Selección de poemas de Edgar Aguilar

El puño

Basta abrir el puño
y descansarlo
en alguna noche fría.

Basta que ese mismo puño
recorra formas humanas
para volverlo alacrán.

Basta que el puño
abra uno a uno sus ojos
y perdure en la memoria.

Basta esgrimir el puño
para que la tozudez del bandido
no repare en nuestros bienes.

Basta que en el puño
se forme un nido de ratas
para jamás volver a abrirlo.

 

 

Acabar ya

Acabar ya.
Acabar con este suplicio.
Que mengüe este dolor.
¡Dónde hallar la respuesta!
¿Acaso la hay?
¿Cómo saciar este deseo?
¡Qué cobardía!
¡Estúpida prudencia!
¿Qué vanas razones
hacen que este espíritu ansioso
contenga sus impulsos?
Se ha ido sin yo hacer nada.
¡Nada! ¡Qué insensatez de mi parte!
¡Qué profunda tristeza embarga a mi corazón!
El cielo se ha nublado.
Las gotas caen precipitándose sobre el suelo yermo.
Mi choza ha quedado sola.
El fuego arde en un rincón.
Mi mesa permanece en el mismo sitio.
Sólo escucho el crepitar de la lluvia
y el sordo sonido de los truenos en desbandada.

 

 

 

Arde el fuego

Arde el fuego.
Brazas al rojo vivo dentro de mí.
¿Cómo escapar de mí mismo?
¡Arde el fuego!
¡Arde mi corazón, mi estómago y mis venas!
¡No miento!
Arde el fuego que se vuelve un torbellino
en mi interior, quemándome, ardiéndome todo.
Es un fuego oscuro, hechicero, maligno.
¡Oh fuego devorador, harás estallar mis ojos!
¡Sáciate en otro cuerpo, sáciate en ti mismo!
Arde el fuego.
Arde en mis palabras.
Arde en mis pensamientos.
¡Con una sola mirada!
¡Arde como un mar encendido!
¿Has visto el mar arder?
¡Así mi corazón!
Te pido que te apartes, y en mí sólo dejes
una llama encendida.

 

 

Vanos deseos       

¡Ah, la mañana!
¡Ah, la música!
¡La fresca mañana!
¡La música inquieta!
¡Tan llenas de esperanza!
¡Yo aspirando el frescor de la yerba!
¡Yo envolviéndome en el sonido!
¡Ratas, conejos, vida silvestre, vengan a mí!
¡Yo y mi locura!
¡Yo y mi sensación mutua de bienestar!
¡Yo y mi espíritu alegre!
¡Yo y mi regocijo por nada!
¡Ah, la mañana! ¡La música!
¡Tan llenas, como mi espíritu, de vanos deseos!

 

 

El rumor del viento

Se escuchaba el rumor del viento
sobre las hojas.
Dormitaba en el suelo,
recostado sobre la hierba apretada.
El sol había declinado ya,
y yo miraba las nubes
sucederse unas a otras sobre el viejo horizonte,
aquel cielo de antaño
que solía mirar cuando niño,
con los ojos entrecerrados
y los párpados hundidos
entre la luz mortecina.
Trato de recordar ahora,
tendido sobre la hierba,
aquellos rasgos que mi memoria traza:
Todo permanece en su sitio,
justo como lo habré dejado
aquel lejano atardecer.

 

 

(Pintura de Rene Magritte.)

 


Edgar Aguilar (Xalapa, México, 1977). Poeta, editor y narrador. Premio de Poesía Jorge Cuesta (2000). Ha publicado Ecos (2007), La torta y otros relatos menos crueles (2010), Trazos fugaces (2016), Poemas de un loco (2016) y El hombre de la casa de al lado (2017). Dirigió las revistas literarias Libertina y Artemisa.

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s