De vientres y guerras: poesía, violencia y el enfoque de género

Imagen tomada del periódico El Colombiano: 10 obras icónicas de la maestra Débora Arango. Retrato de Colombia, acuarela.

Mi hija, una jovencita de 17 casi 18, tiene miedo de caminar sola por la calle, porque en el camino hacia la universidad se encuentra con muchos albañiles que la acosan. Es el mismo miedo que he sentido yo, el mismo que alguna mujer, alguna vez en su vida ha sentido por caminar sola en las calles, el mismo miedo que nos lleva a hacer algo para evitar los acosos: cambiar de forma de vestir, de ruta, de camino. Porque nos sentimos vulnerables y precarias.  Porque nos sentimos objetos para el placer. Yo nunca he sentido tan de cerca este doble miedo hasta que nació mi hija y se me reveló latente, antes lo vi, me lo enseñaron como algo natural y culposo, por supuesto, como una consecuencia de mí misma. No de los acosadores.

Recuerdo también que me he peleado con un hombre en una tienda una vez que fui con mis primitas a comprar dulces y el tipo empezó a acosar a las más chiquitas. El sujeto tenía como 50 o más años y las niñas apenas unos 6 a 9 años. No comprendo cómo alguien puede observar algo como esto en la calle y permanecer indiferente, no hacer nada.  No comprendo cómo violan a una mujer cada 3 horas en México, y son asesinadas 7 cada día de las formas más brutales posibles. No comprendo los empalamientos y las atrocidades contra las mujeres latinoamericanas que han ido creciendo en los últimos años.

Y frente a este panorama machista, violento y patriarcal que mata, mucho menos comprendo cómo los colombianos defendemos un concepto como el de “ideología de género” tergiversando todas las luchas feministas de todo el siglo XX en favor del interés de un grupo político de ultraderecha en Colombia, no comprendo cómo pedimos que vuelva la teocracia a Colombia por miedo a que se desdibujen los roles de género, a que se dé una especie de contaminación homosexual, un argumento que se sale de toda racionalidad y en cambio se entiende como manifestación de odio.

Las violencias en Colombia sí han tenido implicaciones de género, pero reconocer eso no nos va a conducir a “querer convertir a la población en homosexual”, sino en el sentido de que muchas mujeres, y de personas LGBTI valga decir,  en la guerra, en cualquiera de los grupos armados en conflicto, han sufrido desigualdades de género, han vivido  abusos y violencias que ni siquiera imaginamos, el reclutamiento femenino incluso ha sido producto de la falta de oportunidades y la desigualdad. O en otros casos las mujeres han tenido que verse sometidas a violaciones y abusos sexuales utilizados como arma de guerra y ¿cómo no hacer posible que se diga la verdad y se repare todo esto?, ¿Cómo negarnos ante esa posibilidad cuando se trata de un acuerdo que busca la paz? A lo mejor por el mismo motivo que alguien es indiferente ante un acoso callejero o ante un maltrato.  No lo sé, pero indago lo que dicen las mujeres sobre la guerra, y encuentro en poemas como los de Cristina Valcke Valbuena, un sentir muy preciso sobre lo que ha tocado a las mujeres de la guerra en Colombia.

Los poemas que comparto a continuación hacen parte del capítulo “De vientres y guerras” del poemario “Soportar la joroba” de Valcke. En ellos la voz lírica se apropia de la experiencia de la guerra, aun cuando la biografía de la poeta no tiene que ver con esto, hay algo que la ha tocado y la ha llevado a escribir poemas al respecto. Esto que nos transmite la autora desde la poesía tal vez lo dicen Virginia Wolf en su libro “Tres Guineas” y Svetlana Alexievich en “La  guerra no tiene rostro de mujer”: la guerra es producto de todo este sistema patriarcal, en donde las mujeres no ejercemos poder, lo ejercen violentamente sobre nosotras. Este sentir femenino de la guerra, puede ayudarnos a comprender por qué es necesario el enfoque de género en los Acuerdos de Paz. Puede ayudarnos a sentirlo sobretodo, pues insisto en que a los colombianos nos hace falta más sentirnos, condolernos, mayor empatía con quienes han sufrido el conflicto. Tal parece que los medios nos han banalizado y naturalizado el horror y necesitamos otras sensibilidades que nos hablen y nos toquen. Ojalá que la poesía en este caso sirva como ejercicio de ese reconocimiento de la voz femenina en medio de tanto dolor, en una necesaria mirada de género. Y aquí los poemas para disfrute de todos y todas:

Pesadilla diurna

Mutada en hombre
encadenada a la silla
desnuda-desnudo
oscuridad húmeda
excrementos y barro
ella-él perdidos.
Su sexo erecto a la fuerza
obligado a penetrar
la virulenta intimidad del enemigo:
Ha sido pesadilla
luego del último bombardeo.

