Acción Poética Mundial en Buenos Aires: Contra la Guerra y por la Paz en la Tierra

World Poetry Movement in Buenos Aires

Acción Poética Mundial en Buenos Aires

 

Against Nuclear War and for Peace on Earth

Contra la Guerra y por la Paz en la Tierra

 

El 26 de octubre de 2016 se realizó en Buenos Aires, Argentina, la “Acción Poética Mundial”, cuya consigna fue “Contra la Guerra Nuclear y por la Paz en la Tierra”, manifestación gestionada y animada por el World Poetry Movement (www.wpm2011.org) y organizada en esta ocasión por la Fundación Human Rights Memory, a las que adhirió GESCAL (Grupo de Estudios Sobre Colombia y América Latina), la organización civil “Mecopa la Paz” y la “Casa de Salta en Buenos Aires”, en colaboración con Leonor Fleming, quien abrió sus generosas puertas para realizar este evento.

La Acción Poética Mundial en Buenos Aires contó con el diálogo y la lectura de 14 poetas latinoamericanos, divididos en cinco mesas, quienes convocaron a un público de más de 60 personas. Ellos fueron: Hugo Mujica (Argentina), Víctor Rodríguez Núñez (Cuba), María Rosa Lojo (Argentina), Santiago Sylvester (Argentina), Leopoldo Castilla (Argentina), Ana Arzoumanian (Argentina-Armenia), Nara Mansur Cao (Cuba), Diego Alfaro Palma (Chile), Leticia Hernando (Argentina), Nicolás Antonioli (Argentina), Juano Villafañe (Ecuador-Argentina), Daniel Castelao (Argentina), Lidia Rocha (Argentina) y Sergio Geese (Argentina).

Fueron tres los aspectos en los que reflexionó y se solidarizó la Acción Poética Mundial en Buenos Aires:

LAS TENSIONES EN EL MUNDO QUE PODRÍAN DESATAR UNA GUERRA NUCLEAR

La escalada de ensayos nucleares de Corea del Norte, en relación directa con las provocaciones y agresiones de Corea del Sur y Estados Unidos preocupan a todo el mundo. A ello se suma la disputa en los mares de China Oriental y China Meridional, patrullados por las flotas de China Popular y Rusia, frecuentemente acechado por aviones y portaaviones nucleares norteamericanos; el conflicto entre la India y Pakistán, ambas potencias nucleares; el genocidio en Palestina consumado por Israel, y la situación conflictiva en Ucrania, soliviantada por la OTAN, evidencian el estado abismal de nuestra historia en la Tierra.

LOS CASOS DE FEMINICIDIOS EN ARGENTINA

Las organizaciones de Derechos Humano, entes civiles y los diarios no tienen el número exacto de las víctimas por Feminicidio:

Una nota del diario La Nación sostiene que en 2014 hubo 277 feminicidios y en 2015 se registraron 286 casos de violencia de género con desenlace mortal. Los números del 2016 aún son reservados.

La fría estadística, que reduce a números tragedias reales con nombres y apellidos, revela que la mayoría de las víctimas tenían entre 19 y 50 años, y que en el 80% de los casos conocían a sus asesinos. Se sostiene que cada 30 horas hay una víctima mortal en Argentina por este tipo de violencia.

El Movimiento Poético Mundial se solidariza con las víctimas del feminicidio a nivel mundial y se ofrece para poner en marcha caminos de diálogo a través del arte y la expresión.

LOS DIÁLOGOS DE PAZ EN COLOMBIA

Tras seis décadas de guerra, por fin las FARC-EP y el Estado colombiano se han sentado a dialogar durante cuatro años en La Habana, Cuba. El objetivo es terminar el conflicto armado entre las dos facciones en guerra. Dichos acuerdos contemplan el cese unilateral y definitivo del fuego. Sin embargo, en consulta popular mediante un plebiscito la mitad de los colombianos optaron por NO apoyar dichos acuerdos de Paz.

A las pocas horas de los resultados del plebiscito, las FARC-EP se negaron a levantarse de la mesa de diálogo hasta que no se firme la paz. El presidente Santos, en alocución televisiva, se comprometía a redoblar los esfuerzos en el camino de la Paz. Los colombianos que votaron por el SÍ organizaron cientos de manifestaciones pacíficas a nivel nacional e internacional.

La comunidad internacional, integrada por 47 países, reafirmaron su apoyo al proceso de paz, incluyendo los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Estados Unidos, Francia, Rusia, Reino Unido y China. Organismos como la Unión de Naciones Suramericanas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Comunidad Andina, la Organización de Estados Americanos, la Naciones Unidas, la Unión Europea, entre otros, manifestaron su apoyo al proceso. Finalmente, la Academia Sueca le otorga el Premio Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos.

La Acción Poética Mundial en Buenos Aires apoya públicamente los Diálogos de Paz en Colombia y se compromete a llevar un mensaje de amor y fraternidad a las víctimas de la violencia en Colombia.

El Movimiento Poético Mundial fue fundado en el contexto del Encuentro mundial de directores de 37 festivales internacionales de poesía, celebrado en Medellín, Colombia, entre el 4 y 8 de julio de 2011. Dicha organización apoya y apoyará siempre las reflexiones, las acciones y las medidas que puedan contribuir a la paz mundial, a la defensa de toda vida sobre la tierra, al desarrollo sostenible de un mundo nuevo, al restablecimiento de la belleza, la dignidad y la verdad, en el proceso de un persistente fortalecimiento de la presencia de la poesía en la sociedad contemporánea.

