Cuando un hombre le habla a las paredes.

A ver, ¡Literariedad!, qué es, le hablo a usted. Responda lo que sea. ¡Hable! Las revistas no hablan. Como un mal chiste: “¿Qué le dice un árbol a otro? Nada, porque los árboles no hablan”.  Si yo me exhibiera, sería aquí. En una pared. No en un vacío. Una pared de manicomio, azul y mullida, con mi nombre, para que los golpes no sean tan fuertes; Juan de Dios Diosa, la mierda más pura y dura. El sinsentido (levanto los hombros  “Pfff, qué más da”, digo).

 

Dibujo de Camila López

jdiosa

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