Teixits, ópera prima de la uruguaya Emmi Finozzi

Es un placer confesable y una responsabilidad mayor dar una primera noticia de un libro de poemas y que correspondan a la firma autógrafa de una autora joven cuyo itinerario literario está cargado de futuro. Me refiero a la poeta uruguaya Emmi Finozzi, residente en Manacor, Palma de Mallorca, isla mediterránea de mitos arcádicos y mestizaje intercultural. Su ópera prima titulada “Teixits” contiene la dosis exacta de confidencialidad y compromiso, de ternura y de espontaneidad, de contundencia ética y autorreferencialidad, para dar que hablar en el panorama hispanohablante.

Yo la conozco desde hace una década. Y pasear ahora por sus textos con el privilegio de reconocer algunos parajes comunes y el testimonio de amores que fueron para otros un ejemplo de arte amatoria literaturizable, supone una acumulación de verdades que merecen su acogida pública inmediata. Hay en los poemas de la uruguaya Emmi Finozzi una auténtica colección de feellings, el entrecruzamiento perceptivo de aconteceres íntimos que dilatados en la escritura constituyen lo en sí del poema: la intrascendencia de la lluvia del primer encuentro, los recuerdos del desván memorístico sobre los amores transcurridos, la paralización del mundo en el éxtasis del instante compartido, las varias formas de hacer el amor, la añoranza desde la distancia gravitacional de geografías trasatlánticas,  graduaciones del tempo local en la isla de Palma de Mallorca, un sinfín de momentos lúcidos, de calidad y potentes, que estructuran la línea de flotación de un poemario en español y catalán que es pura candela, de una armazón estructural bien ligada, transversal y de una frescura inagotable.    

Con la lectura de los poemas-tejidos de Emmi Finozzi me he percatado de la existencia en paralelo de mensajes ocultos en casi todos los primeros poemas de muchos autores en la historia de la literatura. Se me ocurren por ejemplo a raíz de la lectura sosegada del libro Teixits, los para nada prescindibles sonetos iniciales de la obra Liebesgedichte que el alemán Bertolt Brecht compuso en su dilatada trayectoria como dramaturgo. Aparecidos en 1966 de forma conjunta, cada uno de los poemas desvela la mirada íntima del amante, el continuum amoroso de un poeta que conjugó de forma magistral la ironía moral, el desvelo hacia la persona amada y la pulsión infinita del deseo.

Como en los textos de la autora uruguaya, el Sonett primerizo revela a todas luces una declaración de principios, su propósito es iniciático, el amante que se deja entrever está descarnado, invisible, apenas inusitado con un rostro y un nombre. Desde el principio, en un estado de crisis, de incertidumbre total por el transcurso inexorable de la vida, aparece de puntillas la referencia innombrable, el anhelo interior con una dimensión ética. El ser amado es la revolución, el camino que prosigue la voz confesional del poeta. Brecht traslada la figura del amor al compromiso asumido, a la dialéctica creativa, al proceso de síntesis que se plantea en la objetivación de lo bello. Su amada es la compañera, el ideal de justicia en un tiempo marcado por la confrontación total en la vida cotidiana. Lejos de mencionar a una esposa, carnal y visible, su voz requiere a lo intangible deseado, casi diría que al socialismo. Es la parte más didáctica, pedagógica e instructiva del teatro épico de Brecht, ambientado para las masas y construido en función del archiconocido “distanciamiento”, lo que deja que se asome al verso de sus primeros sonetos como una confidencia primordial que redefine el latido amoroso en los términos de una autocrítica disciplinada, con un aire postromántico que no abandona el lado sacrificado y doliente del genio.

La poesía amatoria en la que se ubica el libro de la autora uruguaya muchas veces se inclina decididamente al lado del valor constructivo del ideal, el deber debido hacia el amante que hace de guía moral en el camino común de las historias íntimas que son producto de la acción intersubjetiva del ser humano. En la confrontación permanente que estimula el mundo de lo social, el creador persigue la utopía por medio de sus implicaciones estéticas, la conjunción lírica entre el enamoramiento de lo porvenir y la saudade del tiempo sucediente. He ahí la provocación de la escritura cuando insta a la vocación del amor, invocado en la propia textualidad -se vive como se escribe- el verdadero camino es la vivencia literaturizada, la meta del poema es el registro de la permutación, del cambio transformativo que sucede en el propio hallazgo de los escenarios intrahistóricos de la experiencia de pareja que surgen a la par en el proceso emancipatorio de la creación.

La obra “Teixits” de Emmi Finozzi se afirma como una variante enriquecida de esa modalidad de poiesis entendida como la producción de realidades vivas, cualitativamente distintas, creadas a su vez como un producto cultural constituyente del devenir de los sujetos recreados. Su experiencia como emigrante atestigua que la poeta uruguaya tiene un futuro prometedor en el ámbito de la poesía, el camino está andado y el libro continuará sus rumbos con vida propia, tejidos líricos al viento.

Samir Delgado

(Islas Canarias, 1978) Poeta, activista, crítico de arte y periodista freelance. Director del Festival 3 Orillas y el Tren de los Poetas. Residente en México

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