Las polémicas de ayer y hoy

La letra es también un espacio humano y bien sea por envidias o desacuerdos, e incluso posiciones malentendidas, se generan enfrentamientos entre escritores que aún sobreviven a lo largo de la historia. Me interesa recordarlos en este espacio y en este momento, porque pienso que puede ser un campo de interés para observar cómo varían las polémicas, temas, razones y fundamentos de los involucrados en función del curso de los tiempos y el establecimiento de cánones literarios, o cánones alternos a lo largo de las historiografías literarias.

Sobre todo, atendiendo a que, en nuestro siglo, la información fluye más rápido y la polémica pareciera ser algo que tiene corto tiempo de duración y figuración en las redes sociales, no trasciende. No pretendo responder alguna pregunta o indagar sobre el porqué pasa esto, sino simplemente poner a consideración el tema del pólemos y recordar algunas polémicas literarias, como ejercicio de memoria personal, como una forma de recordarme lo humano de lo que está hecho la palabra. Seguramente los lectores recordarán muchas más que las que expongo a continuación.

El pólemos, desde la Grecia antigua hace parte del espíritu de batalla, fundamenta todo el mito griego alrededor de la guerra. Sin profundizar mucho en la definición, esto deriva entonces en lo que entendemos hoy por polémica., la cual se da por efecto de opiniones contrarias, de una discusión, de la guerra de las palabras. En la literatura, las discusiones que recuerdo, son artísticas, es decir, la palabra con la que se activa este pólemos está dotada de una magistralidad que hace trascender la polémica y crea algo nuevo con respecto a la situación que se discute, aunque no siempre quienes discuten superen la contienda.

Son los casos por ejemplo de Virgnia Woolf y James Joyce. Virginia escribe todo un ensayo en respuesta a Joyce sobre el “Derecho a decir de las mujeres”[1]. Esto en la Inglaterra del siglo XIX. Pero antes, en Latinoamérica, también fue conocida la polémica entre Sor Juana Inés y Sor Filotea (seudónimo del obispo Manuel Fernández Santa Cruz) y la Carta Atenagórica que escribe Sor Juana defendiendo este mismo derecho a decir y pensar. En ambos casos la polémica construyó para la historia un espacio para la escritura femenina.

En el siglo XX, con las vanguardias afloran mucho las polémicas en Latinoamérica. Recuerdo la de Carpentier con los surrealistas a quienes llama artificiosos aristócratas en su prólogo del Reino de este mundo. La polémica le sirvió para crear su teoría de lo Real Maravilloso y distanciarse del surrealismo francés. En la misma línea acusó César Vallejo al surrealismo latinoamericano de copia y de artificio que no llevaba en la poesía a la genuina emoción del alma, y que no tenía la tradición propia. Ante esto, Gamaliel Churata, en Bolivia, a través del Boletín Titikaka, responde a Vallejo que sí es cierto que esa artificialidad está, pero que antes de la tradición occidental está la tradición de los andes. Hay aquí una preocupación por desligarse de Europa en la Vanguardia, por la creación del pensamiento y literaturas propias de Suramérica.

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Fotografía tomada del blog del Grupo Literario Signos

En la misma época en Brasil, los creadores del movimiento antropófago se distancian, después de hacerse muy amigos y pensar mucho el tema de la identidad brasilera. Aun así, siguieron publicando y haciendo la revista Antropofagia puesto que este era un tema personal entre Mario y Oswald de Andrade que no llegaba a tocar la propuesta literaria de grupo. A comienzos del XX también se conoce la polémica entre César Moro y Vicente Huidobro, ambos con el afán de discutir sobre las traídas del surrealismo a Latinoamérica. Huidobro escribe una carta cargada de ironía y homofobia con la que intenta sepultar literaria y artísticamente a Moro. En respuesta, Westphalen y los amigos de Moro hacen todo una publicación periodística para contestarle a Huidobro, abunda allí la crítica hacia Altazor y hacia los fundamentos estéticos de vanguardia.  A pesar de la alta carga de subjetividad, en ambos casos, la discusión frente a la autenticidad, al igual que entre Vallejo y Churata, y los surrealistas, está llena de grietas para leeer la literatura de la época.

