Alegría, desconcierto y desazón

Me enteré de todo por casualidad. Estaba conversando con alguien que hizo una especie de realización audiovisual sobre mi libro de cuentos en la que yo hablaba sobre el oficio de escribir, cómo concebí los personajes y en qué momento de mi vida comenzó este sueño de las letras. De tal manera que estuvimos algunos días grabando en diferentes partes que eran habituales en mi día a día. Un par de semanas después esta persona me indicó que subió a YouTube el video, me pide que lo vea y le haga comentarios antes de compartirlos; usted me cuenta qué le parece y si es el caso editamos lo que no le guste, me dice. Cuando le pregunto cómo se llama el video me dice que use como criterio de búsqueda mi nombre, que de seguro así sale de primero.

Lo encontré. Sin embargo, varios registros más abajo, junto a otros videos de algunas lecturas públicas que había hecho en librerías, descubrí uno del que no tenía noticia. Había sido colgado hace más de un año. Era una especie de apertura de un corto, o una suerte de tráiler basado en un cuento mío llamado Pierna obstinada. Este es un cuento que salió publicado hace casi diez años en una importante revista colombiana. Pero desconocía que alguien se hubiese inspirado en él para realizar un trabajo artístico de otro tipo. En los créditos aparecía mi nombre así como el de mi cuento. Entonces lo vi. Me gustó. Aunque bastante corto, las imágenes lograban transmitir el espíritu de mi historia, el agobio de un personaje que siente que su pierna está de más en su cuerpo, sin entender por qué esta se obstina en perseguirlo.

El nombre de la realizadora es Juliana Cañas Caldas. Cuando se terminó el video, ese algoritmo de sugerencias que tan bien maneja Youtube, me mostró una lista de otros trabajos colgados por ella. Me dediqué a verlos; su producción era incluso más elaborada. No sé mucho del mundo audiovisual, pero me parece que tras esas realizaciones había alguien con convicción y talento. Creo que vi tres más hasta que descubrí algo que me resultó desconcertante. Juliana comenzó a colgar otra serie de videos en los que anunciaba a sus suscriptores que le habían descubierto una gravísima enfermedad. De tal manera que de ahí en adelante nos ponía al tanto de cómo avanzaban sus exámenes de diagnóstico, su lucha feroz contra los efectos de la quimioterapia. Me resultaron evidentes su carisma, su locuacidad, el amor por la vida, aunque también un paulatino deterioro. Esa tarde no leí aunque había planeado hacerlo, pues intuí que en aquel relato de alguien que se aferra a una esperanza, esmerado en sortear la posibilidad de una muerte temprana, evadiendo la obscenidad del destino, había no solo literatura sino la vida misma en su estado más puro. Juliana tendría, me parece, no más de veinticinco años. El último video que colgó era bastante esperanzador, pues el tratamiento había finalizado logrando acabar con más del 90%  de las células cancerígenas. Pero Juliana era clara en cuanto a que era necesario repetir el tratamiento y tal vez realizar alguna cirugía, para que de aquel cáncer que la devastaba no quedara sino una amarga experiencia que de seguro contaría desde la perspectiva del arte. La fecha de publicación era de diciembre de 2015. No había más. Tal vez, pensé, la enfermedad había recrudecido, la habría intimidado o sometido a esas fases en las que se pierde la devoción por muchas cosas, en las que no se quiere saber de nada ni nadie.

Entonces decidí buscarla en Facebook. Quería agradecerle por la realización de aquel trabajo inspirado en mi cuento y preguntarle también por su salud. No conocía a Juliana, pero había pasado toda la tarde escuchándola tanto, que de algún modo la sentía cercana.

No fue difícil encontrarla. Lo primero que vi fue una foto de su más reciente cumpleaños. Estaba en la clínica rodeada de sus seres queridos. En la entrada agradecía a todos los que la habían hecho feliz ese día. Me conmovió la foto. Era la última entrada. No había más. Fue entonces cuando descubrí el título de la página: en memoria de Juliana Cañas Caldas.

Qué triste es la vida cuando se llega tarde a algo que en verdad vale la pena, pensé. Gracias, Juliana, donde quiera que estés.

Andrés Mauricio Muñoz

Andrés Mauricio Muñoz

Andrés Mauricio Muñoz (Colombia, 1974). Su libro de cuentos Desasosiegos menores, Premio Nacional de Cuento UIS 2010, publicado también bajo el título Hombres sin epitafio, por Ediciones Pluma de Mompox, fue considerado en los Premios Nacionales de Literatura Libros y Letras 2011 como uno de los cinco mejores libros de ficción publicados ese año en Colombia. Textos suyos han sido traducidos al árabe, alemán e italiano y aparecido en antologías de Colombia, España y México. Editorial Universidad de Antioquia publicó en 2015 Un lugar para que rece Adela, su más reciente libro de cuentos, el cual ha sido recibido con entusiasmo por la prensa y la crítica colombiana. El sello Seix Barral, de editorial Planeta, acaba de publicar su novela El último donjuán.

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