El país extraño

Por: Roberto Segrov

Uno podría tomar a Hemingway en ambas manos y levantarlo del suelo y verlo evolucionar veloz. El polluelo de Hemingway lo miraría a uno con sorna y con cansancio, y con miedo, pero no habría modo de saber en qué momentos mira de un modo u otro, porque Hemingway se mueve muy rápido. Lo tiene uno en las manos, sí, a la vez, sólo tiene la idea de lo que Hemingway es.

Aquello me lo explicó mi padre un día. Me contó que tenía un palomar en una terraza. Me contó que criaba a sus palomas con mucha dedicación, con mucho amor, con mucha codicia o lo que puede ser la codicia por la vida de otra especie que jamás nos ha pertenecido, mucho menos las aves, se entiende. Papá relató cómo su obsesión por esos polluelos que habrían de servir tan bien en las guerras como correos y comandos espía, y que engrosarían la larga lista de los zoosolados o zooguerreros, o zoounidades, para emplear la jerga técnica, lo llevaría a quedarse observándolos por horas, por días, por semanas enteras. Subía a la terraza, se encerraba y se sentaba a mirarlos, y los veía evolucionar. Veía cómo el plumaje de los pichones nacía y crecía; notaba cómo cambiaba de rubio a blanco, de blanco a gris, de gris a negro o verde oscuro o rojo; presenciaba la conversión final, el paso de unos ojos negros al endurecimiento criminal de unas pupilas que todo lo ven, eso y aquello inenarrable que le ocurría a los picos, antes adminículos de pasta con que las pequeñas criaturas temblorosas se alimentaban, ahora, ¿cuándo?, ahora, puntas afiladas de acero con que cegaban y mataban.

Uno toma así a Hemingway en las manos y lo ve salir de proporción. Así me señaló mi padre que debía hacer. Tomarlo y dejarlo hacer en mis manos mientras al fondo una conversación lo sostiene todo. Una conversación entre una mujer y un hombre, entre dos hermanos, entre padre e hijo, entre un negro y un indio, entre dos soldados o entre un anciano y un perro. Una conversación que todo lo sostiene, que sostiene el vacío que contiene al universo, un murmullo que sostiene al universo con sus galaxias y sistemas planetarios, que sostiene los hoyos negros y a la materia oscura, que sostiene y curva los fotones y que refleja la luz y el silencio sideral, y que sostiene el planeta, el tiempo y la gravedad, que sostiene a Budha en una mano mientras nos sostiene y fascinados nos cautivamos con la voz multiforme de Hemingway.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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