Más allá de la turbulencia

Por: Robert Julio Grajales Agudelo 

Modín es un corregimiento de Cartago, Valle del Cauca, ubicado al sur oriente del municipio, es un corregimiento con el clima natural del Valle: cálido. Esta zona fue habitada en tiempos anteriores por los Quimbayas, que fueron emigrando después de que empezaron a llegar los colonizadores antioqueños y vieron que la tierra de este sitio era una tierra fértil y empezaron a cultivar café. Los habitantes de estas zonas fueron adquiriendo las costumbres de los sitios cafeteros.

Cuando empecé a crear esta crónica en el año 2017, pude observar a Modín, que inicia en un sector llamado el crucero, que es en la vía Alcalá–Cartago, a pocos minutos del corregimiento de Piedras de Moler. El Crucero es un lugar con dos casas, una a cada lado de la carretera que lleva a Modín. En la casa del lado derecho, se encuentra una tienda con una vulcanizadora en la que vive la familia de Luis Gerardo, más conocido como «Carnaval», apodo que se ganó gracias a su alegría. Esa casa tiene una historia muy conocida: en tiempos anteriores fue el primer anillo de seguridad de Chamorro, el entonces sicario más temido de Cartago. En la pieza que se encuentra encima de la vulcanizadora se escondían los hermanos Luis Evelio Grajales y Héctor Grajales, y con radio avisaban cuando ingresaba el ejército. Luis Evelio Grajales me contó: «uy, chino, un día estábamos relajados y se nos metió el ejército, nos alcanzamos a tirar al potrero en calzoncillos, pero se me quedó la billetera en la pieza y se dieron cuenta que yo trabajaba para Chamorro». Por medio de esa billetera, la ley se dio cuenta dónde vivía y lo metieron a la cárcel, pero Chamorro pagó ochocientos mil pesos y salió libre.

La carretera que conduce a Modín está pavimentada desde el crucero hasta el Mirador Buenavista que es un pequeñísimo caserío. Desde el crucero hasta Buenavista se encuentran ocho fincas que solo son ganaderas.  En el Mirador Buenavista queda la sede Atanasio Girardot, una de las sedes de la institución educativa Nueva Granada, esa pequeña sede tiene varios años allí, solo enseña una profesora y solo se enseñan los grados de básica primaria.

Más arriba de esta sede se encuentra una casa con una torre de señal de radio, más arriba se encuentra una casa campestre que tiene un enorme letrero que dice «se alquila», y tiene una ambulancia de los bomberos de Cartago abandonada, esa casa solo la utilizan una o dos veces por año. A pocos metros de esa casa está la entrada para la Grecia, otro pequeño caserío. Continuamos y la carretera se extiende a lo largo de una recta, al final de la recta donde inicia nuevamente la pavimentada hay otra finca donde se cultiva cacao, yuca, plátano y café.

Más adelante nos damos cuenta que hay una bajada con varias curvas; luego llegamos a la parte baja donde termina la pavimentada y empezamos a subir. Unos diez metros más arriba hay una cruz que fue puesta allí por el catastrófico accidente que tuvo un señor que le estaba enseñando a su mujer a manejar carro, pero iban borrachos y se fueron por el abismo.

Treinta metros más adelante encontramos un sitio llamado el Palo de mango, es un sitio muy interesante donde hay un morro muy alto desde el cual se puede visualizar parte del Valle del Cauca, también a Pereira (Risaralda) y parte del Quindío. Más adelante hay una casa llamada La Divisa, su nombre se lo pusieron porque desde allí se pueden divisar Anserma Nuevo, Cartago, Obando, La Unión, Toro y Roldanillo, municipios del Valle del Cauca. Quinientos metros más adelante, inicia la pavimentada del corregimiento, hay dos curvas y se puede ver la primera casa al lado derecho, al lado izquierdo hay un corral  que ya casi no se utiliza.

Más adelante, en la tercera curva hay un letrero enmohecido y olvidado, que nos da unos datos básicos de Modín pero están desactualizados, más adelante hay tres casas juntas. Un poco más adelante está la primer tienda y también  la Institución Educativa Nueva Granada, Sede Simón Bolívar, donde los estudiantes cursan los grados transición, primaria y parte del bachillerato, seguido a esto se encuentran once casas aproximadamente. La parte trasera de las casas del lado derecho limita con la finca Cuernavaca que pertenece a Hernando Gómez Bustamante alias «Rasguño», esta persona fue capturada el 21 de julio de 2007, por narcotráfico y sicariato. La finca Cuernavaca, inicia en Cartago Valle y se extiende hasta Obando.

