Pulgarada

 

Imagen: jacinta lluch valero

 

En estos últimos días la NASA anunció el descubrimiento de un sistema solar con bastantes similitudes al nuestro o, digámoslo mejor, a nuestra conveniencia humana para que lo habitemos y nos salvemos como especie de una buena vez, es decir, para que lo destruyamos junto con toda su vida mientras encontramos uno nuevo y una nueva esperanza para derrochar. El problema principal para llevar a cabo la utopía es que con la tecnología actual nos sería imposible llegar vivos allí, pero como somos tercos como las bacterias y queremos ser eternos, ya se están fabricando las herramientas que nos permitirán llegar hasta su superficie e identificar si hay agua en estado líquido y, según la mayoría, vida. Por eso, por las tantas trabas que tiene la vida misma, empezando por ser ella misma, es que la ciencia cree que piensa en todo, casi como debe ser, y ya está solucionándolo. Dice que lo primero que necesitamos conocer es, en realidad, la existencia de algo como el agua para diluirnos porque, como sabemos, en este planeta estamos cada vez más sólidos y más secos, y luego, aunque debiera ser lo único por respeto a las leyes de aguas internacionales, si ya está habitado por alguna forma de vida, antes que nada porque debemos saber si hay que llevar armas para la guerra o herramientas para sembrar. Todo esto que se piensa en el hervor de la noticia y la novedad para los que no somos instruidos en el tema, y que además soñamos con un mundo un poco peor, es una luz al final del túnel, pero para los que cavan un poco más en las noticias, ya estaba un poco añeja, ellos ya sabían hace tiempo que la ciencia, con ayuda de un telescopio secreto, halló a humanos como nosotros en uno de esos planetas pero lo mantendrá en secreto hasta que se le dé la gana o hasta que se filtre de manera clandestina con sangre de por medio. Se trata de civilizaciones equivalentes a las nuestras con habitantes que en su físico se asemejan más a nuestros ancestros de las cavernas, faltos de vanidad y necesidad de parecerse a otro, pero con hombres esclavos y animales libres, como si en nuestra genética y la del resto del universo los rangos y las clases terminaran reinando a pesar del paso del tiempo; hay también desarrollos tecnológicos que les ayudan a prolongarse, a multiplicarse, a salvarse, además hay algunos libros o elementos equivalentes en donde a través de los siglos se transmite conocimiento, pensamiento y sentimiento; en gran medida son muy similares a nosotros, aunque un poco menos débiles, sin tantas necesidades fisiológicas y naturales por las variaciones propias de vivir en un planeta sin rotación y con las estrellas más cerca; y son más antiguos que nuestro planeta y venimos de ellos, de ahí nuestro atraso, aunque no está descartada la teoría que nosotros somos el reflejo milenario de lo que ellos fueron en sus inicios y no existimos más allá que en la memoria de la luz, y es por eso que aún no se nos revela la verdadera noticia, porque no estamos preparados.

Y como no estamos preparados todavía para averiguar si somos reales o no, o si otros lo son o no, no se nos dirá que el descubrimiento de este nuevo mundo no es tal sino que es un invento. A lo mejor porque somos la gota que algún vaso rebosó y que viaja colgando de la nada hacia el océano infinito de la pureza con la misión secreta e inevitable de invadirla para siempre de la peor manera y la que más hemos usado a lo largo de la historia: camuflándonos.

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe.

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