Rimbaud. Sus últimas cartas

Rimbaud  ©Mauricio Sánchez.

Las cartas de Rimbaud constituyen un legado documental sumamente interesante para quienes exploran la vida del poeta francés. En total son más de doscientas, enviadas a diversas personas, aunque muy especialmente a su familia durante su estadía en Abisinia. Todas ellas dan cuenta del proceso vital por el que pasó el exiliado de Europa y de la poesía, ofrecen detalles precisos de los sinuosos pasos que tuvo que dar en su itinerario por el comercio de café, de armas, de oro, de marfil. Además de describir los matices de sus negocios en su intento de obtener un capital importante que le permitiera vivir holgadamente, en algunos casos muestran los propósitos y empresas de Rimbaud como explorador infatigable. Relatan también los intereses de un expedicionario en procura de libros técnicos, mapas e instrumentos que solicitaba a conocidos en Europa.

Un solo resultado nos ofrece esta aventura: un hundimiento pleno, un singular declive espiritual y físico. Las cinco cartas aquí traducidas [1] se han elegido entre muchas escritas en 1891, permiten ante todo poner en evidencia la condición bastante tortuosa que condujo a Rimbaud a su última travesía y a su último destino.

Rimbaud murió el 10 de noviembre de 1891 en el Hospital de la Concepción en Marsella. Tenía 37 años.

A SU MADRE

Harar, febrero 20 1891

Mi querida mamá,

Recibí tu carta del 5 de enero.

Veo que todo marcha bien para ustedes, salvo el frío que, de acuerdo a lo que leo en los diarios, es excesivo en toda Europa. Si yo volviera a esas condiciones, moriría rápido.

No estoy bien ahora. Tengo en la pierna derecha várices que me hacen sufrir mucho. He aquí lo que se obtiene, sufrir en estos tristes países! Y estas várices están afectadas de reumatismo. No obstante, no hace mucho frío aquí; pero es el clima el que las causa. Hace quince noches no he cerrado los ojos un minuto, a causa de estos dolores en esta maldita pierna. Estaré bien, y creo que el gran calor de Adén me hará bien, pero me deben mucho dinero y no puedo irme porque lo perdería. Solicité a Adén una media para várices, pero dudo que pueda encontrarse.

Hazme entonces este favor: cómprame una media para várices, para una pierna larga y seca (el pie es no. 41 para el calzado). La media tiene que subir por debajo de la rodilla, pues hay una várice por encima del jarrete. Las medias para várices son de algodón, o en seda tejida con hilos elásticos que mantienen las venas hinchadas. Las de seda son las mejores, las más sólidas. No son costosas, creo. Por cierto, te pagaré.

Mientras espero, tengo la pierna vendada.

Envíala, bien empaquetada, por correo, al señor Tian en Adén, quien me la hará llegar en la primera oportunidad.

Estas medias para várices se encuentran quizá en Vouziers. En todo caso, el médico de la casa puede hacerme llegar una buena, no importa de dónde.

Esta discapacidad ha sido causada por los grandes esfuerzos a caballo, y también por las marchas fatigosas. Pues tenemos en estos países un laberinto de montañas abruptas, en las cuales no podemos ir a caballo. Todo esto sin rutas e incluso sin senderos.

Las várices no son peligrosas para la salud, pero obstaculizan todo ejercicio violento. Es un gran fastidio, porque las várices producen heridas, si no se usa la media para las várices, y aún más! Las piernas vigorosas no soportan de buena gana esta media, sobre todo en la noche. Con esto, tengo un dolor reumático en esta maldita rodilla derecha, me tortura, solamente en la noche! Y hay que imaginar que en esta estación, la cual es el invierno de este país, no tenemos nunca menos de 10 grados por encima de cero (no por debajo). Pero prevalecen vientos secos, que son muy saludables para los blancos en general. Incluso europeos jóvenes, de 25 a 30 años, se afectan de reumatismos después de dos o tres años de residencia.

La mala alimentación, el nocivo alojamiento, la muy ligera vestimenta, las preocupaciones de toda índole, el tedio, las molestias continuas en medio de negros canallas por su estupidez, todo esto afecta muy profundamente sobre la moral y la salud, en muy poco tiempo. Un año aquí vale cinco en otra parte. Se envejece muy rápido, como en todo Sudán.