 Al lado izquierdo de la calle de Modín, se encuentra la caseta comunal, la iglesia católica y evangélica y el puesto de inspección de policía, pero actualmente no se encuentra nadie a la vigilancia. Después del caserío, siguen unas diez fincas aproximadamente, dedicadas a la ganadería, esto termina en el Caserío La Germania, donde solo se encuentran cuatro casas -dos de ellas son tiendas- y una carretera con una Y, si se sigue la carretera de la izquierda se llega a Oriente y si se va por la derecha se llega a Villa Rodas, corregimiento del municipio de Obando. Los habitantes de esta zona también se dedican a sembrar café.

Hacia la vereda Oriente, la vía se encuentra despavimentada y un kilómetro más arriba se encuentran las redes de señal de radio y teléfono, ubicadas en una finca, en aquel lugar hace poco hubo un robo de redes que perjudicó a la comunidad, ya que no tenían señal para comunicarse con sus amigos y/o familiares.

Más adelante se encuentra una tienda, seguida a esta se encuentra la Institución Educativa Nueva Granada, Sede Santa Teresita, sigue una carretera muy inclinada que va hasta el Caserío  El Guayabo.

Un poco más allá de la Germania se encuentra la vereda Chara, donde está ubicada la Institución Educativa Nueva Granada, Sede Antonio Güendica, después de esto se pueden visualizar las fincas cafeteras, específicamente la finca Mira Valles. El dueño de esta finca es primo de Hernando Gómez, mencionado anteriormente, vale aclarar que las fincas Cuernavaca y Mira Valles, son las fincas más grandes y productivas del corregimiento.

Un día cualquiera, al levantarme  me entró la curiosidad por saber cuáles son las prácticas o formas de vida de los habitantes del corregimiento de Modín, y qué cosas deberían cambiar y tener. Para poder saber esto, realicé unas entrevistas a algunos habitantes.

Doña Isabel Orrego Buritica, es residente del corregimiento Modín hace seis años y dueña de la primera tienda, me cuenta que cuando el sector era más cafetero, había más viviendas y se podía observar más el movimiento económico, también me comenta que le parece chévere vivir en el corregimiento, ya que el ambiente es más sano y dice: «Yo me siento muy bien en lo mío y es mejor estar por acá que en la ciudad»,  dice también que hace mucho solo transitaban chivas y ya no es así, en cada finca había hasta tres casas y ya no hay nada.

Modín desde la montaña.  Foto por Robert Julio Grajales Agudelo.png
Modín desde la montaña. Foto: Robert Julio Grajales Agudelo.

Doña Isabel me contó: «Yo vivía en la finca de mis padres. Desde que tenía 5 años hasta que cumplí los 18 años y me fui para la ciudad, pasado un tiempo volví y estudié en el colegio Simón Bolívar y recuerdo que solo había dos salones y una cocina, y tres profesores para más de cien alumnos. Me acuerdo que en la cocina hacíamos leche líquida, con leche en polvo, también hacíamos campeonatos donde participaba mucha gente, salían dos chivas solo de jugadores, también nos enseñaban actividades como bordar, realizábamos juegos tradicionales y eventos».

Luego agrega que en esa época en que estudiaba nunca les llegó a faltar el agua, no como ahora, también dice que recuerda que a veces se crecía mucho la cañada que hasta los niños de las otras fincas no podían pasar por el crecimiento del agua. Y que lo que más le gustaba de esa época era que los jueves mataban cerdo y los sábados res.

Después de todo terminó diciéndome que ella cree que debería haber más unión entre los vecinos.

El lugar de residencia de Luis Arnubio Blandón, es el caserío Buenavista y vive allí desde que nació, su infancia la pasó en la finca El Recreo de su papá, luego me aclaró que lo que me iba a contar era desde que tiene uso de su razón, me dijo con su voz gruesa, que se acuerda que en esa época la gente era más sana, no se veía tanto vicio y había más trabajo porque había más café, todo era mejor.

