Pisar a la cucaracha

“Entonces, antes de entender, mi corazón se puso blanco como se ponen los cabellos.”  

La Pasión según G.H. Clarice Lispector, Cuenco de Plata, Argentina.

lA PASIÓN SEGÚN G.H.

Pisar a la cucaracha sin parpadear, porque ella es animal sobreviviente de las bombas radioactivas y tal vez también ancestro del abuelo, del abuelo de mi abuelo cuando su cuerpo fue corroído entre el sarcófago por miles de otras alimañas. Pisarla por aquella historia familiar de la tía que cuando tenía dos años se tragó una, tal vez tatarabuela de esta. Por todas las historias que guardan las familias en sus silencios.

Acabarla porque se resiste, me mira, me refleja, porque no ha encontrado su propia lengua.  Tal vez señorita porque eres opinóloga de lo que no sabes, porque hablas solo por vicio, también por someterse, por la apariencia de andar por el mundo sin incertidumbres, por la rebeldía que ya dejé con todas las botellas vacías en un parque nocturno, por la doncella que ya no soy y por la Atenea que tampoco seré.

Aplastar todos los ojos y las miradas y los huevitos dentro de ella, por vanidad, porque todos los pies grandes han puesto su huella sobre los diferentes, cafés, antenitas de vinil, cucarachas fritas, sapos remendados. Porque se pone sandalias con medias en medio de un calor que hace alucinar leyendas del Dorado. Dejarla sin aliento por solidaridad con los oprimidos que tienen que dormir con ellas pasando sobre sus bocas. Porque a la mano le sobran palabras y le faltan imágenes. Por todas las Clarice que nacieron antes que yo y que escribieron La Pasión, y por G.H. que se la comió y que la abortó en esa novela, en medio del viacrucis.

Podría mejor comerla como mi tía, como G.H., como los oprimidos. Devorarla en un instante, engullirla, anidarla en mi estómago y liquidarla con los jugos gástricos, saciarme antes del almuerzo y eructarla después del plato fuerte. Es una posibilidad, hacer mío lo que no me gusta del mundo y de mí. Este enemigo honroso que eres me engulliría desde adentro y sería parte de todo lo blanco que pisarías, crecerías a tu manera y tus moléculas brotarían como rosas en el jardín de los niños enterrados después de los tiroteos.  Pero soy juez  y parte de mí, por eso me condeno a no comerla, por la cobardía de pensar binariamente. No todo siempre sale como uno lo espera, y lo acepto esta vez también.

Por esta vez dejarte pasar de largo, que sigas siendo cucaracha y te reproduzcas con tus alas delgadas de cucaracha en Chernóbil, o en Colombia. Esparce el polvo calcinado de un humano del que alguien habla en los libros como una cifra. Sigue acumulando recuerdos de lo que no entendemos, de lo opaco, de lo obscuro y tiñendo de intermitencias a los tranquilos. Después de todo yo seguiré siendo pequeña en esta montaña y seguro que alguien desde otra galaxia está mirándome como un insecto enemigo al que hay que pisar. Sigamos ambas con nuestra insignificancia, tú siendo cucaracha y yo esperando el próximo golpe para el molde de lo que soy, la cicatriz imperceptible de mi propia constelación.

*Comentario telepático a partir de la novela La Pasión según G.H. de Clarice Lispector.

 

Angélica Hoyos Guzmán

Creo que la literatura es la vida. Investigo sobre las formas de la sobrevida en el mundo contemporáneo a través de la poesía y el arte. Colecciono indicios.

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