Fredy Yezzed
Coordinador del evento MPM, Argentina
Fernando Rendón, en nombre del COMITÉ COORDINADOR
MOVIMIENTO POÉTICO MUNDIAL
http://www.wpm2011.org

***

HUGO MUJICA nació en Avellaneda, Argentina, en 1942. Es poeta, escritor y ensayista. Sus últimos libros de poesía: Barro desnudo (Ed. Visor, España, 2016), Cuando todo calla. (XIII Premio Casa de América de Poesía Americana, Ed. Visor, España, 2013). En ensayo: Dionisio Eros creador y mística pagana (Ed. Hilos de Ariadna, Buenos Aires 2016), La Pasión según Georg Trakl. Poesía y expiación (Ed. Trotta, España, 2009).

LI

Siempre es desde dentro

que se cuartea la tierra,

es la sed de las raíces

la que la abre

a las lluvias.

 

 

LII

Alto y lejos,

apenas perceptibles,

golondrinas nómadas

surcan el aire.

La nada que somos

es el todo que buscamos.

***

VÍCTOR RODRÍGUEZ NÚÑEZ. La Habana, Cuba, 1955. Es poeta, periodista, crítico, traductor y catedrático. Ha publicado catorce libros de poesía, el más reciente Despegue (Premio Fundación Loewe, Visor, 2016). Durante la década de 1980 fue redactor y jefe de redacción de la revista cultural cubana El Caimán Barbudo. Compiló tres antologías que definieron a su generación, así como La poesía del siglo XX en Cuba (Visor, 2011).

 

BOGOTANO

Yo juego fútbol con mis asesinos

Les disputo el balón

gano tiempo y espacio

arriesgo esta jugada individual

Arracimados

sobre el pasto tenaz

de este parque escogido

los gamines se sacuden el polvo

que Dios echó en su alma

y se bañan con sol

El de ruana molida

busca en la bolsa plástica

el aliento de la felicidad

Y el que tiene las costillas al aire

caza como un gorrión

migajitas de pan entre la hierba

Yo juego fútbol con mis asesinos

me pasaron la bola

y pruebo el arco

Hay más niebla en los huesos que en las calles

 

 

 

ILKLE

los romanos tomaron este cerro

que tú subes en paz

solo una escaramuza con la niebla

un clavel abatido

se hace fuerte el otoño

en su feroz revuelta contra el verde

la nieve es un metal

que puede florecer en el crepúsculo

inmensidad rugosa

quietud inalcanzable

aunque no queda nada

solo un bajorrelieve enmohecido

lo que otros se negaron a ver

y el espacio remueve

 

 

***

MARÍA ROSA LOJO. Buenos Aires, Argentina, 1954. Es escritora e investigadora. Publicó cuatro libros de microficciones y poema en prosa Visiones, Forma oculta del mundo, Esperan la mañana verde y Bosque de Ojos. Recibió la Medalla del Bicentenario otorgada por la Ciudad de Buenos Aires (2010). Obtuvo, entre otros, el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires (1984).

 

 

 

ESTE ES EL BOSQUE

Cuando llego, jadeante, mi padre está esperándome sentado sobre un tronco. El aire se había puesto oscuro y empañado un instante atrás, pero aquí, bajo los arcos verdes, la luz tiene un espesor de miel y sólo se respira un oxígeno burbujeante y diáfano.

Me siento junto a él. Está tan delgado como cuando murió, pero los ojos vivos contradicen su cuerpo.

–Papá, decíamos ayer que la vida es una herida absurda.

–Ésas son cosas de los tangos, hija. Aquí nadie vive en vano. Éste es el bosque.

–Pero decíamos que la vida es una pasión inútil.

–Ésas son cosas de Sartre. Aquí no hay pasiones, aquí nada es inútil, aquí cada vida sirve a su función. Éste es el bosque.

Y su brazo –apenas un hueso con las venas tatuadas—agrupa en un solo gesto los robles y los castañares, los pinos y los eucaliptos, los musgos y los líquenes, las espinas del toxo.

–Pero nacemos y morimos y es como si no hubiéramos vivido y somos apenas hojarasca que se pudre bajo los pies que pasan.

–Aquí nada se pierde y todo se transforma. Aquí nada muere. Somos la gente de la tierra, las criaturas del árbol, la semilla que florece sin fin. Éste es el bosque.

EL OLOR DEL CIELO

Un día por año, durante una hora, es posible abrir la puerta del Cielo. El único requisito es estar atento para percibir el resplandor muy leve que dibuja en la pared de enfrente los contornos delicados y precisos de una puerta.

Hay que empujarla con las dos manos y apoyar después todo el cuerpo, suavemente. Se sabe que uno ha entrado sólo por el olor del Cielo, que es peculiar e inolvidable y no se parece a ninguno de los olores de la Tierra, ni siquiera al jazmín del Cabo o a la algalia, o al clavel suntuoso o a las rosas de Cádiz, o al almizcle.

No es posible recordar nada más porque el olor del Cielo marea y desmaya, confunde y oblitera todos los otros sentidos. Nadie puede relatar, por tanto, su visita al Cielo porque su único recuerdo es un olor, y éste es indescriptible, e imperceptible para todos los demás seres humanos. Pero sí puede presentar la prueba, porque detrás del visitante se alinean los gatos y olfatean con adoración al que regresa del Cielo y maúllan, despechados, a la Luna que nunca baja, que siempre está demasiado lejos para olerla.

