El tiempo vitalista

Hay una frase que mencionan mucho las personas mayores —inclusive las mencionamos los que estamos cerca a los 40 años, los que tienen 40, y los que ya pasaron esta línea divisoria de la cuarta década—: “todo tiempo pasado fue mejor”. Es una frase que se asoma en la cabeza cuando nos llenamos de nostalgia al recordar momentos vividos. Es una frase que se convierte en juicio para definir que ciertas condiciones actuales de nuestra sociedad no nos gustan.

Pero realmente ¿todo tiempo pasado fue mejor? Yo creo que no.

Y digo que no, como el plebiscito, por una razón ontológica. El tiempo nunca ha cambiado. El tiempo natural, el vital, ha sido inmutable. El tiempo es el juguete con el que cuenta la naturaleza para crear vida. Es el tiempo, hecho ciclos, lo que hace posible que podamos caminar por este mundo. Siempre serán 9 meses, ni uno más, ni uno menos, los que necesitamos para nacer. Y es un tiempo que es igual en cualquier parte del mundo, con o sin estaciones… Son 17 años los que usan las ninfas de las cigarras debajo de la tierra antes de tener alas para volar. 17 años, ni uno más, ni uno menos… El café da sus frutos en octubre, ni en septiembre, ni en noviembre, en octubre… Las estaciones siempre serán de tres meses cada una, ni uno menos, ni uno más.  Ese tiempo, que no se expresa en los relojes, es el que realmente existe, y por tanto también hace posible nuestra existencia. Somos gracias al tiempo.

Pero nosotros, y no sólo los que estamos cerca a los 40, o los que tienen 40, o los que ya pasaron esa línea que separa una década de otra, sino todos nosotros, la humanidad, hemos pretendido controlar ese tiempo; y para ello nos hemos valido de la tecnología, le otorgamos el permiso para que sea ella la creadora de la sensación de que el tiempo ahora va más rápido, que el tiempo se ha acelerado, y por ello entonces los nuevos oficios que trae la tecnología están en contra del tiempo natural: ahora podemos estudiar o trabajar en tiempos de reloj diferentes, podemos enviar y recibir archivos de manera inmediata, donde el tiempo ya no es una línea sino un punto que desaparece sin dejar huella. Escribimos en una red social y esperamos a convertirnos en tendencia, es decir, pretendemos estirar el tiempo efímero en el que nos hemos sometido, queremos crear una historia líquida. Y cuándo caemos en esos ritmos desbordados, perdemos el concepto natural del tiempo, el que nos dio la vida.

Afortunadamente la naturaleza es más sabia que nosotros.

Esos tiempos actuales que nos permiten conectarnos de manera más rápida con el mundo, son tiempos artificiales, creados por máquinas sincrónicas que limitan nuestra existencia y nos establecen el ritmo en el cuál debemos mover nuestra realidad, nuestro vitalismo. El tiempo ontológico, circadiano, es el mismo para quien conduce una carreta como para quien conduce un automóvil, para el que camina que para el que corre. Entonces aquí cabe otra frase típica, convertida en refrán: No por mucho madrugar amanece más temprano.

Desconectarnos de la tecnología y conectarnos con la naturaleza permite zafarnos del tiempo artificial y recibir el tiempo natural, el esencial, el vitalista; el mismo que conoció el espeleólogo francés Michel Siffre cuando decidió vivir dos meses a 120 metros bajo tierra, y descubrió los ritmos naturales de la tierra y en los que nosotros también nos movemos. Él es creador de una ciencia llamada Crono—biología: Los tiempos biológicos que nos cobijan, que nos permiten existir.

Los tiempos naturales no tienen forma de ser controlados por nosotros, no tenemos tanto poder, siempre nos cuesta entender eso, nos sentimos superiores a la naturaleza, casi dioses de todo. Los tiempos naturales se nos escurren como agua entre los dedos. Tal vez aceptando esa condición podemos comprender mejor nuestra existencia, darle un ritmo más pausado, podemos aprender a esperar, nos puede acercar al vitalismo, a la esencia. Debemos darnos el permiso de sentir el compás del mundo, lejos del tic tac del reloj de la pared, y más cerca a los relojes derretidos de Dalí.

jerogarciar

Literatura, docencia y salsa, las pasiones de mi vida...

4 comentarios sobre “El tiempo vitalista

  1. Comparto plenamente. Hemos creado artificios que nos dan una falsa sensación de control, pero estamos a merced de lo que la Naturaleza disponga; ganaremos en salud mirando los relojes de Dalí en lugar de vivir al compás del tic tac ilusorio.
    Un saludo desde Argentina.

  2. Interesante lectura y a mi edad uso mucho esa frase: “todo tiempo pasado fue mejor” por los recuerdos bonitos que me traen. Pero, tienes razón, cada día trae su propio afán; hay un tiempo para cada cosa, tiempo para nacer, tiempo para morir, tiempo para llorar, tiempo para reír, tiempo para sembrar y tiempo para cosechar y así sucesivamente…. Un abrazo

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