Teatro filosófico. Estilo y escenificación

En Platón nace la filosofía. Más allá de las divergencias que una afirmación tan tajante pueda generar, de los matices que revela estipular un origen preciso, es necesario destacar que el género literario que hoy en sus múltiples variaciones se conoce como filosofía, se origina en los diálogos platónicos. Esta tesis, sustentada por Colli en El nacimiento de la filosofía, abre una posibilidad de considerar y advertir en su justa medida la constitución formal del pensamiento. Éste no puede existir sin estar ligado al dominio literario. El qué se conjuga con el cómo. La puesta en escena de una presentación ideológica es concomitante con una disposición estética.

El diálogo platónico no es comprensible sin la exégesis revelada a partir de la historia de donde deriva. En la tragedia ática funda sus raíces hasta convertirse en escenificación sin teatro, en dialéctica que margina la música y el pathos trágico. Ya Nietzsche expresaba cómo Platón había fundado el diálogo basándose en los diversos géneros que le precedieron, hasta alcanzar una obra de arte no vista hasta el momento. A pesar de que el dictamen nietzscheano esboza una particularidad negativa en el resultado de la miscelánea platónica, es imprescindible destacar la consistencia del discurso múltiple de la filosofía a partir de la condición explicitada en el aspecto formal destacado en el diálogo. Platón no presenta simplemente una filosofía, Platón desarrolla el filosofar mismo, amplio y concretamente vivido en una realidad dialógica.

Esta peculiaridad no es posible establecerla en un tratado filosófico como el que nace con Aristóteles. La pretensión de neutralidad de un discurso tal, cierra parcialmente la complejidad configurada en la discusión intersubjetiva que se expresa con mayor libertad en el marco del diálogo. Dos ámbitos diferentes, necesarios ambos, pero por supuesto, dependientes de la elección formal y al mismo tiempo condicionante de una exploración filosófica. Si Platón impone el diálogo como fuente de confrontación casi inmediata en la que la filosofía se despliega; con el tratado, Aristóteles impone el estilo que podría decirse, permea la casi totalidad de la tradición filosófica. La cientificidad que emana de él, la aspiración a la objetividad, el carácter sistemático que lo sustenta, son también condiciones estilísticas.

mosaicos-romanos-italia-7156473

El estilo revela no sólo una idiosincrasia del autor, también una orientación que moldea el contenido. La filosofía no es un pensamiento transparente marginado del lenguaje. Todo lenguaje, al contener un valor estético, transfigura la constitución misma de lo que se expresa. El estilo no es un mero ropaje que guarde el cuerpo desnudo del pensamiento. Es la característica que enuncia el reconocimiento de un autor cualquiera, y la expresión desde la que se reconoce a la filosofía como un género literario. Comprender y reconocer esta especificidad no la envilece, por el contrario, logra destacar su itinerario, sus matices, sus búsquedas más allá de la sola exposición ideológica.

La estructura de toda composición filosófica representa una escenificación. El filósofo, director de la obra, instala sus piezas. Además del protagonismo y antagonismo de ciertos conceptos, también exilios, burlas, disputas, ataques y defensas hacen parte de su expresión. En el texto filosófico se disponen diversos roles, se ejecutan diversos actos. La filosofía, cualquiera sea su contenido, tiene un instinto dramático en el que la ejecución se concreta en cada lectura. Cada lector dirigirá, e interpretará también, la escena ante sus ojos.

En la filosofía un argumento es una presentación como cualquier otra. La ironía socrática es un arma sumamente fina; la burla, un agente que a veces puede ser más demoledor que cualquier lógica aparentemente irrefutable. Con cada elemento con el que se construye, la filosofía ha sabido exponer un mecanismo en el que muchos aspectos entran en juego. El orden, los atributos, los énfasis a partir de los cuales se concretan las exposiciones con que el filósofo construye y escenifica su teatro no son coordenadas vacuas en la valoración que se dé de la representación filosófica.

No tener presente esta característica conlleva a esquematizar la filosofía como un ejercicio en el que un pensamiento puro tiene la vocería absoluta. Pero el pensamiento tiene también su teatro. Destartalado o altamente proporcionado, en él, el filósofo desenvuelve su condición de esteta a la cual de ninguna manera puede renunciar. Debe saber no sólo que la filosofía tiene una cualidad estética, sino que la filosofía es una actividad estética.

Alfredo Abad

Alfredo Abad

Profesor Escuela de Filosofía Universidad Tecnológica de Pereira

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s