 

(De Historias del Cielo, publicado en Bosque de Ojos, Buenos Aires, Sudamericana, 2011)

 

***

LEOPOLDO CASTILLA nació en Salta, Argentina. Es poeta, escritor y titiretero. En 1976 se exilió en España, perseguido por la dictadura militar. Hoy reside en Buenos Aires. Tiene más de treinta libros de poesía publicados, destacamos sus últimos títulos: Poesón (al universo) (Buenos Aires, 2016), Era el único planeta que cantaba (Madrid, 2016) y Nacer incendia (Lima, 2016).

 

EL EJERCITO DE TERRACOTA

Esta población de polvo

esta marcha del hombre

por la soledad del tiempo

estos mudos

son una provisión de humanos

para cuando no haya nadie en el pasado

para cuando no haya nadie en el futuro.

Cada uno es todos y es ninguno

y guarda su lengua

igual que una moneda secreta

entre los labios.

Mientras ellos avanzan,

inmóviles,

nosotros caemos

de nacer desconocidos

a morir desconociéndonos

en la guerra

que desde siglos se quema intacta en el aire,

helicoidal,

insepulta

como un pozo ciego.

Este museo de los vivos

localizado en algún lugar de la muerte,

estos hombres apagados,

aldeanos, campesinos,

esta leva humana

sólo para que la guerra sea mortal,

es lo que restará de nosotros,

semillas neutras

con la carne en el barro

y el porvenir en la memoria.

¿Quién puede detener el ataque

del vacío de los guerreros,

de los caballos fijos en el espanto,

del resucitado que apunta

con su flecha invisible?

Todavía mata el trazo,

la geometría letal

de lo que no ha nacido.

Miren en los ojos visionarios, en los párpados

de cansada arena

el poder mendigo

y en la boca,

donde se les descorazona

una vieja, inalcanzable, sonrisa,

la derrota de todas las victorias.

Miren los decapitados, de pie en el orgullo,

reunidos en el vivac de la disolución,

en un alto de la batalla,

palidecer

de una incontenible muerte natural,

mientras un caballo, hundido en la arcilla,

sólo con la grupa en este mundo

salta, salvaje, hacia otra forma

y es miles de caballos

en el oleaje de la tierra.

En un rincón sobran los huesitos

del ladrón de tumbas

muerto por el mercurio,

el mercurio que mata como el hombre

porque no puede separarse de sí mismo.

Este ejército de arena,

esta sequía de la guerra

marcha desde China.

Va hacia la tumba de todos los imperios.

 

 

BALADA DE AUSCHWITZ

En la valija de Jacobo caben

una camisa, una fotografía

y el polvo del camino

que adelgazó cuando lo enterraron.

Estos son los anteojos de Issac.

Los de ver irse el mundo

por una grieta de un vagón del tren.

Los limpiaba con su aliento. No podía

respirar si miraba,

si respiraba se quedaba ciego.

Este es el pelo de Esther

encaneciendo solo. Esos

los zapatos de Samuel y la muleta de Aarón

y la pierna de madera de Raquel.

En esta mancha del jergón de paja

se disolvió el niño

al mamar la tiniebla de su madre.

Esa es la tela que tejieron con sus cabellos

( y es que lo frágil

hila el espanto. )

Este es el sobretodo de Josué

donde se encerró. Su casa oscura.

No lo pudieron hallar

cuando lo asesinaron.

Detrás de las barracas

los hambrientos alambrados

el ojo demente de los reflectores

y un patíbulo.

Fuera de Auschwitz todo es nieve

y silencio.

Hombres y mujeres por la tierra.

Por toda la tierra

sombras

de blanco.

 

 

***

SANTIAGO SYLVESTER. Salta, Argentina, 1942. Autor de catorce libros de poesía, un libro de cuentos y dos de ensayos. Ha recibido, entre otros, Premio Nacional de Poesía, Municipal de la Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Salta. En España, los premios Ignacio Aldecoa y Jaime Gil de Biedma. Miembro de la Academia Argentina de Letras.

 

(peripecias del aprendiz)

El que quiera estar acompañado

que me busque:

el que quiera estar solo

también:

soy bueno en ambos casos: conozco la multitud

y el retiro: soy

acompañado y solo.

El instinto gregario no me obliga;

la soledad tampoco:

si conozco ambas cosas,

es porque no soy un buen profesional:

sólo un aprendiz que da conversación,

que da silencio.

En ambos casos, conocimientos adquiridos: no vine terminado:

soy producto e insistencia: tal vez por eso

ni en compañía ni solo estoy en mi estado natural: soy

puro oficio

y voy aprendiendo con usted.

Disculpe entonces si tengo fallas: es el precio del error

pero también del acierto: y así voy,

errando y acertando con buena voluntad:

puedo conversar

o estar callado,

y puedo también confundir los momentos: hablar solo

o no hablar en sociedad;

y todo,

por el aprendizaje que no acaba.

 

 

(nada como una buena salud)

Es increíble la cantidad de remedios: para cada mal, una cura:

para el mal de ojo, el asma, la mala fe;

hay ungüentos para el cuerpo y para el alma: ambos lo necesitan, y a

veces es el mismo:

se curan el desencanto, las aguas negras, el orzuelo: hasta la ignorancia

tiene cura o mata.