 

 

Después de la guerra

 

El pandemónium imperceptible ahora
a nuestros sentidos cibernautas
está ahí.
Giran los continentes
en la esfera aún puede leerse su patria
pero el silencio al otro lado del mar…
bajo la arena del desierto
alguien encuentre un caracol
un soplo recorra su laberinto
y agite los océanos
atrapados en los estratos inferiores.
Después de laguerra:
la guerra
batalla en los vientres
donde las sangres incompatibles se mezclan.
Esta mujer reniega de la hinchazón de su entraña…
ha sido ocupada a la fuerza
la desprecia su raza
y el enemigo.
Después de los redobles marciales
el hambre rabiosa rechaza la manzana
de la misericordia.
Luego del fuego:
el fuego…
inesperado
tránsfuga
para expurgar la tierra de huellas invasoras.
Seguido el miedo
el horror y las ruinas
cómo respirar
y saber que hay tantas piernas
tantos brazos
tantos ojos separados de los cuerpos
arquitectura fantasma.
Cómo despertar tan huérfano
cómo volver a dormir.
Nuestros sentidos adiestrados
en la red telemática
siguen la programación del olvido.
La zlagarda culminó con éxito…
pero está ahí la capital del infierno
aunque no la veamos
arde.

 

 

Como Antígona

 

fue el fin del mundo dentro de todo mi cuerpo…
escribe que no todos los musulmanes
repudian a sus hermanas o mujeres violadas...
Testimonio de mujer bosnia, citado en el libro:
«Las mujeres dan la vida, los hombres la quitan».
Madeleine Gagnon.

 

Cuando el mundo conocido explotó
huyeron al bosque,
alejados de las escrituras,
sólo se tenían el uno al otro…
Él debió dejarla para ir en busca
de alimentos
pero al volver,
no la halló bajo la manta
de hierba.
Esclavo del miedo
vagaría entre la serpiente
y el pájaro,
se revolcaría de incertidumbre,
habría querido ser gruta
para llevarla guarecida en su entraña…
el escándalo de rapaces
reveló la ignominia,
su sexo era un cielo desgajado
en coágulos,
paraíso perdido…
ella, la fraterna,
la gemela,
la formada en el vientre
de su madre,
la germinada del esperma
de su padre,
la llena de gracia,
ahora extendida en la roca
apenas si conservaba
bajo el horror,
un punto de honra.
En sus ojos aún despiertos
vio que lo dejaría abandonarla
sin reproches.
-¡Nunca…
allá, la letra
aquí, la sangre!
Llevó el lago hasta su cuerpo
y lo dejó hacer,
la piel era huellas que caían,
ocupaba su lugar
una membrana delicada,
dolorosa.
Cuidador de su hermana,
devolvió cada hueso
a su espacio
y esperó.
Gestada por segunda vez,
se levantó para amarlo…
en el bosque,
en la guerra.

 

Hacia el destierro

 

 …Bebe hoy mi leche, te quiero y tú lo sabes.
Pero quiera Dios que llore yo tu muerte mañana
cuando los míos tomen venganza.
Canción de cuna macedonia,
en tiempos de la ocupación Otomana.

 

Ábrame la puerta hermano,
una cinta de sangre
me sigue.
Como la niña de un cuento
por los caminos
yo venía cantando,
las espigas se mecían
con mi canción…
llevo las carnes violáceas
y esa semilla.
He visto a mi padre
cruzar sin mirarme,
escupió mis pies.
Fui tras él sin que lo notara,
se volvió pequeño y anciano,
un hombrecito diminuto
que cabría entre mis dedos.
Lo supe entonces,
no levantará más su rostro.
Ella me dijo:
Sabes que debemos sellar la entrada,
ni tu voz ni tus ojos
volverán a vagar por nuestra casa.
Hemos de clausurar el corazón.
He clavado alfileres
en mi vientre,
germina.
La mancha de siete cabezas
que devorara mi canto
una tarde,
me sembró un soldado.
Los míos están obligados
a lapidar mi nombre,
ninguna puerta se abrirá para mí:
está escrito.

cristina-valcke-cara-1

Sobre la autora:

Cristina Valcke Valbuena: Poeta. Magister en Literaturas Colombiana y Latinoamericana de la Universidad del Valle, 2009. Licenciada en arte dramático de la misma universidad en 1994. Se desempeña como profesora de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle en el área de Poesía Latinoamericana y Colombiana; además desarrolla una juiciosa actividad crítica en perspectiva de género.

Angélica Hoyos Guzmán

Creo que la literatura es la vida. Investigo sobre las formas de la sobrevida en el mundo contemporáneo a través de la poesía y el arte. Colecciono indicios.

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