Un tren de éxito llamado Lumière

Rodando por la historia Parte I

Por Juan Guillermo Ramírez.

 

Mi invención, (la cámara de cine), se puede explotar… como una curiosidad científica, pero aparte de eso, no tiene valor comercial alguno.

Auguste Lumière.

 

El 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumière organizaron la primera presentación pública del “Cinématographe Lumière” en el Gran Café de París, ubicado en el Boulevard des Capucines. Para esto eligieron un pequeño salón situado en el sótano del café llamado Salon Indien. Cuentan las crónicas que el dueño del local, un italiano llamado Volponi, tenía tan poca confianza en el invento de los Lumière, que no quiso aceptar el 20% de los ingresos en pago del alquiler del local. Estipuló que pagarían 30 francos durante un año. El valor de la entrada era de un franco y se efectuaba una sesión cada media hora.

El primer programa estaba constituido por diez películas de muy breve duración. Salida de los obreros de la fábrica Lumière, Pelea de bebés, Estanque de las tullerías, Llegada del tren, El regimiento, El herrero, Partida de cartas, Quema de hierbas, Demolición de un muro y El mar. Los temas eran familiares y propios de cualquier aficionado de la época. Pero, en esta primera selección temática, se advierte ya en lo que el cine comenzó a configurarse: documental. Ofrecían con todo su primitivismo y diversidad, una muestra inapreciable de la realidad de la época, del tiempo, de sus trajes, de sus modas, de sus trabajos y de sus máquinas.

El cine nació como un documento de física recreativa en cuanto a técnica, pero también, como expediente a la expresión. Y el filme sería, en adelante, el certificado de una época, de unos gustos, de una forma de pensar y de una coyuntura social; parámetros en los cuales estaba inserto. Por mucho que pretendía encerrarse en inexpugnables estudios y alejarse de la realidad, el carácter documental del cine no podría ser nunca escamoteado.

De todas las películas presentadas en aquel mes de diciembre de 1895, hay una que reviste especial interés técnico: La llegada del tren, que provocó el espanto el espanto entre los primeros espectadores que creían que la locomotora se les arrojaba encima. Este temor resulta comprensible, teniendo en cuenta la mentalidad pre-cinematográfica de aquel auditorio y el gran realismo de la película. El naturalismo de la historia estaba reforzado por la perspectiva de la imagen, característica que ofrecía la ‘profundidad de foco’; es decir, nitidez de enfoque en toda la profundidad del fotograma. Esta clara perspectiva, quedaba reforzada por el movimiento de la locomotora avanzando hacia el público.

Es curioso constatar que esta cina, rodada completamente con la cámara estática, contiene toda la diversidad de planos posibles que pueden aparecer en una película moderna. El desplazamiento de las personas sobre el andén y el asentamiento de la locomotora a la cámara, proporcionaban toda la posibilidad de encuadres que iban desde el plano general hasta el primer plano. Ello es posible gracias a la ‘profundidad de campo’ y al movimiento de los individuos y de los objetos en el interior del cuadro, ms no al desplazamiento de la cámara o a los recursos del montaje, pues éste no existía en estos primeros documentales de los Lumière.

Otra película que no puede ser olvidada es la Salida de los obreros de la fábrica Lumière, que es, hasta cierto tiempo, punto lo que hoy llamaríamos una banda publicitaria y que, junto con la Demolición de un muro, son los dos primeros filmes de contenido social. Otras, en cambio, constituyen excelentes estampas costumbristas de gran valor documental.

El primer programa de los Lumière tuvo un éxito insospechado. Así, mientras las películas de Edison llegaban a Europa, tanto Louis como Auguste habían enviado representantes operadores a otros países, con el fin de fundar un verdadero circuito internacional de exhibición.

Los Lumière, con el objetivo de renovar su material, siguieron realizando películas breves de uno a tres minutos de duración –interpretadas con frecuencia por su familia-, algunas de las cuales alcanzaron mucha popularidad. Entre ella El regador regado, que inicia el género de la comedia. Louis Lumière va afianzado su nueva industria, gracias a los diminutos beneficios que le proporciona la exhibición y envía a sus operadores a recoger noticias y paisajes de todo el mundo. El ‘noticiario’ de actualidades ha nacido y, con él, nacería también el montaje de los trozos de la película.

El número de producciones de los Lumière se va incrementando paulatinamente en sus catálogos. Sus películas son breves y sencillas, pero muy variadas, desde El almuerzo del bebé, hasta Barca saliendo del puerto, pasando por los viajes a países exóticos. A París llegan imágenes de la India, de México y de China.

Estos dos hermanos descubrieron en el cine al ‘gran viajero’. Casi todas las capitales europeas contaban con sus instalaciones cinematográficas, pero los Lumière no fueron los únicos que, en aquel momento, producían películas. Sus competidores se hacían latentes. Y no eran pocos en Europa y en los Estados Unidos.

 

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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