Hay gotas para ver mejor

y para no ver;

diarrea, paso del tiempo, secreciones, caspa, desconcierto: a cada uno su

antídoto.

Para el descreimiento, cataplasma;

para el abuso de fe, antifebril: el método socrático también sirve;

si se le enferma el yo, no olvide que está hecho

y puede estar deshecho: su enemigo es el sarro de la satisfacción: se quita

con lejía.

Si su empacho es de pasado, quítese el chaleco, combata el monumento

abstracto;

si hay exceso de futuro, no haga nada: un lustro más y estará como

nuevo;

lo peor es abundancia de presente: da jactancia: y ahí sí, purga de la

fuerte: que raspe hasta el hueso;

y no se crea inmortal: también eso tiene cura.

 

 

***

ANA ARZOUMANIAN nació en Buenos Aires, Argentina. De formación, abogada. Es poeta, novelista, cuentista y traductora. Publicó los libros de poesía: Labios, Debajo de la piedra, El ahogadero, Cuando todo acabe todo acabará, Káukasos. Rodó en Armenia y en Argentina el documental “A” sobre el genocidio armenio y los desaparecidos en la dictadura militar argentina con la dirección de Ignacio Dimattia (2010). Es miembro de la International Association of Genocide Scholars.

DEL VODKA HECHO CON MORAS

Yo soy el enemigo.

Soy la discordia, el distanciamiento, la hostilidad. El encarnizado, el declarado; el que lo es con propósito fijo de ellos de oponerse a mí y destrozarme. Soy la mala voluntad, la vileza.

Yo, para ellos: el enemigo. Por eso te convierten en camella, te soplan con una caña una piedrita a través de tu vagina para que, en su larga travesía interna, la piedra te produzca un temblor y no quedes preñada.

Un enemigo con hijos es la duplicación del enemigo.

Si no pueden secarme, guardan piedras adentro para hacer de este lugar un desierto. Así la pregunta ya no sería cuánto valen las tierras; sino, cómo se mide la arena. Partículas fosilizadas moviéndose por el aire, éxodos, y vos camella con esa piedrita que te recorre desde el soplo de la ingle hasta el útero.

Pongo mi cabeza sobre tu vientre, escucho.

En la guerra hay que tener oído. Decime cuánto me querés, me decías. Y yo escuchando la piedra que aniquilaba el fuego.

Soy el enemigo.

Un enemigo es aquel que robó. Y si eras vos la poeta, era yo el encadenado al látigo desmesurado de tu roca, las piedritas de la camella en el desierto.

Algo era claro, ese “no” que nos habían enseñado. Sabíamos decir no a occidente, decíamos no mientras matábamos. Y porque era el enemigo, ellos creían que mataba para atacar. Pero yo mataba por hambre. A veces, para soportar mejor la falta de todo alimento durante nuestras largas marchas por las estepas y los desiertos solíamos ceñirnos fuertemente los cinturones. Uno al otro. Uno apretándole el cinturón al compañero. Por eso ahora que tengo oído y pongo mi cabeza sobre tu vientre y escucho el ruido de las piedritas, te levanto por detrás, busco una aguja para hacerte una costura hacia arriba. Tiro más, hacia atrás como látigos sobre el ladrón del fuego. Te miro en un espejo, te hago ver por delante. Una triangulación aniñada por delante; atrás, una costura que ciñe mi hambre más devastora.

Del útero a tus dientes, las piedritas me cortan mientras me besás. Pedazos de prepucio en la boca. Un color marcial, en mi piel, en tu rostro de rumiante de caravana. Como mecanismo flotante para elevar un barco por los extremos, o con uno de los dos arcos que tiene el yugo, o la artillería para balas gruesas. Te incito a mirar. Vos no sabés si mirarte en el espejo, ajustada hacia atrás por mi hambre, o si echar un ojo a las palabras. Esa otra parte de la frase que dice: mirá cómo me dejás. Y un color marcial entre tus dientes, tus piedras. Casi sangre en mi pelvis.

Ni tus huesos van a recordarte, repetían aquellos para quienes yo era el enemigo.

Ni tus huesos, decían.

Pero yo, como tenía buen oído, porque en la guerra hay que tener oído, escuchaba antes de ser sólo hueso y me convertía en volcán. Un volcán que busca a la hembra del camello. La empujo con mi mano de cráter, con materia ígnea, placas, aguas termales, nubes ardientes que al enfriarse pueden sepultar ciudades enteras.

La arena, el éxodo, el volcán, un cráter que ciñe el cinturón en los bordes de tu cuerpo borrando todo temblor, te destruyen.

Entonces se borra.

Se borra la frase que pregunta cuánto valen nuestras tierras.

***

NARA MANSUR CAO. La Habana, Cuba, 1969. Poeta, dramaturga y crítico teatral, egresada del Instituto Superior de Arte. Ha publicado los libros de poemas Régimen de afectos (2016), Manualidades (2011, Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén y Premio de la Crítica Literaria en Cuba 2012); Un ejercicio al aire libre (2004); y Mañana es cuando estoy despierta (2000), todos por Letras Cubanas. Reside en Buenos Aires desde 2007.

