Un hermoso canto a la persuasión

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

El erotismo, para el puritanismo es, sobre todo, el incandescente inalcanzable: piernas y senos cubiertos. La sugestión no se hace de lo real sino del sueño: así, un pajarito, una hoja olvidada, una cascada, una puesta de sol y hasta una tempestad, siempre simbolizaron el lirismo o la tragedia del acto en su momento crucial. Glauber Rocha.

Una película italiana, hablada en inglés y dirigida por un húngaro. Miklós Jancsó, el realizador, Therese Anne Savoy, quien actuó en Calígula de Tinto Brass, Franco Branciaroli, el protagonista principal de La llave del anteriormente nombrado director italiano, y Laura Betti, la misma de El Decamerón de Pier Paolo Pasolini, son los creadores de esta parábola que abarca las tan nombradas relaciones humanas, la historia y su eterno rito.

 

Nota de una historia

Al interior de la cinematografía mundial, Hungría se consolidó como una de las más importantes de la Europa del Este.  Entre los años 1935-1942, el cine húngaro estuvo dominado por los temas que tenía que ver con las operetas de cíngaros y barones, con las tontas intrigas mundanas, con las comedias superficiales y ligeras, con sus fines utilitaristas que manipulaban las imágenes en movimiento con vehículo propagandístico para fines políticos. La censura y las exigencias comerciales plasmaban el eterno acoso a los cinematografístas.

A partir de 1948 y con la nacionalización del cine magiar, la preocupación temática ya no será la de la intriga, el registro de la vida campesina o el grito de cólera contra la guerra. Ahora el interés de fondo tendrá que ver con el realismo poético, con el neorrealismo, con las aventuras de los héroes populares, con los documentales, con los dramas sociales y pasionales, con las comedias satíricas, con el cine intimista y fundamentalmente con el volver al pasado. 1963 es una fecha importante para el cine húngaro porque se da el nacimiento del movimiento de renovación, conocido como Grupo Experimental Estudio Bela Balázs cuyo interés giraba en torno a la recreación formal y del lenguaje y al rechazo consciente a las convenciones dramatúrgicas que estaban de moda por esta época. Y es en 1966 cuando el verdadero florecimiento del cine húngaro adquiere nombre porpio con Istvan Gall y su película Remolinos y con Miklós Jancsó y su Cantata y Los sin esperanza. En el cine húngaro no suele haber una escuela o movimiento, aparte de lo que se ha dado en llamar la Escuela Documentalista, que mezcla el documental y la ficción.

Por encima de todos los cineastas surgidos en esta etapa del cine húngaro (Kezdi-Kovacs, Karoly Mack, Istvan Szabó el mismo de Mefisto, Marta Meszaros, entre otros), se asoma Miklós Jancsó, realizador que empezó a realizar largometrajes en 1959 y que desde su primera película: Las campanas se fueron de Roma, se ha mostrado como un cineasta inspirado y maduro, dueño de un estilo y una expresión propios.

 

Un verdadero creador

Miklós Jancsó nace el 27 de septiembre de 1921 en Vac, población cercana a Budapest y muere el 31 de enero de 2014 en Budapest. Estudia derecho, etnología e historia del arte en la Universidad Kolozvar, en Rumania. Recibe su doctorado en 1944. Comienza a estudiar en la Academia de Teatro y Cine de Bucarest en 1946 y recibe su diploma en 1950. En esta década realiza películas de actualidades (noticieros), cortometrajes de ficción y documentales. Rueda su primer largometraje en 1958. Durante los años 60, adapta sus películas para teatro, en Budapest, para el Theater 25. Fue uno de los más desatacados realizadores del cine húngaro y uno de los estilistas más notables del cine contemporáneo. Fue él quien encabezó el movimiento de renovación en el cine de su país, convirtiéndose luego en su más valioso representante.

Pero dejemos al mismo Miklós Jancsó expresarse, cuando hace algunos años estuvo visitando al Perú, a raíz de un proyecto de co-producción y la revista Hablemos de cine lo entrevistó: Todas mis películas –o casi todas- tiene que ver con la historia de mi país o con su prehistoria. Si no se conoce la historia de Hungría es imposible darse cuenta exactamente de lo que sucede en el filme. Yo presento muchas canciones de la época, incluso hay una secuencia en que un húngaro se pone a cantar antes de morir, si no se sabe lo que significa esa canción en mi país o en Europa Central, se pierden muchos significados. Se trata de películas que están muy ligadas a la existencia de Hungría, y ese sería su defecto, mientras que un filme de Hollywood neutraliza los problemas de un país o sus individuos. Nuestras películas son completamente húngaras. Su verdadero interés se centra en lo llamado ‘sicología de la creación’. Es difícil definir qué viene primero y qué viene después en este campo. No me gusta llamara  mi profesión ‘arte’, porque en ella hay más de técnica que de expresión artística, al menos de lo que se ha venido llamando técnica desde la Edad Media. Desde este punto de vista, el cine está más cerca a lo que era la pintura en el medioevo que, por ejemplo a lo que es la literatura hoy. El cine es menos autónomo que la literatura, de modo que lo único que habría que tratar sería la técnica. El resultado dela técnica es el estilo. Para Miklós Jancsó, lo que se denomina arte siempre parte de una idea, que a menudo se confunde con el arte mismo, es lo que llama técnica. Su estilo consiste en imitar la vida, pero no la vida tal cual es, sino la vida como si fuera teatro, aquel de los antiguos autores griegos.

