Ida Gramcko

Ida Gramcko. Ilustración de Pablo Kalaka.

IDA GRAMCKO
1924 – 1994
Mas caracol

 

Por: Katherine Castrillo

De su centro-caracol le fueron naciendo versos. Emergían como espirales inagotables desde cada vértice de su infancia, imposibles de contener aunque ella fuera silenciosa, aunque el armazón de su cuerpo tierno fuera toda flacura. El escritor y periodista gallego Eduardo Blanco-Amor, dijo que a poco de conocerla notaba en su pasividad tanta energía que era necesario “defenderse para no caer en la lógica de su propio silencio”.

La profundidad de su obra poética, la precocidad en la gestación de su voz calcárea, provocó que Mariano Picón Salas –uno de los más grandes intelectuales latinoamericanos del siglo XX–, presentara a Ida Gramcko en el prólogo de su libro, titulado sencillamente Poemas, como la joven “décima musa”. Ella tenía apenas 28 años de edad.

A los diecisiete ya había publicado sus primeros textos, a los dieciocho tenía mención en el concurso de poesía de la Asociación Cultural Interamericana. Dos años después publicó dos nuevos poemarios. Con veinticuatro años no solo salió su libro La vara mágica, sino que fue enviada a la Unión Soviética como Encargada de Negocios. Con treintitres años recibía el Premio de Novela José Rafael Pocaterra.

Ida, fabuladora y mística, de verbo telúrico, escribió bajo el sentir de la presencia de las cosas: “Metáfora increíble:/ el silencio/ a través de la cual tanto nos dicen/ los objetos”. Ida-contemplación, caracola observando hacia sí misma: “Se mira en el espejo/ como una planta acuática en su linfa”.

Su temprana escritura la desarrolló en medio de una Venezuela en transición tras la muerte del dictador Gómez, con elevados índices de analfabetismo, una América Latina de invasiones, derrocamientos, guerras civiles, y un escenario internacional ensombrecido por la II Guerra Mundial. Pero Ida ya empezaba a ser habitada por un único abismo: ella. Ida y su quiebre psíquico: “Lucho soñando, sórdida, conmigo,/ con un pájaro extraño, con el viento,/ con un agudo y afilado pico/ que me horada las sienes y el cerebro”.

Su obra abarcó la narrativa, ensayo y dramaturgia. De su poesía el mismo Blanco-Amor resaltó “la briosa audacia de su imaginería, la majestad del lenguaje, la libérrima conducción tiempo-espacial de la materia literaria”. Y el filósofo Ludovico Silva dijo, como absoluto, que era “la más sonora de toda la lírica venezolana”.

Un mes después de la muerte de su hermana Elsa, falleció Ida, dicen que de tristeza. Su concha molusca no dejó de avanzar hacia el tiempo nuevo y se volvió lengua y memoria para estas generaciones: “Recuérdate, palabra,/ como eres, como estás, pulcra y redonda,/ no el agua, mas en agua y tras el agua/ y con el agua sin más pie ni alfombra”.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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