 

 

ROUGE (ONOMATOPEYA – LADRIDO – PERRA)

Me dice que debo ser más espiritual / ¿me dice que no soy espiritual?

entonces

tírate en la yerba patas arriba mira el cielo me tiro le digo me tiro

me caigo miro el tiro largo en su entrepierna

el tiro sobre mi frente como estrella solitaria

como una perra como una cucaracha una boina me tiro

brillante toda de lentejuelas cabeza y zapatos tacos aguja

espiritual metida ahí mirando sin ver de qué se trata el espíritu

la verdad tirar

de estos tiempos la economía el precio de la leche hoy

Y empiezan los ladridos a vestirme como nadie lo ha hecho hasta hoy

–amo a estos perros me digo y ladro yo también–

Ensimismada, peluda

dejándome ser en otra parte en parte ser otra misma en sí.

Porque aquí no hay palabras solo tiros cortos y largos

le repito: “Aquí no hay palabras es sólo espíritu”

¡Ay!

de aquellos que quieren llegar a alguna parte déjenlos ir

Ahora o en cualquier otro momento Dispárenles en la frente como a mí.

Den a cualquier pensamiento un empujón

como me lo dieron a mí en la yerba patas arriba,

como una pulsión como si me desnudara con todos los brillantes sobre los ojos

como si no hiciera falta mirarse destajar la pared

como si me olvidara de los tacos aguja

Pero lo asume lo lleva adelante se entrena es porfiado habla. Me mete

un tiro Me pone ese tono rosado en las mejillas tan favorecedor

y el rouge que no puede faltar en los labios

el rouge.

 

 

EXPOSICIÓN DE LABORES

Llevo el corrector en la mano y la mano levantada.

Llevo el alcohol en la cabeza y la cabeza en la mano.

Llevo las manos ocupadas en el placer de darme gusto y el gusto es a rosa.

Llevo el ramillete de rosas de la novia y la novia adentro mío, para siempre.

Llevo sobre mi pecho letras de molde impresas y el molde dice:

“No podemos hacerlo sin rosas”.

Llevo la ruina de mi clase en la cara, y la cara, agotada de mostrarla,

una herida,

la zanja profunda y la mano levantada, amputada de otras partes de otros cuerpos.

Llevo adelante el resumen de las cuentas y las cuentas dan rojo sangre + blanco odio.

Llevo la sobriedad, la uniformidad, la decencia, llevo el ajuste, el oficio inútil,

a los negros y a los blancos, y todo lo ofrezco en mi plena florescencia.

Llevo el “progresivo conservadurismo en armonía con el debilitamiento de las carnes”.

Llevo y traigo con lentitud de movimientos mis propios horarios, mis desorejadas apetencias –la mujer sin cabeza, la tiara de la novia–.

Llevo adelante la exigencia por la discreción, porque no se note que me arrancan

la cabeza cuando la asomo,

porque no se note que sé de otras noches mejores que estas;

que las letras impresas no son mi mejor gala.

He de ir bien vestida si quiero hacer algo / he de llevarme a mí misma al tiempo laboral y al de la cruda pasión / que no te entristezca la carencia, que no te afecte lo material / que no dejes de crecer y de reír

Corresponde a otros despojarme de los harapos y dejar de asustar a los modistos.

Llevo mucho tiempo con el figurín de Ellas en romance entre los dientes.

Llevo el cadáver de mi abuelo a mis espaldas con el uniforme de caqui gris.

Llevo el trabajo productivo y la pedrada que no se quitó del ojo.

Llevo las botas en la mano y los hongos en los pies, los surcos

horadados para sembrar papa, tabaco, café y naranjas.

Llevo mis circunstancias a donde quiera que voy.

Llevo mis horas y mi boca rosa rosa rosa vivaz.

Llevo mi silencio, llevo mis moldes inservibles.

 

 

***

DIEGO ALFARO PALMA (Limache, Chile, 1984). Publicó los libros de poemas: Tordo (Ediciones del dock 2016, Cuneta, 2014 / Limache250, 2013) y Paseantes (Ed. Temple, 2009). También realizó la antología de la Poesía reunida de Cecilia Casanova (Ed. Univ. de Valparaíso, 2014) y reeditó la Antología de Ezra Pound en Chile (Universitaria, 2011). En ensayo: El horroroso Chile. Ensayos sobre las tensiones políticas en la obra de Enrique Lihn (Alquimia, 2014).

 

 

SARAJEVO

In memoriam Rubén Jacob

Los pianistas perdidos en Sarajevo

y todos aquellos que sucumbieron

como niños

al fondo de una fosa

sabrán más tarde que nunca

que The Boston Evening Transcript

contará algún día su debacle

la vida que perdieron viviendo

en la esquina o en una calle

donde un poeta se asoma

a oír francotiradores

preguntándose

por qué los amigos ya no escriben

o reviviendo la suerte de esa mañana

al no perder las piernas

en la fila para el pan

pero la noche cae

y desearía leer ese vespertino

en algún restaurant frente a la costa

posar la servilleta en las rodillas

encendidas las lámparas de tulipas

el mar revolcándose

espumando contra las rocas.

