«Roma, ciudad abierta»: un retrato de realidad sentida

«El artista desempeña una función muy precisa en este mundo: clarificar las cosas».

 

 

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

Roberto Rossellini nace en Roma en 1906 y a mitad de los años treinta, se acerca al cine y realiza, como editor y como realizador, algunos cortometrajes para el Istituto Luce: Dafne (1936), Fantasia submarina (1939) y Il ruscello di Ripasottile (1941). En 1938 colabora en el guión de Luciano Serra pilota de Goffredo Alessandrini y, en 1941, debuta como director con La nave blanca, segmento inicial de una ‘trilogía de la guerra’ completada más tarde con Un pilota ritorna (1942) y L’uomo dalla croce (1943). 1945 es el año de Roma ciudad abierta, obra maestra que da inicio al neorrealismo italiano; siguen otras dos películas excepcionales: Paisa (1946) y Alemania año cero (1948). Luego, realiza Stromboli (1950), película con la cual inicia una larga colaboración con Ingrid Bergman. La actriz participará en películas que, con un lenguaje innovador que luego seguirán otros directores, tratan el tema de la soledad del individuo.

Tras el espléndido interludio de Juglar de Dios (1950), la carrera arriesgada y fascinante de Rossellini sigue con Europa 1951 (1952) y Te querré siempre (1953). Después de un periodo de crisis artística y personal, caracterizado por un largo viaje a la India durante el cual irá recogiendo material para realizar un homónimo film documental en 1958, dirige películas formalmente impecables pero que no perfectas: El general de la Rovere (1959), Fugitivo en la noche (1960) y Viva Italia (1961). Después se dedica a dirigir trabajos de carácter divulgativo y didáctico pensados para la televisión: Età del ferro (1964), Atti degli Apostoli (1968) y Sócrates (1970) son algunos de los títulos filmados que poseen un reducido interés artístico, salvo La toma del poder por parte de Luis XIV (1966), realizado para la televisión francesa. Al final, vuelve al cine y realiza Anno uno (1974) y Il Messia (1975), dos películas que tratan temas ya afrontados en el pasado pero sin la fuerza y convicción de entonces. Muere en Roma el 3 de junio de 1977.

Roma ciudad abierta  es el primer episodio de la trilogía neorrealista de Rossellini, ha sido reconocida universalmente como una obra maestra, una suerte de símbolo del neorrealismo. Tras una fría acogida en Italia, la película obtuvo un éxito inmediato en el extranjero, venciendo en el Festival de Cannes de 1946. Aún hoy, la escena de la muerte de Pina -la siempre hermosa Anna Magnani- forma parte del imaginario colectivo. Sobre un guión realizado por Rossellini, Sergio Amidei, Federico Fellini y Celeste Negarville, la película se inspira en la historia verídica del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la resistencia. En la Roma del 43, 44, se entretejen las historias de varias personas relacionadas con la resistencia antinazi. Durante la ocupación, el padre Pietro protege a los partisanos y da asilo a un ingeniero comunista: Manfredi. Pina, una mujer de pueblo, es la novia de un tipógrafo que lucha en la resistencia. Cuando la policía lo arresta, Pina corre desesperadamente tras el camión que se lo lleva, pero cae asesinada por una ráfaga de ametralladora ante los ojos de su pequeño hijo. Poco después, también el padre Pietro y el ingeniero -este traicionado por su ex amante drogadicta- son arrestados. Manfredi muere por las torturas que le infligen los alemanes para que revele el nombre de sus compañeros de resistencia. El padre Pietro corre la misma suerte: lo fusilan en presencia de los niños de la parroquia, entre los cuales se encuentra el hijo huérfano de Pina.

¿Qué es lo que realmente ha inventado el cine? Cualquier forma de narrar, por muy extravagante que sea, ya se ha usado en alguna rama de la literatura. La iluminación desde luego que no; no hay más que oír a cualquier director decirle a su operador: necesito una luz Rembrant, o frases similares. Los espacios cinematográficos están sacados de la arquitectura y la decoración, y las composiciones, de grupos escultóricos o pictóricos. La música, diegética o no, ha ido evolucionando con la música convencional, y los músicos que han innovado para el cine lo habían hecho ya para su trabajo habitual. Desde luego que a lo largo de este siglo y pico de cine la influencia también ha sido mutua, y la aceptación del cine ha provocado que muchos modelos propuestos por él se hayan difundido entre los artistas o artesanos de los diferentes ramos: música, moda, modelos de interpretación, decoración, estilos de vida… Y sobre todo, pensamiento. Algunas ideas y actitudes ante la vida nos han sido inspiradas por el cine, y ningún otro medio de expresión las habría proporcionado tanta difusión ni tanta aceptación.

