No soy sólo mi perfil

Pues mi intención de conmoveros resultó un fracaso. Con mi último relato en Literariedad, titulado Os quiero tristes, en el que compartía una carta real a mi exnovia Lana, una carta tristísima, sólo logré cosechar más risas y comentarios jocosos. Mi literatura en internet no funciona. Un amigo mío de toda la vida dice cosas muy sabias, sobre todo cuando fuma porros. Yo lo considero un filósofo. No digo su nombre porque es un artista moderadamente conocido -como cualquier persona hoy día, por otra parte-. Este amigo me dijo en verano que en internet todo era terapia o promoción (por eso él no usa redes sociales ni nada). Yo, sobrio, con gravedad, le contesté que no estaba de acuerdo, que yo aspiraba a publicar buena literatura en internet para que la degustaran las colombianas y los colombianos, todos en realidad, y que yo confiaba y sabía que los lectores, en cualquier plataforma, sabían distinguir lo que era bueno. Él repitió: Juan: terapia o promoción, Juan: no le pidas peras al olmo, Juan: autorreferencia. Yo respeto mucho a mi amigo, más aún cuando ha fumado tanto como aquel día, así que no objeté nada.

Hoy sé que tiene razón. Intenté conmoveros con literatura de verdad, con poesía vivida en mi propia carne. De mis dos artículos para Literariedad sólo he recibido un comentario comprensivo y sensato por parte de una chica. Podéis leerlo en la misma página del artículo anterior. Creo que a ella sí le toqué el corazón. Pero no es suficiente. Si de verdad queréis ver quién soy, os emplazo a escucharme cantar. Os emplazo, colombianas y colombianos, a venir a los conciertos que daré con mi banda Cacto por todo el país: Bogotá, Medallo, Santa Marta, Cartagena, Barranquilla… Ahí, juro que os conmoveréis. En este fotograma que incluyo quizá no parezco conmovido, pero lo estoy. Es una imagen que yo elegí (me gusta cómo salgo) del documental que un cineasta moderadamente conocido está haciendo sobre nosotros, sobre Cacto. Digo que quizá no se aprecia la emoción porque aparezco con los ojos abiertos. Y yo cuando canto, durante las actuaciones, también cierro los ojos, y arrugo la frente, y me inclino, y gesticulo con las manos, sufro de verdad, a veces incluso lloro, y cuando miro al público lo hago con una intención hipnótica, de transmisión de una energía o un hálito o un estado de ánimo, miro al público como si el público entero fuera Lana, aunque en el teatro haya dos mil personas, les canto uno a uno como si todos fueran Lana, les pido que me perdonen, que me entiendan, que vuelvan a mi lado. Y ellos me creen y se conmueven. Lo veréis, lo sentiréis. Venid a vernos.

Lo mismo pasa con la literatura de verdad. No la de internet, pues yo ya estoy del lado de mi amigo sabio y no creo en el arte en internet. Pero si leéis mi novela Starring Juan, por ejemplo, a la venta en librerías y en bruda.org, vais a ver lo que es bueno. Os vais a conmover, vais a ver mi alma. No hay nadie a quien no le guste mi alma. Y no porque sea mía, no me malinterpretéis: no hay nadie a quien no le guste un alma desnuda, pues toda alma desnuda, despojada de las ropas humanas, es perfecta, como todos los árboles son perfectos, o mejor que perfectos, completos, concluidos. Eso le pasa a mi alma en el canto y también en la literatura de verdad, es decir, en mi novela Starring Juan, ya a la venta, y también en mi novela Alana Carnegie, aún en camino, aún en proceso, pero que os partirá el corazón en dos porque habla de mi vida antes y después de Lana.

En fin, como decía, en este fotograma que veis estoy mirando a Lana en el público. O sea que miro a cualquier mujer mulata, negra, que haya entre el público, la miro siendo consciente de la farsa que supone, de la transmisión inconsciente de afectos que establezco entre la elegida y la desconocida. Y cuando escribo sobre ella también soy consciente de la farsa. Y también cuando escribo sobre Cacto o sobre mis novelas. Incluso cuando escribo en internet. Sé que estoy tan loco como cualquiera, que no soy sólo mi perfil.

Para concluir por hoy: mi amigo el sabio, aquí presente de algún modo, tiene razón (esto no lo dijo nunca pero lo digo yo ahora, que viene a ser lo mismo): la poesía es mucho más que la terapia, mucho más; la terapia es más que la promoción, poquito más; la promoción, la autopromoción (aún peor), es el final. Así que lo repito por última vez, ya desde el lado de los muertos: leed mis novelas, oídme cantar, porque ni este texto ni los pasados ni los futuros, aquí en internet, son literatura. Os doy mi palabra de honor, la de un artista moderadamente conocido que no usa internet: el amigo sabio (y nunca sobrio) de Juan.

Ahora fijaos por última vez en el fotograma. Ved que brilla una lágrima bajo mi ojo derecho.

J.S.T. Urruzola

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