 

 

 

TORDO

III

el cadáver tantea la humedad

arrojado a un lugar que desconoce

desde una araucaria la noche en forma de pájaro

ninguno de nosotros estuvo ahí o fue arrestado

la bala adentro borbotea al pasar del río

su figura se pierde entre la niebla

como una sombra que asoma entre los hielos

el primero en descubrirla fue nuestro vigía

la voz y solo la voz de su crujido

el barco cercado como han cercado los barrios

y no quedó más que un país o un teatro pobre

el telón montado por quienes traicionaron al hambre

para acabar con la gravedad de las cosas

el lenguaje queda corto para hablar de la miseria

y yo te pregunto Jeanne si alguna vez supiste

de una historia más triste que la nuestra

si alguna vez supiste de una generación más cómoda

en la ignorancia del que nunca se contentó con nada

al final los poetas se preguntan

si este es el tono ostensible de las cosas

en el océano las algas se sacuden lentas

y peces sin color se pasean a falta de destino

arriba las olas se agitan revolcándose

la poesía es inútil ante el poder de un muerto

que reclama volver a hablar su idioma

subir la montaña donde vio espumar el mar

vestir al chico bajo la lluvia hacia la escuela

el mejor alumno en el peor de los empleos posibles

y la bala sale del cuerpo y da en otro

mientras un cura se pone entre los hombres

ándate a la mierda si no sabes escuchar

les grita como un terremoto al pasar bajo tierra

fue en Santiago la misma ciudad donde ejercí de profe

esa bala pudo ser mía tuya o de un estudiante

o del último espécimen de un animal que cae lento

con todo su pellejo el hocico roto

allanan su casa el rocío avanza.

 

 

***

LETICIA HERNANDO. Buenos Aires, Argentina, 1976. Tiene publicado la Alegría del desarreglo (2005), Loba de Sueño Rosa (La mariposa y la iguana 2010), Prosas del desbarranco (La mariposa y la iguana, 2012) y Todo lo que calla el que canta (La mariposa y la iguana, 2015). Desde el 2010 desarrolla el proyecto editorial La mariposa y la iguana junto a la poeta Dafne Pidemunt.

Porque a los que gritan se los amordaza, porque estuvimos gritando toda la noche, dueñas del silencio, y por bailar los barrancos más altos del desierto, doblada en mi cuerpo, tocada por la posibilidad de un verso, he bordado letras en un pulcro papel, tejido cajitas de Pandora. Implorado, feral y sin lenguaje, por una palabra que se abra.

Solo un ramillete de papeles doblados, que esa persona que se llama madre, ha guardado (sin leer) junto a los libros infantiles.

Mas ay, Madre, si supieras cuanto en mí hay de silencio, cuanto en mí puede el vértigo.

(Carnívoras las palabras hacen y deshacen. Y hasta puede ser que ya no me desarme.)

Una vez me ahogué. Y me sacaron de los pelos de un pozo de agua turbia y empantanada. Era invierno.

Luego me veo: cuerpo desnudo en un cuerpo inmaduro (leves pezones contra las costillas), temblando detenida en las vísperas de la asfixia. Me arrancaban de la noche con una toalla áspera y blanda fregando la piel. Me volvían del silencio y no tenían palabras.

Y era casi una suerte no haberse muerto. Rodar la sangre por el cuerpo. No poder coagularse. Oscurecerse. Llevar la cuenta de un ritmo que tiende a cero.

Una vez me ahogué. De una vez y para siempre.

Es tan fácil rodar cuando el vértigo puede. Una cosa de nada. Basta con despeñar el cuerpo en los dientes del diccionario (lengua lamiendo párpados). Erguirse altiva. Mendiga, deslizarse. O hacer una leve torsión con las caderas para tomar la pendiente. Luego rodar. Sensiblemente caer.

Copa de letras de la espera. Caligrama de mujer trémula. Tal vez nunca comprendas qué basta para ser cruel, mas algún día sabrás que es mentira que la sangre no hace ruido al fluir. Y será violento, como abrir una puerta para sólo encontrarse en casa.

Pero hasta entonces, por favor, que alguien le avise (sin ninguna misericordia en la voz), que ha olvidado los labios entreabiertos, perdida en lo que perturba.

 

 

***

JUANO VILLAFAÑE nació en Quito, Ecuador, en 1952. Reside en Buenos Aires, Argentina, desde 1955. Participo en la formación del Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas. Ejerce el periodismo cultural. Es el vicepresidente de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). En el año 2014 trabajo en la producción del espectáculo de poesía Con un tigre en la boca, manual de los amantes, con poemas de Laura Yasán, Jorge Boccanera, Patricia Díaz Bialet.

 

 

EL TIGRE NO ES UN ANIMAL

El tigre no es un animal.

Solo se trata de un agua de leones, islas verdes que flotan

tanto como uno

y navegantes en multitudes

o privados con remos y canoas guaraníes

sobre las fronteras meridionales.

Aguas de conchas, riachuelo de las Conchas de aguas dulces

que penetran el Paraná con un salvaje original puerto

de cabotaje

a unos días de a pie de la aldea fundada por Garay.

El arcilloso fue de agua y en las altas sudestadas de indios

y fuego de patriotas

se hizo luego de la Reconquista,

las conchas de agua dulce habían terminado devoradas

por las tormentas.

Los nuevos ríos desangraron su agua y sus fangos cubiertos

de costas,

de zarzales y espinillas donde fugaron los jaguares,

los reales felinos de estas islas.

Las caídas de agua van todas hacia el afluente del mar,

dan al río más enorme del mundo.

Se respira de amor sobre una pendiente de agua de leones, infesta de leones y leonas de agua. Gritos así, de un fondo

con sus islas.

Llenos estamos y damos aun la luz con los ojos de vidrio,

transparentes hoteles que tienen una ribera y una altura

tan clara.

Son jaguares en la abundancia de una erótica repetida y feliz.

