Esdras Parra

Esdras Parra. Ilustración de Pablo Kalaka.

ESDRAS PARRA
1939 – 2004
Transmutado silencio

Por: Katherine Castrillo

“Quiero que sepas que Esdras, el que tú conociste, murió, y quien te recibirá será una mujer”. Decía la carta enviada desde Londres al escritor José Napoleón Oropeza. El 31 de agosto de 1978, en el aeropuerto de Heathrow lo esperaba, efectivamente, ella. Era Esdras. La misma naturaleza taciturna, aquella forma de conversar con inalterable calma, en voz baja, tímida, la misma tensa tranquilidad. Era Esdras, “la transeúnte sin escolta que prolonga el camino”.

Nació en Santa Cruz de Mora, Mérida, donde el río Mocotíes empuja su frío rumor por la montaña. Sus hermanos la recuerdan como un niño solitario que pintaba y prefería permanecer sentado y limpio, siempre en rehuída del bochinche y la juerga. Un ser de murmullo, atravesado por la pregunta que le siguió toda la vida: “¿qué significa para mí el silencio, la apretada mordaza?”

Le corría por los huesos un carácter de “animal lanzado a la aurora”, por eso a los diecisiete años consiguió una beca y se fue a Londres a estudiar a los escritores ingleses. En 1967, con veintiocho años, publicó su primer libro de narrativa El insurgente, y un año después salían al mundo dos libros más: Por el norte el mar de las Antillas y Juego limpio. Fue inmediato el reconocimiento de la calidad de su obra, a la que la crítica literaria desde entonces reveló como poseedora de una singular belleza lingüística.

En Londres escribía críticas cinematográficas y realizaba traducciones para la revista venezolana Imagen, de la que fue miembra fundadora y editora. Allá conoció y trabó amistad con Cabrera Infante. Tras mucho tiempo sin saber nada el uno del otro, Esdras fue a visitarlo: “El Esdras Parra que me tocó el timbre y entró a mi casa no era el mismo, sino una señora con todas las de la ley”, le contó a Vargas Llosa, y de ahí nació la obra teatral Al pie del Támesis, del escritor peruano.

Ya de vuelta en Venezuela, llevó la dirección literaria de Monte Ávila Editores, iba a los cines porque odiaba la televisión, y se dedicó a escribir poesía. Con su primer poemario Este suelo secreto se llevó el Premio de la II Bienal Mariano Picón Salas, en 1993. Le siguieron Antigüedad del frío y Aún no.

Es tanto el genio de su trabajo poético que todavía hoy permite un extenso estudio de cada arista. El grueso volumen del Diccionario General de Literatura Venezolana asegura que la poesía de Esdras “surge impulsada por un deseo profundo y misterioso que recorre los espacios más íntimos del ser”; su amigo Oropeza señala especialmente “un desdoblamiento que revela su condición humana”, otros hablan del tiempo como paisaje en su obra. Pero sin duda, lo que prevalece como presencia crepitante es la construcción de la identidad desde un no-lugar que es ceniza y muro, la “sombra harapienta/ a donde me han condenado sin dolor y sin queja”, donde “no espero nada y es como si dijera/ todo”. Porque no tener ese espacio concreto es también umbral para renombrarse, para empezar de nuevo, tener otro puerto en el que al tocar tierra comenzará su historia.

Un día en la pulpa de su lengua se instaló el cáncer, como irónico punto final de una vida reservada y discreta. “Escribir sobre el silencio o sobre/ sus trozos de vacío, pero volver a/ la palabra o hacia su desaparición”.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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