El vuelo insomne de la libélula

Fotos de Pamela Aristizabal para Literariedad.

Por: Juan Manuel Roca

«Nos enteramos este mes de los 40 años de fundada ‘La libélula dorada’. Y lo celebramos, porque gracias a ellos unos niños crecieron sabiendo que hay una utopía llamada Acracia».

Ya es tan familiar, y lo es por varias generaciones de niños que fueron y de otros que aún lo son, que al grupo no le digan “La libélula dorada”, sino simple, llanamente, “la libélula”, como quien habla de un pariente que no es entomólogo ni especialista en pequeños y míticos animales voladores, sino de un grupo de títeres que es parte del imaginario familiar del país.

Somos muchos los que en el deseo de volver a poner los juegos en el centro de nuestro fuego, tenemos un teatrino encaletado bajo el abrigo. Bajo el oculto deseo de darle vida a los sueños, como si celebráramos de manera clandestina al santo patrón del juego, un título bizarro y a la vez noble que se disputan desde San Johan Huizinga hasta el malicioso presbítero Lewis Carroll. Ah, si hasta el trágico Kleist le apuntó su diana lúdica al teatro de títeres.

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Iván Darío Álvarez. La libélula dorada. Foto: Pamela Aristizabal.

Pero eso ocurre en el ámbito de una Europa con gran tradición titiritera. En Colombia, pese a que pueden señalarse antecedentes que podrían ser los hombres de cromagnon del grupo que conducen Iván Darío y César Álvarez, difícilmente alguien podría disputarles la paternidad del títere moderno, ese teatro de muñecos por fuera de costumbrismos, un teatro imaginativo y con visos libertarios, poético y crítico a la vez.

Estos dos hermanos que comparten la escena teatral durante 40 años en un país de más de 100 sueños frustrados, con 9 guerras civiles mal contadas, con más de 1.000 artistas cubiertos de olvido y más de 40 ladrones que tras su Alí Babá de turno juegan a senador o a ministro, nos están diciendo como lo hacen los poetas prometeicos, que han visto un imposible realizado.

El trabajo arduo e impagable de estos artistas del pequeño tinglado nos dice hace cuatro décadas “presente”, “ahora”, “aquí”, como si sospecharan que el porvenir solo dura una semana.

Es curioso esto de los aniversarios.

No sabemos exactamente cuántos años está cumpliendo en este calendario de 2016 Alicia, la expedicionaria de los espejos, cuántos años lleva sin su pata de ballenero el capitán Ahab, cuántos quinquenios estaría cumpliendo el flautista de Hamelin, un desratizador de naciones que acá tendría mucho trabajo.

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César Álvarez e Iván Darío Álvarez. La libélula dorada. Foto: Pamela Aristizabal.

No sabemos, tampoco, cuántas lunas han pasado desde que en 1947 la inmortal Lolita cumplió 12 años de haber sido bautizada por Nabokov, ni mucho menos cuántos amaneceres habrán transcurrido desde que un pobre hombre de Praga amaneció convertido en un monstruoso bicho.

No sabemos la cuenta de cuántos toques de tambor frenético, cuántos golpes de baqueta en la superficie de hojalata hace por minuto el niño alemán que con toda razón se negaba a crecer.

Nada de esos datos trascendentales en nuestra vida están fechados hasta hoy. Y no creo que sea porque no hayan venido, como todos hemos venido sin remedio, con fecha de vencimiento.

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Teatro de Títeres La libélula dorada. Foto: Pamela Aristizabal.

Nos enteramos este mes de los 40 años de fundada “La libélula”. Y lo celebramos, porque gracias a ellos unos niños crecieron sabiendo que hay una utopía llamada Acracia, que hay héroes que vencieron todo menos el miedo (y no me refiero al suceso aéreo ahora que nos llega la anhelada paz). Niños que aprenden que la peor señora del mundo no vive solamente en el vecindario de Pancho Hinojosa.

Los libélulos, ellos mismos, han propiciado una revuelta de los títeres hacia los titiriteros, hacia estos amorosos manipuladores de oficio que son capaces, como los niños, los locos o los poetas, de darle un animismo a los objetos.

César, Iván Darío: les propongo una cita. Nos vemos, sin falta, en la próxima celebración de los 80 años.

Juan Manuel Roca,
Bogotá, 29 septiembre de 2016.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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