Llévame al Tigre, en un amor que deje sus siluetas

como una constante

y un placer que se hace de verano y certezas perdidas.

Llévame como una estela en una navegación de fuego

y en las iras de Dios.

Llévame por las islas y los alientos hundidos,

por esa belleza que se busca en un infinito tan lejos y tan cerca

de la aldea,

con animales que circundan la pasión y los deseos del agua

con el mar.

Llévame al Tigre

con los felinos y la patria.

(Del libro Públicos y Privados)

 

 

ÚLTIMO APRENDIZAJE

Con mi padre aprendí que antes de morir hay que encontrar

a la madre.

Con mi madre,

que uno se muere sin padre y sin madre.

En el ramo vive el jardín y en su fondo se fija el otro ramo.

Con la pérdida se acrecientan los ramos y los fondos del ramo.

Pero ya nadie levanta el jardín con las manos,

sólo se desea la entrega y se ofrece su fondo.

Nadie levanta un jardín, por eso estamos llenos de fondos

y de ramos.

Es imposible levantar un jardín.

Como exceso nos rodean sus habitantes, su perfume

y su fondo.

Uno va solo a la cita con su ramo de espera

y uno espera levantarla de nuevo.

Ella espera el ramo, su primer perfume.

A mi madre la subí con su ropa de teatro.

Es imposible levantar un jardín.

(Del libro: Públicos y Privados)

 

***

SERGIO GEESE. Esperanza, Santa Fe, Argentina. Coordina el ciclo “La tierra que anda” desde 2012. Publicó en poesía La fuerza de los impávidos (Buenos Aires, 2010). Junto a los compositores Pablo Budini, Fernando Lernoud, y Flavio Gauna, está realizando un cd con canciones propias y otras donde las letras son de su autoría. Tiene un ensayo inédito sobre la maternidad en la poesía de José Pedroni.

 

 

CÍRCULOS DE DANTE

La deuda con lo que no fuimos

nunca se pagará, anda por ahí

con su espejo de miedos sellados.

El espacio se llena con la desobediencia

de un gorrión.

JUAN GELMAN (LXIX, Hoy)

 

Un trazo de tiempo. Un trazo de tinta en el papel. El reloj marca la hora exacta y el número determina la sed y el apetito voraz de tu vida.

Ahora, Dante, ahora, en este círculo de rondas incesantes, ahora Virgilio, ahora, en este círculo de avaricia cuando una pluma determina el valor de la historia golpeando la voz grave y urgente de millones de hombres desorientados.

La camisa bien planchada, el traje impecable, la imagen de la decencia y la perfección, la inteligencia suprema y el poder, transitan dentro de un auto de alta gama.

Estiran sus manos los pobres deseando una oportunidad.

Según tu fe, Cristo dijo: “Pobres siempre van a haber”, y así la Biblia te justifica, y en tu rabia occidental te sientes perseguido y amenazado por el Corán. Tu santuario preferido es la caja fuerte de un Banco en Suiza, y un paraíso fiscal en las Islas Caimán.

Un trazo de tiempo. Un trazo de tinta en el papel. Los círculos incesantes se dibujan, y aumentan la erección de tu sexo que no entiende de amor. Tu pluma es la bella espada que pierde la belleza de la hoja, cuando se opaca con la sangre y la miseria de los otros. No sabe de luz tu vida. Solo buscas el resplandor de los titulares de los diarios que defienden tus intereses. Así te luces, miras la foto y alimentas tu deseo narcisista.

Un niño pide monedas en la esquina, y encierras su niñez en la oscuridad de tus pensamientos. Sus pequeños ojos no saben de tus pensamientos, no saben de porque te pasas horas trazando puntos y ceros en los papeles que seguirán condenando su existencia.

No hay saber en lo que haces, saber es el aprendizaje que practican las madres para que sus niños coman. Saber es regalar la esperanza en aquellos que están desposeídos de todo. Refugiados del odio y la violencia, refugiados del egoísmo y la avaricia que prácticas.

Ahora, Dante, ahora, en este círculo de rondas incesantes, pídele a Virgilio que ilumine a nuestros poetas para que su tinta no se momifique en las cadenas del éxito que ofrecen los mercados. Ahora, Dante, ahora, necesitamos tus ojos humanos en nuestra presencia, para que tu pluma nos salve, de tanto infierno.

MAPA DE RECUERDOS

Veo la mesa de madera rústica, acaricio sus arrugas y un mapa de recuerdos llegan a mí, un mantel que se abre, un vino que se vuelca y se impregna en sus fibras. Una moneda gira en el aire, como determinando la suerte de todos; cara, el prócer gana la batalla ¿el pueblo se libera? Seca, el día sigue igual, ¿hay que esperar otra batalla? La copa de vino se levanta, pongo más néctar en mis labios y lo sirvo en tu boca, la sed nos une, la presencia nos ata, la ausencia nos empobrece, el apetito nos llama.

En la miseria el pan es más mío, el vino es más mío, la mesa es más mía. Corazones enrejados, ojos corroídos, la piel no sabe de inocencia. Ya no gira la moneda en el aire, el metal se puede olfatear, el aire no se respira. El aire somos nosotros, es el pasado, es el presente, donde nada se toca, nada se tiene, nada se queda. Somos un mapa de recuerdos, una ráfaga de viento, un borrador trágico en las manos de un niño, que no sabe que hacer con estos versos.

