Once días de noviembre: cuando la historia se convierte en literatura

Tenía siete años, y el recuerdo que tengo más claro es ver en el televisor pequeño de la sala de mi casa, un edificio grande, abrazado por unas llamas blancas que contrastaban con el negro de la noche de la imagen que aparecía ante mis ojos (del televisor solo brotaban colores blancos, negros y grises, así que no pude ver los colores originales de las llamas). Y también recuerdo un tanque rompiendo con su larga trompa las puertas del mismo edificio para entrar en él, seguramente vi ese cuadro en uno de los noticieros que para esa época, daban al medio día.

Y luego a los días, recuerdo que también por la televisión no dejaban de mostrar el rostro de una niña, todo embarrado y lleno de dolor. Ella estaba enterrada en el lodo y se sostenía de un tronco que había quedado atravesado, por una especie de regalo de la vida.

Con el tiempo, cuando la memoria madura y esos instantes lejanos se ponen dentro de un contexto, entendí que en Colombia, para noviembre de 1985, habían ocurrido dos grandes hechos que dejarían huella en la historia del país, y con seguridad, se convirtieron en recuerdos aferrados, como tornillos,  a las cabezas de muchos que vivieron y sobrevivieron a esos momentos.

Hablo entonces de un hecho causado por los hombres y otro por la naturaleza: La toma del Palacio de Justicia en Bogotá y la tragedia de Armero, un municipio del departamento del Tolima, que quedó sepultado por el lodo del volcán Nevado del Ruíz que hizo erupción. Solo quedaron algunos techos de casas y la cúpula de la iglesia, asomados por encima del lodo, como sobrevivientes de semejante tragedia, o como pequeñas banderas que clavó el Ruíz, diciendo “aquí estuve yo”.

Esos dos sucesos solo se llevaron una semana de diferencia, el primero, la toma del Palacio, ocurrió el 6 de noviembre y el segundo fue el 13 de noviembre.

Y ese hecho, la diferencia temporal entre un suceso y otro, es el primer referente que toma el escritor Oscar Godoy para escribir su novela Once días de Noviembre. Una novela que conecta estos dos hechos históricos con una familia que los tiene que padecer.

Debo decir que esta novela es una gran obra de arte, no solo porque permite conocer, reconstruir, recordar estos dos hechos a través de la ficción construida también con datos reales, sino que su narrativa, la creación de personajes, los narradores que le dan un aire coral a la novela, los recursos y las figuras literarias que construye, son muestra de que la literatura colombiana también puede alejarse de los afanes por contar una historia,  y contagiar al lector de una lectura pausada, que le permita sentí y saborear la obra sin ningún afán.

Quiero compartir dos pequeños fragmentos de la novela donde uno de los personajes narra, a través de unos apuntes que él hizo, momentos para cada uno de los sucesos. Empiezo con la toma del Palacio de Justicia:

“Los oficiales dan órdenes por radioteléfono al hombre en la torreta del tanque ubicado en la mitad de la Plaza de Bolívar, y luego se dispersan. Los soldados saben lo que eso significa. El de la noche es poca cosa comparado con el frío que asciende por sus huesos. También ellos van a entrar. Sentirán de nuevo el aliento del fuego y se asfixiarán con el humo. A más de uno le tiemblan las piernas lo tientan las ganas de escapar. Se miran unos a otros mientras se ponen las máscaras: quién de nosotros no estará cuando salgamos. ¿Qué creen que somos, los dioses del fuego? Ninguno se atreve a expresar sus miedos. La gran pregunta es qué encontrarán adentro, aparte del incendio. No parece probable que los reciban a balazos, aunque ya lo han visto antes en este extraño combate. El Palacio de Justicia es mucho más que un edificio en llamas (…)”.

            Y ahora la tragedia en el Tolima:

“Alirio vuelve a escuchar los perros. Primero débilmente, luego con claridad. La voz de Erlinda: qué pasó. La de los niños: papá. La catarata se aleja, y con ella disminuye el temblor de la tierra. La casa resistió. Alirio los conduce adentro. Acomodan a los niños, los tranquilizan y un rato después vuelven a salir hasta la roca, Erlinda y él. Qué pasó, Alirio. El volcán estalló, dice él, y le cuenta su visión de las llamas en la cima. ¿Y ese ruido? Es la avalancha, va para Armero(…)”.

            Once días de noviembre es una bella oda a la historia, a la historia convertida en literatura,  es un rescate del olvido que nos acompaña con los años. Oscar Godoy Barbosa, a mi juicio, es uno de los mejores escritores que tiene el país actualmente. Su obra, y en particular esta novela, me dan los argumentos suficientes para hacer esta afirmación.

¡Novela muy recomendada!

jerogarciar

Literatura, docencia y salsa, las pasiones de mi vida...

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