Para tu respuesta, defíneme pues mi situación en relación al servicio militar. ¿Tengo que hacer algún servicio? Asegúrate y respóndeme.

Rimbaud

A SU MADRE

Adén, abril 30 1891

Mi querida mamá,

Recibí las dos medias y tu carta, y las recibí en tristes circunstancias. Viendo siempre aumentar la inflamación de mi rodilla derecha y el dolor en la articulación, sin encontrar ningún remedio ni ningún consejo porque en Harar estamos en medio de negros y no hay allí europeos, he decidido renunciar. Tuve que abandonar los negocios, lo cual no era muy fácil, pues tenía dinero disperso por todos lados, pero en fin, logré liquidar un poco casi totalmente. Desde hace veinte días estuve acostado en Harar, y sin la posibilidad de hacer un solo movimiento, sufriendo dolores atroces, y sin dormir nunca. Contraté diez y seis negros cargadores a razón de 15 talaris cada uno, de Harar a Zeila, hice fabricar una camilla recubierta con una tela, y es ahí arriba como vengo de hacer, en doce días, los 300 kilómetros de desierto que separan los montes de Harar del puerto de Zeila. Inútil decirte qué horribles sufrimientos sufrí en la ruta, nunca pude dar un paso fuera de mi camilla, mi rodilla se inflamó a simple vista y el dolor aumentaba continuamente.

Una vez llegué aquí, entré al hospital europeo, hay una sola habitación para los enfermos que pagan, yo la ocupo. El doctor inglés, desde que le mostré mi rodilla, dijo que es una sinovitis, avanzada hasta un punto muy peligroso, como consecuencia de falta de atención y fatigas. Habló en seguida de cortar la pierna. Seguidamente, decidió esperar algunos días para ver si la inflamación disminuía un poco después de los cuidados médicos. Hace seis días ya, pero ninguna mejoría, salvo que, como estoy en reposo, el dolor disminuyó mucho. Tu sabes que la sinovitis es una enfermedad de los líquidos de la articulación de la rodilla, puede provenir de herencia, o de accidentes, o de muchas causas. Para mi esto ciertamente fue causado por las fatigas de las marchas a pie y a caballo en Harar. En fin, en el estado al que he llegado, no hay que esperar que sane al menos antes de tres meses, bajo las circunstancias más favorables. Y estoy recostado, con la pierna vendada, atada, reatada, encadenada, de manera que no la pueda mover. Me he vuelto un esqueleto, doy miedo. Mi espalda está despellejada por la cama, no duermo un minuto. Y aquí el calor es muy fuerte. La alimentación del hospital, que no obstante pago demasiado cara, es muy mala. No se qué hacer. Por otra parte, no he finalizado mis cuentas con mi socio, M. Tian, esto no terminará antes de ocho días. Saldré de este asunto con 35 mil francos aproximadamente. Habría tenido más, pero a causa de mi desgraciada partida pierdo algunos miles de francos. Solicité hacerme llevar en un vapor y tratarme en Francia, el viaje me hará otra vez pasar el tiempo. Y en Francia, los cuidados médicos y los remedios son baratos, y el aire es bueno. Es pues muy probable que vaya a llegar. Los vapores para Francia siempre están desgraciadamente llenos, porque todo el mundo entra a las colonias en esta época del año. Y yo soy un pobre enclenque que hay que transportar muy cuidadosamente, en fin voy a partir esta semana. No obstante, no te asustes por todo esto. Mejores días vendrán. ¡Pero es una triste recompensa por tanto trabajo, privaciones y penas! Ay, nuestra vida es miserable.

Te saludo de corazón.

Rimbaud

P.S. En cuanto a las medias, son inútiles, las revenderé en cualquier parte.

rimbaud-en-abisinia
Rimbaud en Abisinia, de pie a la izquierda.

A SU FAMILIA

Marsella, jueves 21 de mayo 1891

Mi querida mamá,

Mi querida hermana,

Después de sufrimientos terribles, sin haberme podido curar en Adén, tomé el barco de Messageries[2] para entrar a Francia. Llegué ayer después de trece horas de dolores. Me encuentro demasiado débil a la entrada aquí, y entumecido por el frío, debí entrar aquí en el hospital de la Concepción, en el cual pago 10 francos diarios, incluyendo el doctor.