La vida es un rito, sus películas son rituales, se basan en la repetición que es el mecanismo de la vida, del tiempo y del destino, es el origen dado por el nacimiento del mundo, es el eterno retorno de lo mismo, como diría Nietzsche.

Bajo la incertidumbre del rodaje, cuando el guión se va completando día a día durante la filmación, bajo la ambigüedad de los hechos, bajo la sombra insegura de toda certeza posible, Miklós Jancsó advierte en esta atmósfera propicia, los elementos que la historia olvida y que para él serán los temas tratados en sus películas. Según él, el espectador de hoy no es muy sensible a este tipo de trabajo rítmico visual ya que se encuentra influenciado por Hollywood y la televisión. Nuestro juego nunca es popular y hoy lo es cada vez menos. Huno un momento en que nos era más fácil producir nuestras películas: hoy comienza a suceder en Hungría lo que ya sucede en todo el mundo: lo único que cuenta es la comodidad del individuo. Hollywood gana la batalla.

 

¡Que ruede la película!

Miklós Jancsó realiza cuatro películas en Italia que él mismo divide en tres grupos: 1) La pacifista: análisis en torno al terrorismo. 2) Roma quiere otro Cesar y La técnica y el rito: ambas películas trabajan el problema del poder desde un punto de vista abstracto. 3) Vicios privados, virtudes públicas: registra la decadencia y caída de los Habsburgo. Introduce el elemento de la ironía dentro de la historia cuando está referida al poder, pero con la intervención de elementos tragicómicos que no están presentes en sus otras películas, pero sí en el teatro que él mismo ha dirigido. En general estas películas italianas, son diversas, hay en ellas un cambio referente a mi estilo.

En Vicios privados, virtudes públicas se mezclan el teatro y el ballet. El tiempo de la historia se encuentra disperso en el espacio, como especializado. No es cine, no es película: es ‘teatro en el paisaje’, es la unidad perfecta entre el tiempo y el lugar específico. En esta obra, lo que cuenta no es tanto el profesionalismo de los actores sino su personalidad, su presencia. Con bastante acierto s ele ha considerado a Jancsó como un verdadero ‘esteticista’ del cine, debido a que su estilo visual está determinado por los recursos formales y que en Vicios privados, virtudes públicas saltan a la vista: el uso intenso del plano secuencia –la cámara de cine registra sin hacer cortes para cambiar de posición-, el movimiento circular de la cámara, el manejo del grupo actoral y el atardecer como constante del tiempo para realizar la filmación.

Es importante mencionar la música que utiliza Jancsó en esta película, me refiero principalmente a la música folclórica que es sin duda una de las más sentimentales y más adaptadas a la poesía popular, con ella se va a la búsqueda de cierto clasicismo basado en las Danzas que se estructuran similarmente a los rondós y a sus composiciones musicales. Acompañada de un tono bucólico y de fábula, de una burla feroz, Vicios privados, virtudes públicas se abre en profundidad develando la lucha contra el poder político y simultáneamente patriarcal, enfrentamiento a la represión del placer erótico. Los personajes se desnudan en una interminable ronda de baile, despejándose de las pesadas vestiduras que los identifican socialmente y así se confunden en un movimiento de embriaguez que elimina diferencias y funde y confunde a todos en un gran cuerpo entregado al placer.

 

La historia tiene la palabra

Tomás Pérez Turrent, teórico del cine dijo alguna vez, como si se estuviera refiriendo particularmente a Miklós Jancsó que “el nuevo cine ha roto con la dramaturgia, con la construcción en profundidad de personajes, de acurdo con leyes sicologistas, con el tipo tradicional de dirección de actores. En lugar de descansar en estructuras, leyes o esquemas caducos, el nuevo cine tiende a estar más cerca de la vida y por lo tanto a rendir en su integridad un acontecimiento o un fenómeno determinado de la realidad, con toda su extrema complejidad, sin seguir un camino o una línea única, sino asumiendo todas las desviaciones, todo aquello que parece alejar el filme del aparente motivo dramático principal, dejándose llevar por las más variadas disgresiones, haciendo explotar los límites genéricos tradicionales. Todo ello parece dar al cine un aspecto caótico y difícil, pero en realidad le confiere una riqueza y una libertad que nunca antes había tenido, una libertad que se extiende hasta el espectador, después de haber roto con sus hábitos”.

Y esto lo logra, de alguna manera Miklós Jancsó con sus Vicios privados, virtudes públicas. Una película que no explica, expone.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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