Del proyecto: Domesticvm

Por Javier Guédez.

Maldonado

Si la cafetera pierde un brazo

(falta alguien más aquí)

si la carne está dura para el almuerzo de bigoticos blancos

(falta alguien más)

si la ducha corona se viste de Prometeo en una mañana dulce

(falta alguien)

si los tornillos del portón decidieron

no sudar una gota más de grasa sobre el universo

y sus aullidos destrozan las ventanas

(sigue faltando alguien más)

si la lámpara decidió terminar con su luz colgándose del techo

(nos falta)

si la pata de la mesa de tantos ensayos de vuelo,

ahora no entiende de la tierra para dejar escribir en silencio

el menú de delincuencias

(nos fal)

si el clóset ofendió el traje que luciría para su velorio cantado

si la bolsa de comida se regó como minas antipersonas

para ofender la quietud

(nos f)

si la mesa de billar negó su ultimo piquete

si la curita extendió sus alas sobre la herida de bala en los desamores

si el cuero de ella se desgarra al cruzar la senda

cayendo en un tobo de diablo rojo

cuando tiene frío en las noches sin televisión

(nos)

si ya no vendrá otra vez Ramón al buró de calamidades.

el mundo entonces quedará igual por todas partes.

(     )

El fabuloso destino del último hombre medicina

Soñó con un vendedor de globos que leía los caracoles,

el tarot de Marsella, las hojas de coca,

las cáscaras de arroz, la borra del café,

los palitos chinos, la barra del bar,

el mantel de la cocina y la pecueca de los pies.

También soplaba copitas de aguardiente, adoraba estampitas vietnamitas de dioses griegos, danzaba misterios en fiestas de ayuno, fumaba pipas de agua, de aceite de sésamo y linaza.

Recibía ayahuasca de las propias manos del wakantanka,

también peyote, ololiuqui, campanita,

aguacollita, yurema

y santa maría bendita con el milagrito adentro,

ajenjo y mezcal, juntos o por separado, siempre daba igual. Yopo desde el corazón del chamán Bolívar, tabaquito molido hasta el fondo de la memoria antigua en espiral.

Resolvía cálculos indomables de la nueva era de acuario y magnetizaba el vickvaporub para niños resfriados.

Lograba la postura de loto, de orquídea, de geranio, de mata de plátano con facilidad, extirpaba tumores con las manos como Pachita. Seguía por los desiertos oscuros los pasos de Takata, Jesús, Maria Sabina, Buda, Balalaika y Peter Segovia.

Sabía con exactitud las bondades de los baños de asiento, lavados, purgantes, emplastos, cataplasmas, pociones, brebajes, ungüentos, pomadas, linimentos, vendajes, amuletos, paños de agua fría, agüitas aromáticas, calditos de pollo, comiditas blandas y el reposo.

Escribía poemas sufís, haikus, limericks, anagramas, palíndromos, anti poemas parrianos, flujogramas dharmaticos, acrósticos gnósticos, crucigramas ateos, y levitaba a centímetros en vez de echarse a morir lejos.

No sabía nada de los koanes, pero los había respondido todos como Leonora Carrington.

Su alimentación era ayurvedica, por lo que no comía ajo y aguacate. Hacía despojos a prueba de balas porque era sobrino del hermano Cocó, viajaba al inframundo a perseguir espíritus equivocados envueltos en amor y duelo, llevaba a domicilio el rezo del cariaquito morado,

Se graduó de jipi por correspondencia, vivía en una maloka y los viernes en un tipi. Los días revueltos no salía de la hoguera iluminada del temazcal. En su descanso practicaba la acupuntura, la homeopatía, el tao tántrico, la física cuántica, la hipnosis, la Gestalt, el hopponopono hawaiano, las constelaciones familiares, el darse cuenta y su dharmanake, los mudras y por puro perdón la numerología y la imposición de manos.

Psicomagia para el aperitivo, educación libre y activa para el verano, Steiner como analgésico, Ralph Waldo, Xochipilli y taita Querubín como bisturí.

Por último prendía varitas de takamajaka para despertar el Kundalini

Varitas varitas

varitas del tamaño de un poste de carretera, para elevar la conciencia alto, alto, lo más alto que pudiera, alto…tan alto, como para poder hacerse vendedor de globos.

La parte más fea

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo educar a mis hijos para que no vayan a ser como yo,
y mucho menos como tú,
y llevar una dieta balanceada a base de pepinos y mandarinas
sin pasar por GO.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo relacionarme decorosamente con la primera y la tercera persona
aplicando manuales infalibles,
convertidos en lindas frases maquilladas con tipografías diuréticas
posteadas en las plataformas digitales
de los ángeles que se dejan caer.

