Sonrisa de piraña

Fotografías de Andrés Felipe Rivera.

 

Sonrisa de piraña, Púrpura Creactivo (Bogotá) en la VIII Muestra de Teatro Alternativo de Pereira, 28 de julio de 2016.

 

Benditos desaciertos

Por: Camilo Alzate

También estaban equivocados los pintores renacentistas porque imaginaron a Cristo vestido como un veneciano del siglo XVI, rubio y con ojos claros, entre paisajes de viñedos, entre campiñas, cuando uno sabe que en la desértica Galilea ni había campiñas, ni Cristo dejaba de ser tan moreno como cualquier palestino de su época.

¿Hay desaciertos en el arte? Demasiados, por fortuna.

Desaciertos como mezclar en el argumento de «Sonrisa de piraña» una primera dama histérica, un payaso, un doctor-bomba y una sirvienta, todos encerrados en un correteo de buenos y malos (al estilo de Tom y Jerry) mientras cierta confabulación oscura pero caricaturesca quiere contagiar la tristeza por el mundo. Una conspiración malvada para que la gente se deprima, vaya cábala digna de Bob Esponja.

Luego está la entonación que modulan los actores, ese acento de telenovela mejicana, o de serie de Carton Network doblada al español por mejicanos, ese tonito impostado y artificial que contribuye a recargar una atmósfera ya de por sí densa e insoportable aunque burlesca, tan grávida como banal, tan cómica como dramática, donde estos personajes van a alternar el nerviosismo exasperante con la farsa en un movimiento pendular que va y viene, entre el momento del estallido del doctor bomba (estalla pero, como en los dibujos animados, no mata a nadie) y las pataletas de la primera dama. Debo reconocerlo, es una forma inteligente de acercarse a lo grotesco –era el propósito del autor– explorando con lupa y exagerando aquella frivolidad que se esconde en los dramas de la nación colombiana; la soledad del poder, la extravagancia de la riqueza, los silogismos ridículos de la guerra. Lo mismo que hizo un premio Nobel a su manera.

Sin embargo, esta es otra manera, y eso es lo que importa, que rompa, que refute un modelo encasillado de colocar situaciones en escena, que prefiera el pastiche y asuma una trama de aventuras y desventuras como en las tiras animadas, acorde con los dilemas de nuestro tiempo, en sintonía sarcástica con tantas versiones telenovelescas que repiten los productos de la cultura de masas sobre la realidad colombiana, versiones tan fáciles y tan mediocres que acaban por ridiculizarse a sí mismas. Hay que admitirlo: «Sonrisa de piraña» es una gran sátira sobre este país y su costumbre de banalizar la tragedia. La obra consigue lo que se propone, exhibir la ridiculez, lo grotesco, lo rabelesiano, y cuatro o cinco conceptos más que debería reseñar pero no lo haré, no voy a posar de intelectual.

A William Guevara, el director de Púrpura Creactivo, le vale un comino si alguna vieja gloria de las tablas le señala obviedades en la construcción de los diálogos, le critica esa manera de recitarlos, o desaprueba la arbitrariedad de la historia que combina indiscriminadamente referentes políticos e históricos con fantasías de novela rosa y dibujitos infantiles. William sostiene que era urgente inventar un lenguaje diferente que se apropiara de los símbolos de nuestra generación, esa que se crió con los Simpson, Jorge Barón, Nirvana y la Rosa de Guadalupe. Él está inventando ese lenguaje a punta de creatividad, y de benditos desaciertos, pues lo mejor es que tiene razón.

@camilagroso

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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