El oficio de la soledad y otros poemas de Alexánder Buitrago

Ilustración de Mauricio Robledo, cortesía de El Dibujadero.

El oficio de la soledad

Mi idioma es la soledad
y hablo con olvidos prestados
de mis profundos olvidos
y de mis silencios arrendados,
y nunca escribo conjeturalmente
si no es con vértigo de pájaros
cayendo al fondo de las páginas,
páginas en blanco desmemoriadas
o renglones llenos de hierba
donde los poetas duermen
a sus anchas
sin que nadie pueda interrumpir
su sueño del que somos parte,
sin que oigan el enjambre de campanas
que balanceo en la palma de mi mano
mientras escribo viento alrededor mío,
sin que muten a golondrinas o suspiros,
(los poetas son como los marineros
que un día cualquiera
zarpan hacia puertos distantes),
sin que sepan que yo caigo renglón abajo
como resbalando desde el verso de mi cima
sin arnés de vuelos que sostengan mi peso
o cuerdas que me aten a suspiros volando
o adjetivos que me crezcan de la espalda
como alas de fuga.

(Puedes desbaratar este poema de un soplo,
hurgar en su resina hasta su médula de pájaros
y talar su olvido para puertas de suspiros).

*Este poema ocupó el segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía Ediciones Literarte 2016 en Argentina.

 

Habitarás la ausencia
antes de tocar su concurrido timbre
y abrazarás el aire
y los trenes que pasan,
los árboles,
mi sombra,
y la noche inmensa entrará por las ventanas
donde caben silbos solos
y besarás
al poeta que cruza días verticales,
tus abismos,
al que está y no está,
mientras llueve.

 

Ciudad de libros

Fabularé una ciudad de libros,
cada calle será hecha de papel,
serán grafitis todos mis recuerdos,
la lluvia no horadará las calles
y en las calles se escribirán fantásticos poemas,
todos los poemas serán premiados por la lluvia,
nadie se quedará sin un premio literario
otorgado por la real academia de la lluvia,
cien mil académicos celebrarán el triunfo,
los poetas no serán catalogados
ni expulsados de las universidades
ni encarcelados dentro de los libros
y sólo leerán sus poemas bajo la lluvia
o para que no haya inundaciones.
En esta ciudad metamorfosearé el olvido…

 

Cuadernos Destruidos

Acá me sangran los dedos
con sólo extraer estas palabras de su sitio.
Las pulo bajo el silencio puro,
roca dura
y deforme.
Una cadena arrastro cuando escribo,
cuando cavo entre las palabras de la mina.
El rostro se me tizna de oscuros adjetivos
y visto del color de los presentimientos.
De tanto picar esta música incrustada y deforme
mis manos son un mapa sangriento.
Mi cuerpo se dobla por el peso del silencio
donde socavo la fuerza.
La lluvia rompe mis zapatos con su furia.
Y hasta el aire no es sino una mínima derrota,
una mínima derrota arrendada
y un pequeño olvido prestado.
Llueve mientras escribo encadenado al aire obrero,
mientras un tren espera en este renglón
a sus pasajeros vestidos de recuerdos.

 

Poema para después de la guerra
Ven, en el centro de todas mis demoliciones te beso, te toco, lavo tus heridas, paso mi mano por tu frente llena de cicatrices, limpio la costra de sangre y lodo que hiere tus párpados y no te deja ver mi esfuerzo, yo te reconozco entre mis brazos como un trozo de mineral entre las hojas o una estrella de mar al borde de la luz, compañera de carne obrera y hueso subversivo, ahora que al fin llego a tus hombros con mis derrumbes dentro, llenos los ojos profundos de naufragios, insalubre después horadar la oscuridad, la sangre canta bajo tu piel como las cigarras en la tierra y tu cuerpo como una barca demora sus navegaciones en mi pecho de agua: Deja que la lluvia moje tus llagas, tus dedos quemados, tus senos de duplicado deseo, no huyas de rojo incendio al crepúsculo, he depuesto las armas; mis manos de viento te rodean de pájaros y mariposas alegres, hoy mi fatiga se viste de verano como un geranio, y llego sin alas a tu pulso de mar, y me inclino como a una fuente oscura a tus ojos rutilantes para contemplar el universo.

 


Alexánder Buitrago Bolívar. Nació en Zipaquirá, Colombia, el 24 de noviembre de 1977. Participó en los colectivos literarios Fundación Siembra, Zaguán de Poesía y Los Impresentables. Es Hermano de la Salle. Publicó el poemario Estación del fuego en 2007. Ha obtenido varios reconocimientos literarios: Primer puesto en el II concurso “La memoria de nuestros pueblos”: Homenaje a los estudiantes caídos en soledad”; mención en el IX concurso Bonaventurano de Cali; mención en el XXVI concurso de Poesía y Cuento de la Universidad Externado de Colombia, segundo lugar en el XII Concurso Internacional de Poesía Eduardo Carranza (año 2014), mención en el XII concurso Bonaventurano de Cali (año 2016) y segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía Ediciones Literarte, Argentina (año 2016). Ha publicado artículos y poemas en varias revistas literarias. Colaboró como columnista en la revista digital Vórtice, de Nicaragua (año 2015).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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