El infinito paisaje de lo verde

 

Por: Juan Guillermo Ramírez 

 

 

Pienso que las películas del cineasta iraní Abbas Kiarostami son extraordinarias. Las palabras no pueden traducir mis emociones y yo les aconsejo simplemente ir a verlas. Akira Kurosawa.

En una población pequeña al norte de Irán, Hossein, un joven albañil, se enamora perdidamente de Farkhondé, una joven que habita cerca de su taller. Hossein piensa en casarse con ella y pide la mano de esta hermosa adolescente a su familia. Esta se niega porque Hossein no tiene casa que ofrecerle. Esa misma noche, un violento temblor de tierra devasta a toda la región no dejando una sola casa en pie. Los padres de la joven mueren bajo los escombros. Pasada la ceremonia de los cuarenta días de duelo, Hossein renueva su exigencia amorosa y habla con la abuela de Farkhondé: ahora todo el mundo está sin abrigo. Todos somos iguales. La respuesta permanece igual; la tutora de Farkhondé no desea ese matrimonio. Hossein con el corazón herido, pierde el gusto por vivir. Los sobrevivientes del desastre se empeñan en construir casas, pero Hossein decide no ayudar a nadie. Un año más tarde, un equipo de filmación cinematográfica llega a la población para realizar una película sobre el temblor de tierra titulada: Y la vida continúa.

Hossein es contratado como ayudante del equipo e igualmente tiene un pequeño papel en la película. Por asuntos propios de la contingencia, su compañera en el rodaje es Farkhondé, a quien ama tanto. En la película Y la vida continúa, Hossein pretende que él es el esposo de Farkhondé después del temblor de tierra y que él ha trascendido todas las reglas y costumbres tradicionales que le habían obstaculizado el matrimonio. Pero ahora en la nueva película, A través de los olivos, se le ve decirnos que lo que había dicho antes era la verdad: que el temblor de tierra no cambió en nada las costumbres y los valores tradicionales que siempre han estado presentes. En efecto, ante la cámara, Hossein no miente. Pero frente a la realidad amedrentada por la vida, son sus sueños y su ideal los que le permiten, gracias a su imaginación, poder expresarse. Soñar, puede ser lo único importante, lo realmente válido y lo más necesario, más necesario aún que ver. Así lo señala el mismo realizador Abbas Kiarostami: Si un día alguien me pregunta, escoge entre soñar y ver, yo escogería sin dudarlo, soñar. Porque él piensa que con la imaginación y el sueño, se puede soportar mejor la ceguera. Sin sueño, la vida no sería fácil. Por esta razón, el cine es una forma de aproximarse a los sueños de los seres humanos y por esto el cine merece ser adorado.

La historia del cine se resume, posiblemente en tres etapas esenciales que pueden figura. La primera sería la de los hermanos Lumiere, que fueron hechas por cineastas que nunca fueron espectadores. El cine aún no había nacido: realizaron una experiencia técnica sin descubrir el efecto. Sobre la pantalla, el tren ingresa a la Estación de La Ciotat y es posible imaginar a los hermanos Lumiere teniendo miedo de lo que ellos mismos habían creado. No se sabía en ese entonces que el cine se moría –o comenzaba a morir- el día de su nacimiento. Era ese único mensaje el que le daba el tiempo de su duración. La inocencia estaba perdida pero el deseo nacía: era absolutamente necesario volver a encontrar esa primera vez, esa inocencia. Uno de los espectadores, conocía el efecto producido, se acordaba de ya haberlo visto, tomaba partido por la reacción de la puesta en cámara: ahí nacía el segundo cineasta, que es en efecto, verdaderamente el primero. Era el comienzo del clasicismo. Pasa el tiempo y para reaccionar frente al mensaje, un tercer cineasta, que conocía perfectamente las dos etapas precedentes, decide hacer una película sobre otra película –es el comienzo de la modernidad-. La onda crece y se podría continuar así indefinidamente, pero o sería interesante. Esta tercera categoría es la última posible, la única que puede aún ocupar un lugar en el cine original, conservar intacto su poder de registro.

Filmada en una región perdida y devastada de Irán, A través de los olivos es esa película ideal que toma conciencia de su cuerpo en esa triple historia.

A través de ella, Kiarostami relata esa relación a la vez simple y compleja que se le plantea con el cine, ese deseo de ser falseada. Puesta en el abismo del cine mismo, sutil y vertiginoso algunas veces, A través de los olivos no puede ser marcada jamás con el sello del hermetismo o el cinismo. La película está conducida por una idea muy fuerte que se encarna en la pantalla y que encuentra forma a través del viaje, de una travesía.

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La potencia de transformación de lo banal en impersonal, forjada por la literatura, viene a socavar desde dentro la aparente evidencia, la aparente inmediatez de la foto. La pensatividad de la imagen es entonces la presencia latente de un régimen de expresión dentro de otro. Un buen ejemplo contemporáneo de esta pensatividad puede ofrecérnoslo el trabajo de Abbas Kiarostami entre cine, fotografía y poesía. Jacques Ranciere.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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