Los placeres de un cinéfilo -Parte 1-

 

Las películas tocan nuestros corazones, despiertan nuestra visión, y cambian nuestra forma de ver las cosas. Nos llevan a otros lugares. Nos abren las puertas y las mentes. Las películas son los recuerdos de nuestra vida.

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

 

¿Pero es que acaso puede haber algo aún más horrible, susceptible de convertirse en realidad, y es ese algo lo que me aterroriza hasta tal punto?

Katherine Mansfield

 

La generación de Martin Scorsese es la primera que, en los Estados Unidos, hace un cine directamente tributario de la historia fílmica: hay en todos ellos la clara voluntad de entroncar su obra con algunas de las importantes tradiciones presentes en el cine estadounidense clásico. Para algunos de ellos, notoriamente los “californianos” Steven Spielberg y George Lucas, este proceso se ha cumplido en forma clara y natural: el cine de aventuras es para ellos, “el cine”; el entretenimiento y el romance, el ritmo ágil y la acción, son consecuencias circunstanciales a su opción estética. En oposición al desarrollo natural de este nuevo estilo hollywoodense nos encontramos en el caso de cineastas neoyorquinos como Martin Scorsese, con un camino que, llegando a conclusiones parecidas a las de sus colegas del Oeste, presenta un recorrido más indirecto y más intelectualizado. Martin Scorsese se forma en la Escuela de Cine de Nueva York y se inicia bajo la sombra de la Nueva Ola Francesa; declarándose enfáticamente admirador de Jean-Luc Godard; sus primeras obras presentaban con claridad la influencia de un vanguardismo sofisticado y radical. Pero recorriendo hasta las últimas consecuencias los “gustos” de la Nueva Ola, remontándose al origen de ésta, Martin Scorsese se regresa inevitablemente al cine estadounidense clásico, al que los críticos franceses convirtieron en uno de los mitos culturales más importantes de nuestra época. Según sus propias declaraciones, “el cine de autor” o de los “autores”, tal como fue introducido a los Estados Unidos por Andrew Sarris, fue fundamental para Scorsese; le permitió valorar desprejuiciadamente el cine que había disfrutado vorazmente desde pequeño: Bergman es bueno, pero no es único como nos habían enseñado en la Escuela de Cine. Descubrí que me gustaban la mayoría de las películas que me gustaban de niño. Por tres años no había visto películas estadounidenses, pero Sarris y la “politique des auteurs” fueron como respirar aire fresco. Sin embargo, esta experiencia “europeísta” no fue totalmente negativa para el cine de Scorsese; permitió, en realidad, enriquecer la tradición del cine estadounidense en forma mucho más creativa y renovadora. Ha logrado mantenerse al margen de las grandes superproducciones que han absorbido a compañeros de generación y ha podido desarrollar con consistencia un cine personal y fiel sólo a su propia sensibilidad. Como casi ninguno, Scorsese es un cinematografista que domina plenamente las reglas y convenciones propias de los géneros cinematográficos, pero utilizándolas, las transforma en reflexión personal, en autobiografía, cargándolas de un expresionismo romántico que no tiene excesos estilísticos; cosas con las que jamás hubiera soñado un Howard Hawks.

