Contemplación agresiva

Espero con la espalda y la planta del pie apoyados en la pared. Me llama la atención una bolsa que se bambolea en el aire. ¿Dónde irá a parar? Los ventanales de un edificio me la tapan y me la dejan ver. Va y viene. La bolsita se eleva y cae.  Hay mucho viento. No toca el piso. La sigo. Es blanca, juguetea con el aire. Yo la espero con los brazos abiertos. Soy el único que está afuera en la fila, que no avanza. ¿Será que recibo hoy la medicina para mi mamá?

La esquina del edificio me tapó la bolsita del todo. Debe ir por el quinto piso. Unas viejas chismosas la deben estar esperando para guardarla en el montón de bolsas que deben tener debajo del poyo de la cocina. Un día la van a sacar para meter en ella el algo del nieto. Hay una vieja en el cuarto piso y otra en el quinto. Esta debe estar sacando un palo de escoba para atraparla. La del cuarto un limpia telarañas, de esos que son muy largos. Yo cierro los ojos y espero que la bolsa caiga en mis manos.

Los abro de golpe. ¡Qué va!, ¡adiós , pendeja! Prefiero que le caiga encima al gerente de alguna EPS y lo haga irse de bruces contra un sardinel. Que lo quiebre. Que sirva de algo ese artefacto supervalorado. Bolsitas, bolsitas, muchas bolsitas para tanto hijoeputa. ¿Y yo de cuándo acá me pongo a mirar bolsitas o cosas bonitas en la calle? Esperando a que me caiga del cielo una oportunidad (mejor le miro la nuca al pendejo que tengo delante). Yo no paro (sólo esta puta fila). Si en el camino hay un golpe de suerte, pues qué bueno. No tengo tiempo para esa clase de contemplación admirada. Yo voy viendo cuanto me enoja y pensando en lo bello y en lo inmundo, en lo que puedo y no puedo hacer con o hacerle a quien me cae mal.

Otra cosa,  no creo que uno se destruya o se sabotee.  Sólo creo en la inmundicia de mi agresividad. Algunos se encierran para poder salir a que todos los vean. No porque tengan la culpa de algo. Están aquí, como yo, como usted. Afuera no hay nada. Si yo fuera escritor, sería un azuzador del conflicto social. No quisiera que pasara para tener algo de qué hablar. Sería un incendiario. No hablar de bolsitas o de columnas o de gente x en sitios x, buscando x situación para que se le mejore o empeore la vida. Yo soy de los que siente tristeza convulsa por todo: no discrimino. Sí. Al contrario de muchos, no hay más que un sitio al que quiero llegar con algo de talento: a mi casa, a encerrarme.


Dibujo de Ricardo Muñoz Izquierdo

jdiosa

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