El pesar es sosiego en la emoción

 

 

 

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

Es sentimentalismo saber que no soportas ver los lugares en donde en otro tiempo la vida te sonrió, que no toleras los recordatorios de una hermosura muerta. D.P.

La vida de Dorothy Parker emociona por su semejanza con la de sus personajes. Famosa ya a los 25 años, amiga de los Fitzgerald y de Hemingway, admirada por su talento y temida por su cáustico humor, su vida terminó en 1966, a la edad de 73 años, en una habitación en Manhattan, acompañada únicamente por su perro viejo y una botella de alcohol. Su mordaz ironía y también sus ideas políticas –fue perseguida en 1951 por la comisión de Actividades Antinorteamericanas-, la condenaron a la soledad. Dorothy Parker comenzó su carrera literaria en Vogue, Vanity Fair, el New Yorker y Squire, narradora, crítica literaria y poeta, en toda su producción literaria carga duramente contra la falsa sentimentalidad, la estupidez y el provincianismo. Si vuelves a visitar los escenarios de tu felicidad, la angustia embargará tu corazón, frase que encontramos en “La soledad de las parejas”, una recopilación de 16 cuentos de una escritora injustamente olvidada, figura decisiva en el desarrollo del moderno humor neoyorquino.

Amiga también de Dashiel Hammett y de otras estrellas de los años “locos” de New York, esta escritora era también una periodista feroz y extravagante. Entre sus botellas de alcohol, sus innumerables amantes y su carrera de guionista de Hollywood, representa el símbolo de la “radical chic”, genial y delirante. Una biografía, “La extravagante Dorothy Parker”, escrita por Dominique de Sant Pern y una película dirigida por el estadounidense Alan Rudolph, resucitan su leyenda: Mrs Parker y el círculo vicioso, 1944.

Sus encuentros constituían una curiosa mezcla de conversación ingeniosa, rumores y comentarios a la producción artística reciente, sazonado todo con un punto de ironía. Alan Rudolph evita la tentación de entretener su mirada en algunos personajes de ese círculo, del calibre de Scott Fitzgerald, Edna Ferber o Robert E. Sherwood, por citar sólo tres, para centrar su mirada en quien le interesa: la Sra. Parker, como la conocían sus compañeros. El personaje de la escritora se presenta patético; pese a la belleza de su poesía, recitada a lo largo del film con breves insertos en blanco y negro, predominan las sombras sobre las luces en el cuadro de su trayectoria personal. Se describen un matrimonio roto, un romance con Charles McArthur y el posterior desengaño, y una relación platónica con Robert Benchley —los dos estaban casados—, que aparece como el que debía haber sido gran amor de la Sra. Parker. Esta mujer esconde sus desgracias tras una gruesa capa de cinismo; trata de aparentar una fría aceptación de sus problemas, como si no afectaran a su brillante intelecto: así lo hace cuando decide abortar, ironizando sobre sus supuestos remordimientos. En su interior, está desgarrada, más por tratar de ocultar la fragilidad común a todo ser humano; el alcohol es el refugio donde trata de olvidar. Rudolph, director y coguionista, logra una película pulcra, esmerada y un tanto fría, de maravillosa ambientación, que da idea de los problemas de determinados artistas. Como otros films sobre creadores artísticos —por ejemplo, Balas sobre Broadway, de Woody Allen—, maneja la equívoca idea de que éstos deben considerarse por encima del bien y del mal. El director no oculta las debilidades y el desencanto de su personaje principal —espléndida la actuación de Jennifer Jason Leigh—.

Con Dorothy uno no se aburriría nunca. Tenía el aire de una muñeca y silbaba como una avispa. Era la más alegre, la más loca y la más grosera de New York. En sus comienzos en 1915, las mujeres de letras cultivaban un género grandilocuente, mundano y aburridor. Dorothy Parker en cambio, asumió otro género, andaba siempre rodeada de hombres, bebía grandes cantidades de whiskey destilado por fabricantes de bombas. A los 25 años, tenía a su cargo la crónica teatral de Vanity Fair, la revista más esnobista de los Estados Unidos. Después la abandona y participa en la creación del New Yorker. Y se transforma en el medio informativo cuyo tiempo era la frivolidad. Sus críticas espantaban a sus autores. Su estilo se fundamentaba en el sarcasmo. Se convierte así en la periodista más escandalosa de la época.

Cada día ella escribe sus artículos como si fueran sentencias de muerte, basados en la famosa mesa redonda de un grupo que ya es famoso, el de Algonquin, ese elegante hotel que servía de lugar de encuentro con Alexander Woollcoot, Harpo Marx, Ring Lardner, Marc Connelly, Noel Coward y de otras estrellas de la intelectualidad neoyorquina. Su cinismo hizo que a este grupo lo bautizaran como “el círculo vicioso”. Al paso por Hollywood como guionista, dejó trabajos como el de A star is born, 1937, de William Wellmn y después será nombrada dos veces en los Oscar.

Ácida y amarga, Dorothy Parker no tenía reparo alguno en enseñar los colmillos. Su afilado humor no pasaba inadvertido, aunque a veces le costaba muchas críticas en una época donde el sarcasmo, la ironía y el cáustico ingenio, sobre todo si provenía de una mujer, no eran bienvenidos. Fue una de esas pocas mujeres que consiguieron el aplauso por su humor adusto que mostraba con naturalidad. Algunos le dieron la espalda, otros se rieron con ella. Además, fue cuentista, dramaturga, guionista y poeta. Pero sin duda, Parker se une a la larga lista de cómicos trágicos, cuyo castigo por hacer reír es el dolor y la autodestrucción. Después de dos intentos de suicidio, una vida de alcoholismo y soledad, fue un ataque cardíaco la que se la llevó del mundo y nadie reclamó sus cenizas hasta muchos años después. Ahora se le ha concedido la vida eterna que sólo los genios pueden disfrutar, irónicamente, después de la muerte. Estas son algunas de sus afiladas frases:

  • Me gusta tomarme un Martini. Dos como mucho. Después del tercero estoy debajo de la mesa. Después del cuarto estoy debajo del anfitrión.
  • Hay cuatro cosas sin las cuales habría vivido mejor: algunos amores, chismes, pecas y dudas.
  • Las dos palabras más importantes del idioma inglés son: cheque adjunto.
  • A un hombre sólo le pido tres cosas: que sea guapo, implacable y estúpido.
  • Cualquier mujer que aspire a comportarse como un hombre seguro que carece de ambición.
  • Tres son las cosas que nunca lograré: Envidia, profundidad y suficiente champagne.
  • Si quieres saber lo que dios piensa del dinero, sólo mira a la gente a la que se lo ha dado.
  • Cuida los lujos y las necesidades se cuidarán por sí solas.
  • El aburrimiento se cura con curiosidad. La curiosidad no se cura con nada.
  • ¡Oh! La vida es un ciclo glorioso; y el amor es algo que siempre triunfa, que nunca puede fracasar.
  • Es un departamento pequeño; apenas tengo lugar donde dejar mi sombrero y un puñado de amantes.
  • La mejor forma de mantener un hijo en casa es hacer el ambiente agradable y desinflar las llantas del automóvil.
  • Lastime a un amante y encontrará un enemigo.
  • La brevedad es el alma de la ropa interior.
  • Él y yo teníamos una oficina que de haber sido una pulgada más pequeña habría significado adulterio.
Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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