Y no hay mejor remedio para las quemaduras que el café, limón para las ponzoñas en la planta de
los pies, espantos, algodón para el hipo
y formol para el olvido
Los gorros de baño son el mejor lugar
para los zapatos cuando te vas de viaje
Oh, menesteres del sendero de la psicodelia amazónica
que uno aprende sin querer de algún amigo sin novia.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo mantener un cantero reciclado de acelgas, rábanos, cilantro, cebollín chino, orégano orejón, ruda y yerbabuena
en el balcón de un piso 7, sin escardillas, yunta de bueyes ni veneno.
Y saben más aún, como se deshuesa una pechuga, en menos de un minuto y medio,
y cuales verduras son mejor comer crudas y cuales cocidas. porque de eso se trata.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo se hace una compra de candelabros o zapatos azules por internet desde un teléfono, pasando por un túnel.
Y como hacer trampas que no ensucien la conciencia.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
lo que me hace ser una lombriz de tierra
y lo que me entristece como un ornitorrinco,
lo que me explota en la garganta como un puñado de arenas y lo que me empalaga hasta el cielo de la boca.

Los secretos del abdomen plano,
la verdad verdadera de las mechitas californianas
de los implantes de goma espuma
y de los pasillos que huelen a mastranto y comino,
de las bolsas negras y los algodones de azúcar.

Los teoremas se ponen a llorar sobre los arboles
y los poemas célebres estallan
debajo de las ruedas de un 750 en la autopista
despojándose así de todos sus conejos blancos.
Quienes perdidos también son aplastados
por una viejita que grita con un bastón en la mano.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo se programan los canales
cómo se cambia una cerradura,
y que lo mejor del mundo será, comer con hambre, tomar agua con sed, hablar con quién te escuche y pedirle a quien te dé.

Todo el mundo lo sabe mejor,
ya lo sé,
que con solo apretar un botón en el año 2050 se podrá viajar a saturno
a bordo de un ascensor
y que hace media hora insurgentes armados
avanzaron hacia la capital de Yemen.

Hoy los estudiantes estonios han construido
audífonos gigantes para escuchar al bosque
La instalación combina el espacio arquitectónico contemporáneo
con el entorno salvaje
y es accesible para los amantes de la naturaleza y excursionistas de todo tipo.
En Islandia los constructores de ferrocarriles han dejado quieta una montaña
para no dañar el hogar de varias familias de duendes
y cosas así.

Todo el mundo sabe mejor que yo
cuál es la izquierda, cuál es la derecha
y cuál es el centro de las cosas.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
del romance y la propaganda,
del melodrama y la sátira,
mucho más, de la saga heroica y de la ficción realista,
la leyenda, la historia recamada, la geografía narrativa
y las anécdotas mejoradas.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
dónde quedan los bares de ultratumba,
para colgar dolores blandos desanimados
y cómo se preparan los chapattis de aperitivo.

Que ponerle sistema de tinta continua a los corazones
no es garantía del amor, y que las bicicletas son el automóvil del futuro.

Entonces a uno solo le queda recordar a los monstruos dedicados
Porque la agüita amarilla sigue cruzando puentes detrás de ti
y la zurra plasmática y la salamandra, fueron la honestidad brutal de siempre.

Todo el mundo, todo el mundo, y todo el mundo lo sabe.

Porque en este preciso momento,
entre millones de personas que sucumben
y entre otras miles que florecen,
acaban de publicar una foto, en la que estas etiquetadx.

Mientras del otro lado
un niño dice
que la guerra, es la parte más fea
de la paz.


Javier Guédez, 1980, (Venezuela) es morisqueteador de nacimiento, escrituroflexólogo aficionado, yuzo de la poesía y Cuentador Público. Premio Nacional del Libro de Venezuela 2014, en la categoría: experiencia en promoción del libro y la lectura. Galardonado por sus cuentos: Komegato (2001), La montaña amarilla (2003) y Puyero (2010). Fundador de La Kuentonáutica, un gimnasio para la imaginación y del Programa Nacional de Lectura El Sombrero de la Ñ. Autor de los libros: Retorno de alas y Gárgaras. Director del audiolibro de cuentos Pazíficos y la mutante. Ha trabajado en la realización de guiones para TV, teatro y radio. Otros de sus pasatiempos son los doblajes para animación y los efímeros del parque. Amado de Tencha Media Luna, Papá de Liana y Koan, Lea (la gata), Alicia (la perra).

CONTACTO:

Teléfono: 0412-1543240

guedezjavier@gmail.com

Twitter: @librerate

Instagram: @lakuentonautica

Facebook: La Kuentonautica

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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