Pare

Imagen: El Buho nº30

Va tan rápido el mundo que no nos permite detenernos a leer las noticias de la prensa con el detenimiento que ella misma lo sugiere en su sección de Salud y bienestar sin que se nos haya ido ya todo el domingo, como si quisiera llevarle la contraria a la lentitud de las estrellas y viajar a velocidades jamás registradas por el hombre para obtener un premio por ello y poder jubilarse de una vez por todas. Si el mundo fuera un poco más despacio, sólo un poco, podríamos leer todas las noticias en todas sus categorías y plataformas, y hasta las columnas de opinión, mientras nos tomarnos un café, claro está, si es que la prensa también disminuyera su marcha demencial hacia la nada que es la desinformación. Y es que, si se lee la sección de política, por ejemplo, investigando un poco sobre su veracidad y seriedad, no se puede pasar a la sección deportiva sin hacer una pausa porque, a pesar de sus diferencias evidentes, a los pocos minutos ya estamos confundiendo a la estrella del fútbol europeo con el primer ministro del Reino Unido o a la nueva estrella porno colombiana con la primer mujer presidente de los Estados Unidos de América. Lo digo por una razón específica que tiene mucho que ver, o poco, depende de quién lo mire, con la prensa de la que hablo: leo un libro en donde el presidente actual de la potencia psicológica es una estrella porno latina que, según, lo pronostican los expertos, batirá en unos años todos las marcas establecidas por Messi y que parece ser, de no ser por la cicatriz en su pubis, el primer ministro del Reino Unido encubierto preparando la última guerra mundial. Dice allí que el mundo es un lugar mejor. Y lo creo. No veo por qué no asistirían encantados todos los invitados a una cena en la casa blanca a un show privado, con alcohol ilimitado y gratuito, para tratar asuntos de seguridad nacional, de sexo seguro nacional y, por supuesto, internacional e interestelar, así como que en cualquier descanso de corbatas y convenciones, el presidente más vigilado del planeta se cambiara los zapatos de cuero hechos por un niño africano para ponerse los de jugar al fútbol, también hechos por un niño, pero este asiático, y empezara santiguándose para enfrentar una final de copa del mundo ante los ojos atónitos de su seguridad especial, eso sí, con la elegancia que dictan los genes ingleses que tanto nos hacen falta a los latinos llenos de herencia tan elástica como la misma historia que nos fue contada desde los barcos vikingos hasta los españoles. Decía que en la novela se cuenta la historia de una mujer, y que es la primera presidenta de la nación más machista de la historia, que sabe jugar al fútbol mejor que los extraterrestres y que es todo un caballero inglés con horario de tomar el té incluido, pero lo que no les dije, ni les diré, es el nombre de la protagonista, porque el autor hace todo lo posible para que yo no lo sepa en las casi mil páginas del ladrillo de papel que llevo leídas: no hay diarios en donde se pueda leerlo, no hay internet para consultarlo, nadie en las calles o el transporte público lo dice y mucho menos ella se presenta diciendo que es un placer conocerle, que se llama así o asá, ella sólo usa las palabras mágicas que aprendió de memoria el día en que se posesionó y que repite como lora mojada cada vez que alguien la saluda por primera vez: «es un placer conocerlo, soy quien usted quiera que yo sea», como rezó su campaña presidencial sin que alguien se quejara o exigiera su derecho a la información, algo así como que el mundo entero renunció a su derecho de moverse libremente pero sin causar ampolla.

Todavía no sé si terminar de leer las mil páginas que me faltan o detenerme antes y esperar a que suceda lo que allí no se narra, porque el mundo va demasiado rápido y de pronto me lo pierdo por andar de cabeza en un libro de proporciones de otro siglo, aunque leer, en el fondo, sea la única manera de detener el mundo y hacer que giren todos los mundos a la vez. Sin embargo, si el mundo fuera un poco más despacio de lo habitual nosotros iríamos tan rápido que ya estaríamos de regreso y esto no sería un final sino un principio.

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s