Algo llama desde el palo de café

Foto: Day Mariam. En la foto, el Duende…

Por Day Mariam Largo AgudeloEstefania Soto Puerta y Lidia Torres Melecio. *

Está sentada, mirando una hermosa planta, pensando en sus estudios. Ella es Estefannia Soto, una niña de trece años, de piel color canela, alta y delgada. Piensa que los duendes no existen porque nunca los ha llegado a ver «eso es una leyenda inventada para asustar a los niños», asegura Estefannia con una mirada burlona. Day Marian Largo, una niña chaparra de trece años, de piel morena, sí cree en el duende, no por una experiencia suya sino por relatos de su mamá, que cuenta que un día que fue a lavar ropa al rio y mientras lavaba colocó un balde debajo de un árbol y junto a su hermano se fueron a dar una breve vuelta al rio, y cuando volvió vio un duende que se le iba a llevar el balde con la ropa. Lidia una chica de quince años, morena, alta de cabello negro y crespo, con ojos negros saltones, dice que cree en el duende porque le han contado cosas de él, aunque no lo ha llegado a ver. Day Marian ha escuchado hablar a su madre del duende y a su vecino, don Conrado, que tiene sesenta y nueve años, es alto, de contextura media, tiene los ojos cafés, piel trigueña y el cabello un poco canoso, vive con su mujer en Oriente Bajo donde tiene una finca llamada San José. Conrado ha sembrado café y plátano y él mismo administra sus cultivos y saca provecho con ello. Conrado lleva viviendo en la zona cincuenta años.

Cuando don Conrado vivía con su familia en la casa paterna, hace aproximadamente cincuenta y nueve años, solía salir al patio a jugar con su hermano menor. Un día jugando, como de costumbre, él y su hermano vieron un niño como de dos años vestido con un traje rojo, con sombrero negro y zapatos plegados hacía arriba que los llamaba y les mostraba juguetes, Conrado muy asustado se puso a llorar.

Conrado asegura que el duende sí existe, ya que lo ha visto tres veces, en una de ellas vio cuando el duende se llevó a su hermano para el guadual y le arañó la espalda. En otra ocasión, cuando el padre de don Conrado lo mandó a traer leña cerca de la quebrada, él, muy furioso y de mal gusto, cumplió la orden. Mientras recogía la leña alcanzó a ver el duende montado en un árbol que le sonreía con malicia, Conrado sorprendido cogió todo y se fue corriendo para la casa. La última vez que Conrado vio el duende fue cuando estaba jugando fútbol con sus amigos: el balón se les fue para un cafetal, Conrado y un amigo fueron a buscarlo, pero se llevaron una gran sorpresa al ver al enano que atemoriza a las personas.

Doña Fabiola, una señora de estatura media, de contextura gruesa, cabello corto y negro de cincuenta y cinco años de edad, vive en el corregimiento de Modín casa #04, trabaja de manipuladora de alimentos en el Colegio Simón Bolívar. Cuenta que años atrás su hermano vio el duende en forma de niño en el cafetal, se fue siguiéndolo pero no lograba alcanzarlo, él se aterró mucho porque pensó en lo que podía hacer un niño solo en un cafetal. Después de un largo rato de perseguirlo cayó en cuenta que era el duende, ya que su madre le había hablado mucho sobre este extraño ser. A doña Fabiola, le pasó algo similar: eran aproximadamente las 6:30 p.m. cuando se bajó del turno en Modín, pero tenía un poco de miedo porque le tocaba irse sola para su casa y ya estaba empezando a oscurecer. Ella apenas tenía quince años de edad, cuando por el camino sintió una multitud delante de ella y entre el murmullo escuchó la voz de su hermano. Fabiola salió corriendo detrás de él pero nunca logró alcanzarlo y a lo lejos vio un niño pequeño que le estaba arrancando la cabeza a un muñeco.

José David es un señor de estatura baja, de contextura gruesa, siempre se ve con un bordón donde carga un muñeco y unas llaves que asegura que son de un calabozo. Lleva viviendo en el corregimiento de Villa Rodas sesenta y ocho años. Nos cuenta que se la lleva bien con todo el pueblo porque es humilde y buena persona. Mientras nos cuenta la historia de su experiencia con el duende, al frente en una cantina extrañamente suena una canción:

Me llaman el duende y busco a las viejas que son habladoras, toco bandolina, tiple y guacharaca y bailo en el aire montado en la escoba. Soy el duende alegre que ando por el barrio a mí no me vale cruz un escapulario.

Dice don José David que el duende era un niño pequeño, como de diez años. Cuando don José David tenía seis años aproximadamente, el duende se lo llevó de la casa, empezó a convidarlo para el monte. El duende vestía con una pantaloneta verde, camisa roja y una capucha roja. Don José asegura que lo hipnotizó con algo. Se fue caminando detrás de él y dice que era como si lo llevará amarrado, cuando llegaron a un sitio lo subió a un árbol y lo amarró con bejucos de las manos y de los pies. Los hermanos de José David se fueron a buscarlo siguiendo el rastro que había dejado el duende. Al llegar a donde José lo ayudaron a bajar del árbol y este extraño ser se desapareció y le quitó «la pronuncia» a José por tres meses.

Don José David nos cuenta sobre el origen del duende, con una mirada temerosa, pero con mucha seguridad de lo que está diciendo. Dice que el duende era un ángel del cielo que fue expulsado de allí por desobedecerle a Dios. Este ángel era un guitarrista y al llegar a la tierra se volvió maligno y desde entonces se lleva a los niños. Recuerda José David, que la trampa para alejar al duende fue poner una guitarra destemplada en una mesa y cuando faltaban tres minutos para las 12:00 de la noche, llegó el duende y empezó a afinar la guitarra y a las 12:00 en punto, empezó a tocarla como todo un artista.

¿Será que en realidad existe el duende, o es solo una historia que queremos creer?

2017

 

Crónicas desde la montaña - Revista Literariedad
Los cronistas.

(*) Day Mariam Largo AgudeloEstefania Soto Puerta y Lidia Torres Melecio.

Nos gusta dormir para olvidarnos de todo, pero nos gusta estar despiertas para divertirnos hablando y recochando con amigos.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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