier otro, el contenido de esos textos constituye la memoria del proyecto.

La publicación que presentamos la debemos estar encuadernando a mano un grupo de amigos en SALAestrecha mientras usted lee este texto en el portal de Literariedad. Lo hacemos gracias a la ayuda de la Editorial Cartonera delahogadoelsombrero de Cali. Todo lo que está escrito arriba, y lo que sigue después del próximo punto seguido, hace parte del prefacio del libro, antecedido por un generoso texto acerca de la Muestra escrito por Cristóbal Peláez, director del Teatro Matacandelas. El librito artesanal compila fragmentos de las reseñas de Literariedad y los acompaña con las ilustraciones que amablemente nos han cedido los artistas que, cada año, invitamos para darle forma a la imagen de la Muestra. Cada hoja de este libro debe entenderse como un agradecimiento profundo a los grupos que ahí aparecen, así como a los que no aparecen pero también han hecho parte de este proceso, pues se nos quedan por fuera muchas obras. Como siempre, nuestras intenciones exceden con creces nuestras capacidades. Valga, entonces, este espacio para agradecer sinceramente a todas las personas que han hecho posibles estas ocho ediciones de la Muestra de Teatro Alternativo.

César David Salazar Jiménez

Treintañero. Nací en Bogotá pero soy pereirano; estudié Sociología pero hago teatro. Me resulta curioso cuando la gente habla de sí misma en tercera persona, pero me encanta Pascal cuando afirma que «el YO es detestable».

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