El otro aspecto fundamental en el cine de Scorsese, que complementándose con su erudición y pasión por el cine proviene también de su niñez, es su catolicismo. Hijo de inmigrantes italianos producto típico del barrio de Nueva York conocido como “Little Italy”, Martin Scorsese, quería ser un sacerdote católico: quería aprender cuanto pudiera de los jesuitas y culminar su ambición adolescente de convertirse tan solo en un simple cura de parroquia; la única otra posibilidad de ascenso social para muchachos de su extracción era la de pertenecer a la Mafia, cosa para la cual el nervioso y tímido Martin Scorsese no se sentía muy capacitado. Afortunadamente para los admiradores de su posterior obra cinematográfica, Scorsese fue expulsado del seminario por sus bajas calificaciones; reiterados fracasos en nuevos intentos de lograr una formación religiosa terminaron empujándolo a cursos universitarios de historia del cine y así sucesivamente hasta conseguir filmar su primer largo ¿Who’s that knocking at my door? a los 27 años. El catolicismo lo marcó en dos aspectos: la fascinación por la iconografía religiosa –presente en Calles peligrosas-, que se traduce en el culto al impacto emocional de la imagen, en el barroquismo visual como correspondiente directo de la violencia emocional que invade a los personajes, y en la valoración a la vez exaltante, sensual y sobrecogedora de la música en estrecha relación expresiva con el ritmo visual de los movimientos de cámara. En segundo término, el catolicismo aporta al universo temático de sus películas la recurrente obsesión por el logro de la redención mediante el descenso al infierno, por la violencia y el sufrimiento como medio purificador de la culpa, y por la idea de la reconstitución personal alcanzada tras haber empujado los propios límites hasta la casi destrucción total.

 

Una noche como ninguna

Después de las horas (After Hours, 1985), es una película en la que confluyen de modo particularmente ejemplar estas múltiples vertientes del universo fílmico de Scorsese. Es fácil constatar que estamos ante una película de género de comedia, se trata del arquetípico argumento del “ascenso y caída” de un personaje que surge de una condición humana tradicional, inicia su escalada y llega a la cumbre en su oficio, para después desmoronarse en el corazón de la noche. La enfermedad y el miedo, constituyen la sustancia del relato y son tratados con una apabullante virtuosidad. Desde la primera secuencia se marca la huella impronta de este espléndido movimiento ágil que, a través del espacio neutro de una oficina de informática, viene a buscar y a fijar cada vez más el encierro del cuadro. Y es allí en donde se limita al hombre, al tema y a la víctima, al personaje de la historia. Después de las horas es una comedia pánica, en el sentido particular de un dramaturgo como Fernando Arrabal. A pesar de contar con algunas alusiones a Kafka, una persecución en las cercanías de una taberna punk, la circularidad de la historia se consolida en los ambientes paranoicos y en esa espiral de horror, un horror que no se presenta de una manera directa sino más bien expuesta siempre anticipada, imaginada, desmentida y desunida de todo efecto cómico. Paul, el personaje, es la última estatua de la desesperanza, de la locura y de la muerte, la alegría del yeso. Después de las horas es una sátira social, es una caricatura de los ambientes nocturnos y del esnobismo de Nueva York, así como también de la comedia de situaciones, del cuento metafísico y de la película de angustia.

Paul Hackett trabaja como administrativo en una empresa de Nueva York. Su vida es aburrida. En una cafetería, mientras lee “Trópico de Cáncer” de Henry Miller, conoce a una chica que le da su número de teléfono. Paul, solo en su apartamento, decide llamarla y quedar con ella. Será el comienzo de una noche llena de adversidades.
Paul Hackett trabaja como administrativo en una empresa de Nueva York. Su vida es aburrida. En una cafetería, mientras lee “Trópico de Cáncer” de Henry Miller, conoce a una chica que le da su número de teléfono. Paul, solo en su apartamento, decide llamarla y quedar con ella. Será el comienzo de una noche llena de adversidades.

Después de las horas es en realidad, y en último término, una sátira de una misoginia literalmente arcaica, en la cual, el personaje de Paul es la expresión aterrorizada. Es una teoría de mujeres que se van volviendo cada vez más perversas (Kiki), la mujer que siempre está tentada por la idea del suicidio (Marcy), la histérica (Julie), la viril (Gail) y hasta la más posesiva y sicótica (June). Y todas ellas son las que arrastran a Paul hacia el espiral del pánico, del horror de una noche que no podría ser como cualquier otra.

 

Más artículos de Juan Guillermo Ramírez.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Un comentario sobre “Los placeres de un cinéfilo -Parte 1-

  1. No tenía la más mínima idea de que quería ser cura, aunque sí había leído algo acerca de la visión cristiana en sus películas. ¿La parte 2 (y las que le siguen) será también sobre Scorsese? Sería buenísimo leer algo así como un seguimiento a varias de sus obras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s