“Toda derrota no es más que una búsqueda”: Javier Zamudio

Javier Zamudio (Cali, 1983) se levanta a las tres de la madrugada y escribe cuatro o cinco horas seguidas. Por la noche trabaja como traductor. Es disciplinado, meticuloso y ordenado. Ha sabido hacer de su obsesión una virtud, y quizá por eso es que ha escrito, a sus 33 años, los poemarios El infierno de los otros (Universidad del Valle, 2008), Soñábamos con el amor (Caza de Libros, 2015) y la novela Hemingway en Santa Marta (Lugar Común, 2015). Tanto rigor personal se opone a su visión del mundo, al que ve como un lugar ajeno a la lógica, en el que somos víctimas del azar. “La vida funciona porque sí, y no tenemos escapatoria”, asegura.

Su última obra, Espiar a los felices (Eafit, 2016), recoge trece cuentos escritos hace aproximadamente trece años. En ellos hay una relación entre lo marginal, la muerte y el sexo. Varios de los personajes son seres derrotados, sin poder, o con visos de ilegalidad: gente sin futuro, niños o delincuentes. Cada uno de ellos se relaciona con pequeñas tragedias domésticas, con la pérdida (a veces violenta) de familiares y seres queridos, o con una suerte de perversiones que aparecen para arreglar algo dañado, mientras todo esto ocurre alrededor de una vida anodina.

¿De qué manera entiendes la muerte y cómo se relaciona con estos cuentos?
La muerte es una de mis obsesiones. No sólo está presente en lo que escribo: es algo que me ha rodeado de manera constante desde niño. He tenido muchas experiencias cercanas a la muerte. Pienso la muerte como la imposibilidad de lo perdurable, de lo puro. Estos cuentos, escritos unos trece años atrás, empezaron siendo una reflexión sobre esa imposibilidad. Aunque la muerte física aparece, como en el caso de El dios maligno, La luz que no ilumina,Es como mirarse en un espejo, también hay otras maneras de entenderla. La imposibilidad de la felicidad, de llegar al lugar donde nuestro sueño más íntimo se cumple en La mejor noticia de su vida. Esa imposibilidad es la muerte en diferentes facetas. Es la muerte física. También es el abandono, la cobardía, el final del amor, la frustración. Es un encuentro con lo finito.

PortadaJZ¿Es la muerte el destino de quienes no parecen estar congraciados con el mundo?
Nadie está completamente congraciado con el mundo. No somos felices ni tampoco somos infelices: tenemos nuestros momentos, unos más afortunados o desafortunados que otros. Lo mismo pasa con los personajes de mis cuentos. Y en ese sentido la muerte es el destino de todos.

Algunos de los personajes parecen estar tan devastados que, en medio de tanto fracaso, salta la ironía. En tu literatura, ¿acaso hay maneras de eludir a la muerte?
Yo hablaría de un encuentro con lo finito, o con la imposibilidad de algo, y diría que no se puede eludir aquello. Todos, sin excepción, estamos compuestos de triunfos, pero también de derrotas. Me interesa mirar esto último, porque toda derrota no es más que una búsqueda. La muerte física es el resultado de esa búsqueda que es la vida. El amor es el resultado de la búsqueda de nosotros mismos en el otro. Lo más interesante viene cuando lo ponemos a prueba, cuando el amor es tan espeluznante que deseamos huir, o cuando vemos en el encuentro con la muerte el reflejo de lo que fuimos en vida, como en el cuento Es como mirarse en un espejo. Quiero que mis personajes sean humanos: frágiles, ambiciosos, en la búsqueda de ese “algo” que no es concreto. Que sean víctimas del azar.

Es decir, el ser humano cae en el mundo y se enfrenta al azar. No hay orden posible.
Habitamos estructuras sociales, económicas, estamos atados a ellas, nos marcan y nos hacen creer que somos libres, pero en realidad nos movemos según sus antojos. Lo mismo sucede en otras esferas de la vida. Hace diez años, cuando vivía en Cali, estaba en un paradero de buses. El conductor de una buseta perdió los frenos y el vehículo se fue contra mí a toda velocidad. Alguien me empujó y me salvó la vida, la buseta siguió y mató a la persona que estaba al lado mío. Eso es el azar. Si bien estamos atados a un montón de cosas que determinan lo que somos, funciona de la manera que quiere. Lo que he hecho con mi literatura ha sido construir esa percepción. Karl Popper hablaba de la imposibilidad de la ciencia para construir una teoría absolutamente verdadera, por lo que lo único que podemos construir son hipótesis y creencias, como asumir que mañana va a amanecer, al igual que pasado mañana. Trato de reflejar esto en lo que escribo. En Azar o destino hay un personaje explicándole a otro que hay un destino azaroso, que nada tiene que ver con Dios.

FotoJZ
Javier Zamudio.

Además de la muerte, la ironía y el azar, el sexo también está presente en los cuentos. No parece servir para solucionar nada, sino para aumentar la desilusión de los personajes. ¿De qué manera el sexo complementa esa visión pesimista del mundo?
¿Qué ha solucionado el sexo? Yo diría que “las ganas”, nada más. El sexo es un encuentro con el otro, pero también con nosotros mismos en el plano biológico. Es una dosis de oxitocina, dopamina y serotonina, una combinación que brinda la ilusión del mundo feliz. Así que el sexo aparece principalmente como un refugio ante la vida. Sin embargo, no considero que sea una visión pesimista: me parece una visión realista, sin adornos ni paliativos. Vamos al sexo del mismo modo que a la botella de licor, como subimos una montaña o corremos sin querer detenernos. Es una experiencia intensa que nos brinda un poco de sosiego, pero que no detiene el curso de las cosas.

¿Se puede decir que tus cuentos, más que darle significado a la realidad, simplemente la describen?
Sí, son para describirla. No se puede dar significado de nada. La gran pulsión de la literatura es reconstruir la realidad para mostrarle al lector un lente nuevo desde el cual observarla y pensarla.


Fabián Buelvas (Corozal, 1985). Ha escrito los libros de cuentos Espacios (publicación independiente, 2011) y La hipótesis de la Reina Roja (Collage, 2017). Su novela Tres informes de Carnaval será publicada en 2017 por Lugar Común.

Fabián Buelvas

Escribo.

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