Desde luego, parece difícil que en un país devastado por la guerra como era Italia en 1945 pudiera surgir un arte tan necesitado de grandes recursos como el cine. Pero allí, en esas circunstancias, surgió el que quizá sea el movimiento cinematográfico más importante e influyente de la historia del cine, el Neorrealismo. Y quizá el que mejor ha sobrevivido como movimiento general, independientemente de la calidad de sus piezas, en el sentido de que las obras hechas en ese movimiento y en esos años siguen aun vigentes, y muchos directores en la actualidad se inspiran en dichas películas (lo cual no se puede decir de la Nouvelle Vage o del Free Cinema, que dando algunas películas gloriosas en conjunto han envejecido peor). Sin duda, la película que proporcionó las bases y dio el impulso al neorrealismo fue sin duda Roma, ciudad abierta, y me atrevería a decir que en concreto un personaje: Pina, interpretada por Anna Magnani. Es cierto que ya se habían hecho algunas películas en este contexto por parte de Blassetti (Sole, 1928) o Visconti (Obssessione, 1943) en Italia, o Ford (Las uvas de la ira, 1940 con Tom Joad-Henry Fonda) en Estados Unidos, pero en este personaje podemos ver reflejado el espíritu de todos los que vinieron después, desde el ladrón de bicicletas o el pescador de La terra trema (1948) hasta el Joe de Ken Loach.

Una mirada profunda

Es la actitud ante la vida de esta mujer, su lucha, su casa, sus ambiciones y su solidaridad lo que ha pervivido como ejemplo y modelo en el cine, con una profundidad y humanidad que desde entonces ha inspirado a muchos otros personajes (a sus creadores, debería decir) y, desde luego, a nosotros como espectadores. La película describe la situación de Roma en los últimos años de la ocupación alemana. Fue rodada nada más terminar la guerra en los decorados naturales de la devastada ciudad, con mayoría de actores no profesionales (otra constante de Neorrealismo) excepto Anna Magnani y Aldo Fabrizi. Los medios técnicos son escasísimos, lo que se ve en una fotografía que no puede hacer otra cosa que sacar el mejor partido a la luz natural, y poco más, aunque los decorados y las interpretaciones son soberbios por ser tan naturales. Escrita por el propio Rosellini, además de Fellini y Sergio Amidei sobre un argumento de este último, va dando saltos entre el documental y la ficción, aunque varios de los sucesos (la resistencia de los niños romanos o el fusilamiento del cura) están basados en sucesos reales, y el ambiente de las calles está recogido sin planificación (en general). Un jefe de la resistencia italiana, el ingeniero Manfredi, debe huir de su casa cuando los alemanes van a buscarle. Capturarle es el más arduo deseo del Mayor alemán encargado de acabar con los grupos rebeldes, sean del bando que sean (existe una colaboración tácita entre comunistas y monárquicos-cristianos para acabar con el enemigo común). Manfredi se refugia en casa de Francesco, que trabaja como tipógrafo en un periódico de la resistencia. Al llegar a la casa Manfredi se encuentra con Pina. Ella le recibe muy mal, pensando que es de la Gestapo o algo así, pero cuando se aclara la situación le deja entrar en casa de Francesco. Pina y Francesco están prometidos, y se van a casar al día siguiente. Ella viene de liderar el asalto a una panadería en la que se negaban a proporcionar alimento a los necesitados (ella se lleva un buen montón de panecillos). Es viuda y tiene un hijo de unos ocho años, al cual Francesco está encantado de adoptar, y está embarazada. Vive también con su hermana en una casa atestada de gente en la puerta de enfrente a la del novio, en el mismo edificio.

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Ana Magnani en Italia fue una celebridad, y sus trabajos con Roberto Rossellini le dieron fama internacional. Su vida personal estuvo marcada por el escándalo debido a su temperamental carácter. El amor de su vida fue Roberto Rossellini, quien la dejó por Ingrid Bergman.

