Lydda Franco Farías

Lydda Franco Farías. Ilustración de Pablo Kalaka.

LYDDA FRANCO FARÍAS

1943 – 2004

Una mujer más sus uñas y sus dientes

Por: Katherine Castrillo

Apareció sobre la misma tierra de los indios jirajaras. Quizá fue por ese temblor atávico que desde el primer aliento presentó sus versos como armas “perfiladas, inmóviles, ariscas”. Tenía veintidós años cuando sus Poemas circunstanciales ganaron el Concurso Literario del Ateneo de Coro. Ahí escribió: “No nací para ocupar un espacio y nada más”. Así fue. Se metió con toda su sangre en la insurgencia urbana para luchar contra la represión política. Era la época aprisionada por el “ronquido persistente de los fusiles”. Y aunque un día llegó la pacificación, Lydda no dejó de cuestionar aquella generación “anémica de cantos verdaderos”.

Los amigos recuerdan sus signos: fumadora incesante, alegre y subversiva, “Venus de Willendorf de la sierra coriana”, dijo Ildefonso Finol. Amante de los boleros, cuenta Humberto Márquez, tanto, que escribió el libro Bolero a media luz: “una trepa la desnudez de otro cuerpo/ una encuentra la rama dorada y la codicia”. Vestía mantas wayúu, canículamente mimetizada con el sol zuliano que fue hogar hasta su muerte. Su llegada era una ventisca tibia, su presencia irreverente y buena.

Cumplió veintiséis años y publicó Las armas blancas. En adelante no paró más: le sucedieron a este libro una decena de poemarios en los que trabajó desde la prosa poética hasta la oralidad. Como blasones de su escritura incorporó la ironía, el humor, la objeción incisiva a la injusticia y el absurdo social. Nunca abandonó sus “modales de alimaña” para escribir contra la indiferencia, sin llegar al fútil panfleto. “Con un acto de rebeldía de largo aliento, Lydda emprende una campaña desestabilizadora que sacude los cimientos de la norma”, afirmó el escritor Cósimo Mandrilo.

Su poemario Una se convirtió en un referente político y literario sobre el papel de las mujeres como sujetas activas en un país que se retorcía con la violencia “incubada en las axilas”: “…vete acostumbrando hombre voraz/ mujer no es solo receptáculo/ flor que se arranca/ y herida va a doblarse en el florero/ al fondo de la repisa (…) una mujer es una mujer más sus uñas y sus dientes”.

Con Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada recibió el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Losada en 1994, el mismo año en que publicó simultáneamente tres libros.

Su corazón se detuvo una mañana. Andará Lydda “tendida a ras de la luna/ o flotando lluvia abajo/ en la resaca del último cigarro”. O tal vez bajo la mata de mango en San Jacinto.

Katherine Castrillo

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