Más entrado el siglo XX se conocen las polémicas entre los escritores del Boom, en alguna de ellas terminó García Márquez con un ojo morado en manos de Vargas Llosa. Pero hablemos sobre la polémica importante, la de Julio Cortázar y su consideración sobre los escritores latinoamericanos cosmopolitas, y la sentida carta que responde José María Arguedas declarándose provinciano, negándose a ser aculturado y más bien defendiendo su posición de escritor desde adentro. Otra vez la discusión por lo Europeo frente a lo Americano.

Sobre el siglo XXI y las polémicas literarias, hablaré del caso Colombia, que es el cercano. Lo curioso es que estas polémicas de hoy se hacen virales y no se reflexionan. Por ejemplo la polémica entre Jota Mario Arbeláez y Anabel Torres sobre la escritura femenina.  Quedó claro el insulto para Anabel Torres, y su pretensión de hablar y abogar, inútilmente según el escritor, por la inclusión de voces femeninas en la literatura colombiana,  pero la polémica no se pensó sobre lo que significó el insulto, sobre lo que aún hoy en el siglo XXI constituye el derecho a decir de una mujer.

Otra polémica reciente de la literatura colombiana fue entre el mismo Arbeláez y Juan Manuel Roca y la invitación a hacer las paces con el eterno polemista colombiano Harold Alvarado Tenorio. En una coyuntura de Acuerdos de Paz, esta polémica y la relación de la poesía con la violencia y la escritura merecen una gran atención, y no pasó de ser una publicación de ida vuelta…La historia dirá después, si es que se fija algún interés sobre estas publicaciones. Y las más recientes, en cuanto a lo literario nos hablan del pensamiento conservador de escritores Colombianos como Piedad Bonnett y Héctor Abad sobre la poesía y el, según ellos, desmerecido Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Por otro lado de la contienda, la visión cultural de Carolina Sanín quien responde a los escritores mencionados defendiendo el Premio Nobel y una idea de literatura diferente y menos conservadora y tradicionalista.  Fuera de lo literario, hay otras polémicas interesantes con las cuales Sanín construye espacios simbólicos de interacción frente a la realidad social colombiana. También durante el XIX se puede incluir como polemista a Vargas Vila, y en el XX a los nadaístas y al aún generador de polémicas Fernando Vallejo.

Llamo la atención sobre el tema y acción del pólemos porque creo que desde aquí se pueden pensar otras cosas de la literatura, tanto en otras épocas como en  nuestra contemporaneidad. Lo humano de polemizar, lo terrenal de los escritores se ve aquí en este escenario, en las formas y los fondos para defender una posición. Algunas de estas discusiones, sobreviven hoy en día, otras quedan como publicaciones agresivas, que abundan en cualquier red social a manera de matoneos. El medio hostil es campo para el pensamiento de una época, hacer una discusión de altura y trascenderla es el reto, sobretodo escuchar, o leer, todas las versiones sería lo más constructivo para el conocimiento acerca de la condición humana, o incluso para una sociología literaria. Quedarse en el intersticio de los pensamientos binarios y leer desde allí las múltiples dimensiones de lo literario.

Me surgen más preguntas que respuestas en esta breve reflexión: ¿Existe alguna retórica de la polémica? ¿Para qué se utiliza hoy la polémica? ¿Qué relación tiene la polémica con las obras literarias en términos editoriales y de concepción de lo literario en una época? ¿Qué impactos han tenido estas polémicas en la literatura? ¿Cuáles son los límites del decir entre una polémica y una manifestación abierta de odio? Seguro también, el lector tendrá otras inquietudes al respecto, lo cual es mi principal objetivo al escribir este texto. En un mundo donde polemizar es más el lugar común que la excepción,  las originalidades de estas discusiones nos llaman a leerlas, no a dejarlas pasar como otras notificaciones más para la historia.

[1] Esto lo documenta Elaine Showalter para definir su noción de Ecriture Femenine en: Showalter, Elaine (1999). La crítica feminista en el desierto. Marina Fe (coord.), Otramente: literatura y escritura feministas, México, Fondo de Cultura – UNAM. Las demás polémicas referidas se encuentran disponibles en varios sitios de lectura en el buscador de google.

Angélica Hoyos Guzmán

Creo que la literatura es la vida. Investigo sobre las formas de la sobrevida en el mundo contemporáneo a través de la poesía y el arte. Colecciono indicios.

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