Manfredi sale con Marina, que sobrevive como bailarina de revista. Es morfinómana, y la droga se la proporciona una alemana a la que une algo más que la amistad. Esta trabaja a las órdenes del Mayor. Conocen su relación con Manfredi y por eso la tienen controlada, aunque esta relación no va bien. Ella está despechada, lo cual junto a su adicción por la morfina y sus deseos de salir del hoyo la llevarán a traicionar al ingeniero. El personaje más influyente del barrio es Don Pietro, el cura. Este se dedica a colaborar con la resistencia ocultando a los perseguidos y a los desertores alemanes, proporcionándoles documentación falsa, y hace de correo para ellos. El hijo de Pina tampoco está ocioso, y junto a los demás niños del vecindario se dedica a poner bombas a los trenes alemanes. Mientras tanto, el Mayor ya sabe que Manfredi está por esa zona de la ciudad, y a la mañana siguiente un regimiento asalta el edificio donde viven. Los hombres consiguen huir en un principio, pero luego les capturan, y cuando se los llevan se produce la secuencia más famosa de la película, la muerte de Pina. Cuando oye que Francesco ha sido detenido y se lo llevan en un camión, sale corriendo tras él y un soldado le dispara. El niño se tira sobre su madre y es Don Pietro el que tiene que apartarle y recoger el cadáver de Pina. No ha habido vez que haya visto la película que no me haya echado a llorar con esta escena, que además es un prodigio de montaje y aprovechamiento de un poco de celuloide. La primera parte de la secuencia, la carrera, está rodada con dos cámaras, una en el camión que se lleva a los hombres (ligero picado, plano general corto, travelling retro) y otra enfrente del portal de la casa (sin angulación, plano medio, panorámica a izquierda). Ambos contienen la misma porción de carrera, unos tres segundos, pero el montador monta primero la primera parte del plano desde el camión, en el que Pina sale corriendo del portal y da cuatro o cinco pasos. Corte y la misma porción de carrera desde la cámara lateral en plano medio. Es lo mismo, pero nosotros interpolamos y suponemos que es el siguiente tramo de carrera. Corte e inserto del cura sujetando al niño. Inserto de Francesco intentando saltar del camión (no le dejan). Ya nos hemos olvidado de cómo estaba la carrera de Pina, así que vuelve al primero de los planos de la carrera (desde el camión) exactamente en el mismo punto en que había cortado, suena una ráfaga de metralleta y Pina cae al suelo. La misma cámara de enfrente del portal muestra al niño que se escapa de Don Pietro y corre hacia su madre. Plano fijo con la cámara a ras del suelo que muestra al niño arrojándose sobre el cadáver (uno de los planos más hermosos de la historia del cine). Una cámara a medio camino entre el camión y la que mostraba el portal muestra al cura llegando al cuerpo y apartando al niño. La cámara a ras del suelo muestra a Don Pietro recogiendo el cadáver de la mujer. En total, 25 segundos, y una prueba de que la mitad del cine es el montaje. Los alemanes caen en una emboscada y los presos son liberados. En su huida van a parar a casa de Marina. Francesco está destrozado, y Manfredi discute con Marina la cual, despechada, les escucha que van a ir a ver al cura para desaparecer y les denuncia a la mujer alemana. Al día siguiente, cuando están a punto de irse con el cura, Francesco se queda despidiéndose del muchacho y en ese momento Manfredi, Don Pietro y un desertor austriaco son detenidos. En los calabozos, el Mayor intenta convencer a Manfredi de que hable, pero por supuesto se niega, y luego a Don Pietro para que a su vez convenza a Manfredi. Le dice que es un comunista, un sin dios, y que pronto se tendrá que enfrentar con él, pero don Pietro se niega, y ante las amenazas del Mayor de torturarles a ambos el cura le dice «no hablará, yo rezaré por él». Al ingeniero, reconociendo implícitamente que se acerca la derrota, le asegura que esos reaccionarios a los que protege con su silencio, monárquicos y liberales, pronto intentarán ilegalizarles y echarles del país, pero Manfredi está ya tan destrozado que no podría reaccionar aunque quisiera. Manfredi morirá en la sala de tortura, ante la mirada misericordiosa del cura, y el horror de Marina, que será despojada de lo que ha ganado con la traición. Don Pietro será fusilado a la mañana siguiente, en presencia de los niños de su barrio, que se marchan cabizbajos. A pesar de este final, la película es un canto a la vida y a la libertad, rebosante de optimismo y esperanza en la gente y el futuro. Lejos de ser tan solo unos malvados asesinos, los alemanes están dotados de humanidad, se intenta comprender su comportamiento, las razones que les han llevado a esa perversión de creerse superiores. En un momento casi al final de la cinta un alto mando de los alemanes, en estado de embriaguez, increpa al Mayor que está diciendo que un italiano no podría resistir la tortura y que si así fuera se equipararía con un alemán. Este le dice que ellos no son superiores, que los oprimidos son fuertes y luchan con justicia por su libertad, y se lamenta de que están sembrando Europa de cadáveres y de odio. El mayor se va enfadado, pero luego reconocerá ante Manfredi que se acerca la derrota, indicio claro de que no son tan superiores.

Una película inolvidable, que sorteando maniqueísmos y patrioterismo, nos acerca a la imagen de la lucha y la esperanza. El arte, como esta película y la siempre bella Magnani, emociona.

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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