***

LIDIA ROCHA es profesora de literatura, diplomada en Ciencias del Lenguaje, con postítulo en Lectura y experiencia. Publicó en poesía Aves migratorias (Ediciones del Tren, 2006); Roma (La Mariposa y la Iguana, 2010) y Así la vida de nuestra primavera (La Mariposa y la Iguana, 2016). En ensayo: El lenguaje del amor en la poesía de San Juan de la Cruz. Realiza, con Gerardo Curiá el encuentro literario Literatura Viva y el programa de radio Moebius.

 

peregrino de la otra circunstancia

el pájaro

regresa a su nido en mí

deja caer

sobre mi cráneo

la serenata del ángel

un paisaje sin derrota

hecho de la luz que extraño

desde mi nacimiento

centinela en guardia permanente

entona

una sonata y a veces

un silencio

abro los ojos

trago

la medicina roja

para el almuerzo en la tierra

en el desierto vuelan

dunas de arena como olas

así despierto a la separación

pero el envión de agua celeste

cruza subterráneo

más potente que todas la desgracias

desde allá

donde es posible

la unión definitiva que es a la vez

la libertad definitiva

la unión completa que es a la vez

desigualdad y semejanza

el pájaro se voló

hace rato

todavía puedo verlo más allá de los truenos

su azul deshecho a la hora de la estrella

*

El día

un arco azul

entre dos líneas

de anaranjados y celestes

una trampera

para las moscas del ensueño

arde un chisperío de veranos

sobre las nubes

margaritas con un tinte violeta

en el molino de la brisa

el pájaro que cae otra vez

hacia el claroscuro

del agua y del barro

¿Será fuerte una casa bajo la noche tensa

marcada por el brillo de una estrella sola?

¡y sin embargo

tiene tanta belleza

el apego

a ese país imaginario!

bajo las acacias

me quedo casi ciega de tanto mirar soles

y líneas imposibles

todo se deshará al fin y al cabo

arena

no me devuelvas a la resignación

(inéditos)

 

***

NICOLÁS ANTONIOLI (Florida, Argentina, 1985). Escritor, editor y gestor cultural. Es Prosecretario de la Asociación de Poetas Argentinos, organizador de La Juntada Festival de Poesía Joven Argentina (APOA); es Director del sello editorial Baldíos en la Lengua (www.baldiosenlalengua.wordpress.com). Libros en poesía: sentires del alma (2004), se necesitan ojos (2005), muñecas/maniquí/muñecas (2009), mansalvar (2012), mano emplumada (2013) y monólogo alucinado e interminable del sargento Cabral (2013).

 

Haití en los ojos

en esta noche en la que todos perdimos la cabeza perdimos el espíritu parte del cuerpo disuelto en el desierto que nosotros ideamos para nuestra propia extinción/ el pueblo haitiano se cae/ lo caen/ y con él se desintegra lo humano que había/ la noche es triste más triste sin los hijos/ los padres a punto de conocer la muerte/ ya es asilo y vanidad lo que queda en este sitio que antes permitía nuestra desidia/ el ahorcamiento de algunos huéspedes ingratos/ un hombre devana a una mujer/ esa señora es vientre del mundo/ un hombre es engendro en la prisión/ mientras no entiendan/ mientras la sombra flaca cae en los párpados de los caídos/ bastaba con pedirnos la muerte (dialogan)/ qué está arraigado en nuestra carne/ sólo los perfumes violentos retroceden de nuevo a la piel/ un muerto haitiano grita/ toda la sed/ toda la sed/ el grito que fue último no

 

 

El reverso

osetia nunca fue tan nuestra

osetia nunca fue

la sangre nunca fue tan de ustedes

la libertad es para los que saben conseguirla

pero cómo duele el viento rozando nuestras alas

el reverso de ese dicho protege

hacia dorsal del mundo

transcurre una vida sin sobresaltos

con fornicaciones esporádicas

hacia ventral del mundo

la podredumbre

avanzan los canes

retroceden las bestias de la geología

como el que sale de las cárcavas

si bien pudiera uno intimando

amenazar pegar dos gritos

para callar a esos canes

si la vida me ha demostrado que puede aterirme

encallecer/encadenarme         los osetios

quedará nada de ellos cuando avance el nuevo régimen

la nueva sobredosis de hambre

la cultura reivindicada a punta

oscilar entre esa punta

y la dirección que toman los cuerpos en guerra

 

***

DANIEL ADRIÁN CASTELAO nació en 1967 en Capital Federal. Coordina el ciclo de poesía “SinesteCia” y “Vademécum, poemas recetados”. Forma parte de la Editorial Artesanal Al Filo de la Palabra Ediciones. Está trabajando ahora en Postales de Ingenuidad su próximo libro de poesía en prosa.

 

 

La mujer que me construye y devasta. El imperativo de hacerla existir

en la neblina del mundo. El secreto cuerpo que la diluye. Sus juegos malsanos.

El hermoso cementerio del poema

* * *

 

Dicen

“el pasado está grabado en piedra”.

Dicen.

pero no es así.

Es Humo

en un cuarto cerrado

Ondula,

ciega,

deja ver.

Cambian su forma,

el paso del tiempo y los anhelos.

El pasado

no se borra

se queda a merodear,

intenso,

como el olor a madera que se quema.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Un comentario sobre “Acción Poética Mundial en Buenos Aires: Contra la Guerra y por la Paz en la Tierra

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