Me dijo que empezó a estudiar a los doce años en la escuela Atanasio Girardot, y solo había una profesora, Luz Dary, para veintidós  estudiantes. Se estudiaba de primero a tercero, desde las siete hasta las doce, y desde ese momento se daba una hora para ir a almorzar para estudiar nuevamente hasta las cuatro de la tarde. «Después que pasé a grado cuarto me tocó estudiar en Modín hasta que cursé y aprobé el quinto, en todo ese tiempo nunca tuve un transporte escolar. A mí y a mis compañeros nos tocaba irnos caminando desde la casa hasta el colegio, nos demorábamos entre cuarenta y cinco a cincuenta minutos». En el colegio solo había cuatro profesores y se sentía a gusto con la forma en la que enseñaban. Después de que cursó y aprobó el grado quinto se salió de estudiar porque en Modín no había bachiller y le tocaba ir a Cartago, entonces creyó que era mejor trabajar y tener plata. «Empecé trabajando en la finca de mi papá. Mientras trabajaba, conocí varios laboratorios de cocaína, lo bueno es que ellos estaban en lo de ellos y no se metían con los de la comunidad», afirma Arnubio con seriedad.

Por último, me aclaró que le parece muy bueno vivir en estos sitios porque es muy sano y el aire es más fresco que en la ciudad, me dijo que deberían cambiar las vías y que también creía que la comunidad debería estar más unida y que en tanto tiempo que ha vivido en el corregimiento, el hecho que le ha parecido más importante, es la pavimentación donde se encuentra Modín, que fue aproximadamente hace treinta años. Luego de escuchar estas dos historias me hicieron pensar en la importancia de seguir entrevistando, pero primero a las personas con más años de estar en el corregimiento y luego continuar con las personas que llevan poco tiempo pero que aún así tienen su historia.

Continúe con las entrevistas y fui donde don Argemiro Henao, que lleva en el corregimiento cincuenta años. Cuando vino al corregimiento por primera vez tenía quince años, también como todos los anteriores, me aclaró que la zona antes de que dejaran de cultivar el café era mejor que en estos tiempos, había más trabajo, había más gente y el corregimiento era más turístico. «Antes de llegar a este sitio estuve viviendo en San José, luego me fui a vivir con mi familia al caserío La Grecia, cuando nosotros llegamos a Modín, estábamos en cosecha de café, me acuerdo que lo que hoy es la inspección de policía antes era una base militar», después del poco tiempo de estar en el corregimiento Argemiro consiguió trabajo, y a los treinta y tres años se casó acá en Modín con Oralia Mejía, que vivía después de la casa de Doña Senelia. «Doña Senelia también vivió cerca de la casa de mis padres en La Grecia y también se mudó a Modín». Luego me dijo: «esto por acá me parece bueno todo, como el clima, todo es mejor, eso de uno estar viviendo en la ciudad no cuadra conmigo, el campo siempre es mejor». Después me contó que para él un  hecho importante que haya ocurrido en el corregimiento fue la construcción del acueducto, dice que fue algo muy bueno y de benefició a toda la comunidad, lo hicieron hace treinta años aproximadamente, me dijo que le gustaría que pusieran gas natural y pavimentaran el resto de vías.

Aprovechando el momento decidí hablar con la mujer de Don Argemiro, que es Doña Oralia Mejía, quien me contó que vive en el corregimiento desde que tenía diez años y que antes vivía en La Grecia y que ese fue su lugar de nacimiento, y que estudió hasta quinto pero en jornada nocturna. Ella recuerda que a su salón de clase iban aproximadamente dieciocho estudiantes. Tratando de recordar, me cuenta que trabajaba en el día cogiendo café, también me aclaró que en Modín se estudiaba en la jornada nocturna. Dice que «don Serafín Yepes en ese entonces era el dueño de la finca la Tesalia, fue el que donó el terreno para que construyeran el colegio», luego cuando empezó a vivir en Modín en la casa de don Gustavo Bravo Correa, al lado izquierdo del colegio y al lado de la carretera que va para la finca La Tesalia. Ella inició estudiando en el caserío Oriente, me contó que «después que me casé con Miro, compramos la casita de enseguida de Doña Senelia y lueguito nos compramos la casita que está al lado de la iglesia», después me comentó que le parece bueno vivir por acá, por la tranquilidad y porque nadie tiene vicios  ni nada, y si los tiene no los da a conocer, luego me expone su proyecto que es crear un gimnasio en la parte izquierda de atrás de los salones del colegio. «También me gustaría que el corregimiento tuviera la accesibilidad a internet público».

