A los profesores suicidas

Ilustración de Mariana en El Dibujadero.

Por Juan Fernando Ramírez Arango.

Abrí Google y me recibió una de sus tantas apologías al arte naif: esta vez era el doodle del día del profesor. Le di clic y apareció lo siguiente: “en Colombia, el 15 de mayo de 1950, el papa Pío XII proclamó a San Juan Bautista de La Salle como patrono universal de todos los educadores”. De inmediato recordé a dos que tuvieron como destino común el suicidio. Primero a mi profesor de sociales, un discípulo de Estanislao Zuleta que hizo parte de Los Polémicos, un grupo de trotskistas que, en su mayoría, eligió el suicidio antes que el activismo social. Para él, el día del profesor no era más que una metáfora del catolicismo integral-intransigente que había sometido a Colombia. El segundo era mi profesor de inglés, un anticristiano declarado y el máximo responsable de la introducción del Black Metal en Medellín. Su cruce de cartas con Euronymous, el fundador de la banda noruega Mayhem, lo hizo legendario. Gracias a eso, Medellín fue conocida como la pequeña Noruega. Él me regaló el noveno libro que más veces he leído en la vida: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Algo así como la odisea de un medievalista en una Nueva Orleans moderna y pro estilo de vida Mardi Gras, o sea a punto de desembocar en el posmodernismo por la vía del hedonismo masificado. En el aparte quinto del capítulo cinco, el medievalista escribe uno de sus incontables anacronismos: “Su total ignorancia de lo que profesa enseñar merece pena de muerte. Dudo que sepa usted que a San Casiano de Imola lo mataron sus propios alumnos atravesándole con sus estilos. Su muerte, un martirio perfectamente honorable, lo convirtió en santo patrón de los profesores”. La nota anónima se la remite al arquetipo de mal profesor más presente en nuestro imaginario colectivo, esto es, a una vaca sagrada. Trasunto docente de la infalibilidad pontificia que, por supuesto, merece ser celebrado cada 15 de mayo. No por nada, además de ser el precursor de las escuelas normales y del modelo de las actuales secundarias, San Juan Bautista de La Salle fue el artífice de la teología de la educación, cuyo eslogan bien podría ser: “la educación es un hecho teocéntrico”.      

No sé si fue la forma -acorde con la nota de suicidio de Kurt Cobain: “Es mejor estallar que desvanecerse”-, o si fue la coincidencia significativa de haberse suicidado a la misma edad de John Kennedy Toole, pero siempre he creído que mi profesor de inglés se quitó la vida antes de cumplir los míticos treinta y tres, para no convertirse en una vaca sagrada. Muy difícil comprobarlo: solo uno de cada seis suicidas deja una nota de suicidio y mi profesor de inglés prefirió formar parte de la mayoría. El que sí dejó una fue John Kennedy Toole, pero su madre nunca reveló el contenido. Sin embargo, la especulación más frecuente dice que se suicidó porque varias editoriales rechazaron La conjura de los necios, su libro póstumo. Pero,¿acaso se suicidó Jack Kerouac luego de que, en un lapso de seis años, diecinueve editoriales rechazaran su obra maestra On the Road? Eso, para poner un ejemplo de relación producto-mercado muy similar al de La conjura de los necios. Si bien, desde Proust hasta Bukowski, pasando por Nabokov o Saroyan, son innumerables los casos que demuestran que no existe ninguna correlación entre una nota de rechazo y el eventual suicidio del rechazado. Por eso mi hipótesis es que John Kennedy Toole se mató ante la imposibilidad de vivir como escritor profesional y así tener que seguir desempeñándose como profesor, o sea ante la posibilidad, muy viva, de llegar a ser una vaca sagrada. ¿Otro profesor que habría recurrido al suicidio para no diluirse en la figura de un San Casiano de Imola inmune a los lápices afilados de sus estudiantes? Si se discriminan los suicidios por profesiones, los profesores nunca entran en el top diez. Luego, frente a la falta de evidencia estadística en la materia, solo queda responder a esa pregunta de rebote, es decir, resolviendo condicionalmente una de las que dejó abierta Durkheim en su enfoque clásico del suicidio: ¿Es verdad que la necesidad de instrucción, en la medida en que corresponde a una disminución de la fe común, inclina al suicidio? Si es verdad, entonces solo los mejores profesores son los que se suicidan…

Nota sanitaria 1: ¿Por qué Medellín la pequeña Noruega? Mientras que los metaleros noruegos incendiaron más de cincuenta iglesias entre 1992 y 1996, los de Medellín hasta el momento  ninguna. Luego, ni siquiera en el Black Metal somos laicos.

Nota sanitaria 2: Al leer este panfleto, tenga en mente la frase de Camus que abre El mito de Sísifo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”.   


Juan Fernando Ramírez Arango es economista arrepentido de la Universidad Nacional de Colombia y desertor del décimo semestre de Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia. Es escritor y paseador semi-profesional de perros, en los barrios Florida Nueva y Laureles, Medellín. Además de haber sido finalista del Premio Nacional de Cuento de La Cueva, ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de cuento de la Universidad Externado de Colombia… ¡Bah!

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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