Estoy muy mal, muy mal, estoy reducido al estado de esqueleto por esta enfermedad de mi pierna izquierda[3] que se ha vuelto enorme ahora y parece una enorme calabaza. Es una sinovitis, una hidartrosis, etc., una enfermedad de la articulación y de los huesos.

Esto debe durar mucho tiempo, si las complicaciones no obligan a amputar la pierna. En todo caso estaré lisiado. Pero dudo que espere. La vida se me ha vuelto imposible. ¡Pues soy infeliz! ¡Qué infeliz me he vuelto!

Tengo que recibir aquí un envío de francos 36800 en el Comptoir National d’Escompe[4] de Paris. Pero no tengo nadie que se ocupe de cobrar este dinero. Yo no puedo dar un paso fuera de la cama. No he podido aún recibir el dinero. Qué hacer.

Qué triste vida! ¿No pueden ustedes ayudarme en nada?

Rimbaud

Hospital de la concepción,

Marsella

Telegrama a su madre

Marsella, mayo 22 de 1891

Señora Rimbaud, Roches

Attigny

Ardenas

HOY TU O ISABELLE VENGAN A MARSELLA POR TREN EXPRESS LUNES EN LA MAÑANA AMPUTAN MI PIERNA PELIGRO DE MUERTE ARREGLAR ASUNTOS SERIOS ARTHUR HOSPITAL CONCEPCIÓN RESPONDAN

RIMBAUD

A SU HERMANA ISABELLE

Marsella, junio 23 de 1891

Mi querida hermana,

No me has escrito, ¿qué pasa? Tu carta me dio miedo, apreciaría tener noticias tuyas. Con tal que no se trate de nuevos inconvenientes, pues, ay! Estamos demasiado golpeados a la vez!

En cuanto a mi, no hago más que llorar día y noche, soy un hombre muerto, estoy lisiado de por vida. En quince días estaré sano, pienso; pero no podré caminar sino con muletas. En lo referente a una pierna artificial, el médico dice que hay que esperar mucho, AL MENOS SEIS MESES! Durante ese tiempo, ¿qué haré, dónde me quedaré? Si fuese a tu casa, el frío me eliminaría en tres meses, e incluso en menos tiempo; pues, de aquí, no seré capaz de moverme en seis semanas, el tiempo de ejercitarme para andar en muletas! No estaré entonces en tu casa sino a fines de julio. Y tendría que volver a partir a fines de septiembre!

No se del todo qué hacer. Todas estas preocupaciones me vuelven loco: no duermo nunca un minuto.

En fin, ¡nuestra vida es una miseria, una miseria sin fin!

¿Por qué existimos pues?

Envíame noticias tuyas.

Mis mejores deseos.

RIMBAUD.

Hospital de la Concepción

Marsella

A SU HERMANA ISABELLE

Marsella, 10 de julio de 1891

Mi querida hermana,

Recibí tus cartas del 4 y 8 de julio. Estoy contento porque mi situación está finalmente clara. Te incluyo el certificado de mi amputación, firmado por el director del hospital de Marsella, pues parece que no se permite a los médicos firmar tales certificados a los internos. Guarda pues este documento, no tendré necesidad de él salvo en caso de que vuelva. No lo pierdas, adjúntalo a la respuesta de la intendencia. En cuanto a la libreta, en efecto la perdí en mis viajes. Cuando pueda viajar veré si debo tomar mi licencia aquí o en otra parte. Pero si es en Marsella, creo que necesitaría a la mano la respuesta manuscrita de la intendencia. Es mejor pues que tenga a la mano esa declaración, envíamela. Con ella ninguna persona se me acercará. Guardo también el certificado del hospital y con estos dos documentos podría obtener mi licencia aquí.

Siempre estoy levantado, pero no estoy bien. Hasta ahora no he aprendido a caminar más que con muletas y aún me es imposible subir o bajar un escalón. En este caso me veo forzado a bajar o subir con decisión. Me hice fabricar una pierna de madera muy ligera, recubierta y rellena, muy bien hecha (precio 50 francos[5]). La usé hace unos días e intenté salir apoyándome todavía en las muletas, pero se me inflamó el muñón y dejé el maldito instrumento a un lado. Apenas lo podré utilizar en quince o veinte días, y no más de una hora o dos por día. La única ventaja es tener tres puntos de apoyo en lugar de dos.