Yo ya muy cansado regresé a mi casa y pensé en entrevistar a mi abuela Senelia Franco Vergara, que ella lleva treinta y ocho años viviendo en el corregimiento. Antes vivía en la Grecia. Me dice: «cuando llegué a Modín que queda cerca de la carretera y vi que había energía, me sentí muy contenta y también porque había mucho trabajo». Me dijo que después de que se acabó el café, siguió habiendo trabajo pero solo para los residentes del corregimiento, aquellas personas que venían de otros lugares a coger café no pudieron volver, «ya llevaba yo cierto tiempo en el corregimiento cuando se inició  la construcción del acueducto y de la pavimentada». Me dice que el corregimiento debería tener un lugar donde echar la basura reciclable y que algún camión subiera los fines de semana y la recogiera, después de eso me dijo: «Yo estoy muy contenta por acá porque esto es muy bueno y además en la ciudad el que no estudió no tiene trabajo. ¿No ve? Eso es lo hijuemadre».

Senelia Franco. Foto por Robert Julio Grajales Agudelo.png
Senelia Franco. Foto: Robert Julio Grajales Agudelo.

 Después de haber estado entrevistando a mi abuela, descansé unos diez minutos y luego seguí con esta interesante entrevista. Llegué a la casa de don Bartolomé Rúa que me dejó sorprendido después de que me dijo que lleva viviendo en el corregimiento setenta años aproximadamente. Don Bartolomé con su baja y clara voz me dijo que cuando vino a Modín tenía doce años y que venía de Risaralda, un municipio de Caldas, que cuando llegó a Modín había cafeteras muy hermosas y también había demasiadas selvas y el agua abundaba en cualquier punto del espacio natural, me dijo que la escuela no quedaba donde se ubica ahora, quedaba en la parte de abajo de la casa de Isabel Orrego, pero él nunca estudio en ese colegio.

Estuvo mostrándome la parte trasera de su casa y me dijo que en años muy anteriores él se paraba en ese sitio y podía escuchar jaguares, aunque no sé qué pensar de esto.

Al igual que muchos habitantes del corregimiento, él también me dijo que después de que dejaron de sembrar café y volvieron la zona ganadera ya hay menos trabajo. Al escuchar esto pensé que cuando la finca Cuernavaca era de café, le daba trabajo a más de mil personas y luego al dejar de sembrar café y tumbar el que hay, quedó menos empleo.

Don Bartolomé que estaba un poco ocupado me dijo: «Modín es bueno porque no hay violencia, como en otras partes que se matan por nada y me gustaría que el gobierno ayudara más porque a la finca casi no llegan esas ayudas».

Me dirigía ya para mi casa cuando vi que llegó don Alfredo Rendón, que es una de las personas que lleva menos tiempo en el corregimiento, me dijo que el corregimiento le parece chévere y que se siente mejor que en el lugar donde vivía, porque el agua es más barata, se puede decir que gratuita y que en Modín no se estresa tanto como en la ciudad. Agregó que lo bueno del campo es que se pueden tener mascotas más fácilmente, sin tenerlas encerradas, me dijo que también hace mucho frío en ocasiones, él cree que el corregimiento debería de ser más tenido en cuenta por la alcaldía de Cartago.

Yo, Robert Julio Grajales Agudelo, vivo en el corregimiento hace seis años aproximadamente, he podido observar que el corregimiento es un lugar donde la guerra casi no influye, también creo que es más fácil y cómodo vivir en el campo que en la ciudad, pero no en todo el sentido de la palabra. Creo que Modín debería tener un sistema más avanzado de purificación del agua y también lo que han mencionado otros habitantes del corregimiento, pese a esas cosas que no se tienen, siempre se puede ver la felicidad de los habitantes. También puedo decir que los diciembres en Modín se viven de una manera espectacular.

Robert Julio Grajales Agudelo. Octubre 2017

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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