Vuelvo pues a caminar en muletas. ¡Qué fastidio, qué fatiga, qué tristeza pensar en todos mis viajes pasados, y cómo era de activo hace solamente cinco meses! ¿Dónde están las carreras por los montes, las cabalgatas, los paseos, los desiertos, los ríos y los mares. Y ahora esta existencia de inválido[6]. Empiezo a comprender que las muletas, piernas de madera y piernas mecánicas son un montón de minucias y que no se llega con todo eso más que a arrastrarse miserablemente sin poder jamás hacer nada. Y yo, ¡quien justamente había decidido entrar de nuevo a Francia este verano para casarme! Adiós matrimonio, adiós familia, adiós porvenir, mi vida acabó, no soy más que un trozo inmóvil.

Estoy lejos aún antes de poder viajar incluso con la pierna de madera, la cual es no obstante lo más ligero. Cuento al menos todavía cuatro meses para poder hacer solamente algunos recorridos en la pierna de madera con el único apoyo de un bastón. Lo que es muy difícil es subir o bajar. En seis meses solamente podré probar una pierna mecánica y con mucho apuro sin utilidad[7]. La gran dificultad es haber sido amputado alto. Primero, las neuralgias posteriores a la amputación son tanto más violentas y persistentes cuando un miembro ha sido amputado alto. Así la rodilla hubiera soportado mucho más rápido un aparato. Pero poco importa ahora todo esto, poco importa la vida misma.

Es casi tan fresco aquí como en Egipto. Tenemos a mediodía de 30 a 35, y en la noche 25 a 30. La temperatura de Harar es muy agradable, sobre todo en la noche, que no supera los 10 o 15.

No puedo decirte lo que voy a hacer, estoy aún muy mal para saberlo yo mismo. Esto no está bien, lo repito. Me preocupa mucho algún accidente. Tengo la punta de mi pierna mucho más gruesa que la otra, y llena de neuralgias. El médico naturalmente no me ve más, porque para el médico es suficiente que la herida haya cicatrizado para que lo deje a uno. Dice que uno ya está curado. No se vuelve a ocupar de uno más que cuando sale un absceso, etc., etc., o cuando se producen otras complicaciones que necesitan algunas cuchilladas. No consideran las enfermedades más que como objetos de experimentación. Es bien sabido. Sobre todo en los hospitales, pues al médico allí no se le paga. No busca el puesto más que para captar una reputación y una clientela.

Quisiera volver a tu casa porque hace un clima fresco, pero pienso que no hay muchos terrenos propicios para mis ejercicios acrobáticos. Además me da temor que el clima fresco pase a muy frío. Pero la primera razón es que no me puedo mover, no puedo, no podré hacerlo en mucho tiempo, -y a decir verdad, incluso no me siento sano interiormente, y preveo en mí cualquier explosión. Tendría que ir en Wagon, bajarme, etc., etc., es muy molesto, muy costoso, y fatigante. He pagado mi habitación hasta el fin de julio, reflexionaré y veré qué puedo hacer, en el intervalo.

Hasta entonces, quiero creer que todo irá mejor como quieres bien hacerme creer, – por estúpida que sea la existencia el hombre se vincula a ella siempre.

Envíame la carta de la intendencia. Hay justamente en la mesa conmigo un inspector de policía enfermo que me molesta siempre con sus historias de servicio y se apresta a jugarme una mala pasada. Perdóname por la molestia, -te agradezco, te deseo buena suerte y buena salud. Sinceramente tuyo.

Escríbeme.

RIMBAUD

[1] Extraídas de Rimbaud, Œuvres complètes Edición de André Guyaux, Gallimard, 2009.

[2] Messageries maritimes fue una compañía naviera francesa fundada en 1852 (N.T.)

[3] Lapsus por «pierna derecha» (Nota de André Guyaux)

[4] Banco francés fundado en 1848. (N.T.)

[5] Al margen de las líneas, a la izquierda, aparece un dibujo de la pierna. (Nota de André Guyaux)

[6] Cul-de-jatte en el original. Aquí el manuscrito lleva un dibujo de dos muletas. (Nota André Guyaux)

[7] Al margen se encuentra un tercer dibujo con una pierna mecánica.(Nota A. G)

Alfredo Abad

Alfredo Abad

Profesor Escuela de Filosofía Universidad Tecnológica de Pereira

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