Homenaje a Liliana Bodoc, la creadora fantástica que supo narrar nuestros sueños

*Por Sergio Geese

 

 

Ayer y hoy son el mismo día en mi corazón

ANTONIO GAMONEDA

 

El martes 6 de Febrero de 2018, todos los que leímos “La Saga de los Confines” hemos sentido que una ráfaga de viento nos arrebató algo muy querido. Un soplo de vida se llevaba nuestra querida Liliana Bodoc. Con la luz de la memoria en nuestras manos, recordaremos a esa narradora que era capaz de crear un mundo otro tan otro, que por ser otro era el nuestro.

En lo personal debo decir que cuando conocí a Liliana, me encantó su simpleza y su trato cercano, una persona capaz de escuchar atentamente a quien le hablaba, la transparencia que tenía en su literatura se podía palpar también en el diálogo que uno sostenía  con ella.

Vale preguntarse ¿por qué nos dolió tanto su partida? Quizás porque supo contenernos con su literatura. Si bien yo leí la Saga de los Confines desde mi adultez y ella era una creadora que escribía para el mundo infantil juvenil, lo cierto es que los adultos nacemos como niños cuando leemos sus novelas y cuentos;  lo innegable es que la literatura puede hablar con todos, no importan los años, el arte no tiene edad ni fronteras.

Liliana Bodoc desde la literatura fantástica supo arder las llamas que otros relatos apagan, le dio presencia y contenido a un mundo fabuloso desde una perspectiva latinoamericana, haciéndonos partícipes de una historia que no se cerrará jamás, nuestra presencia mestiza quizás reclamaba un texto épico que contenga nuestra realidad y nuestras esperanzas. Ella, desde su creatividad supo darle forma a eso que latía silenciosamente en nuestros corazones.

La narradora de las tierras de los husihuilkes no solo supo darle sentido a una historia, también supo encontrar la trascendencia del texto donde trasciende lo humano, sus creaciones tocan la luz de nuestros sentimientos, lo esencial de nuestras vidas, aquello por lo que lucharíamos y luchan estas comunidades “ficcionales”. No es la tierra un bien, la tierra es todo, la comunidad es un núcleo, la cultura un elemento integrador que sociabiliza y dignifica,  por ser el ámbito donde se manifiesta lo sagrado.

Lo sagrado mítico, y mágico, es transmitido por las palabras, voces constructoras de una realidad constante que se hace historia alegórica, que interpela nuestra memoria, traduciendo y ejerciendo un diálogo fecundo con los hechos actuales de nuestras geografías. Porque todos somos husihuilkes, porque la Vieja Kush es una presencia ineludible en nuestras comunidades, y porque la muerte ha parido varios horrores en la historia de nuestro continente. Nos unimos a estos personajes no solo con el deseo de socorrerlos, sino también con el anhelo de que ellos nos socorran en esta soledad que manifestamos como lectores, en una geografía afectiva donde lo banal insiste con deglutir todo rastro de lucidez colectiva.

Así lo hierático de los textos de Bodoc, juega con simpleza con nuestras emociones, fascinando y aterrando. Página a página tememos que a nuestros queridos personajes les pase algo irremediable, no podemos detener el tiempo, tampoco la literatura y la conmoción que nace de las ficciones propuestas por esta querida escritora. Es que en estos textos observamos la diferencia entre lo simple y lo superficial; lo simple es profundo, porque ahí habita el misterio.

Liliana Bodoc realizó tan bien su trabajo, que nunca pensamos que esta gran alquimista de la literatura fantástica latinoamericana, se nos volvería un recuerdo venerable nacido del amor con que desarrolló su arte. Ella diría pasión, pero esa fuerza es la que nos produjo el shock de tener que asumir que quien nos enamoraba con su sensibilidad artística ya no nos acompañará en este espacio humano y terreno. Quizás ahora converse con Dulkacelin, o esté conociendo nuevos espacios sagrados para ficcionar nuestra tristeza, para apasionar nuestra soledad, para celebrar el amor por la vida.

Vaya querida amiga, como un cogollito cuyano, mi sentido homenaje a su persona y su literatura, con una estrofa del compositor “Ernesto Villavicencio” de su tonada Guitarrero cuyano y cantor que dice así:

Quien sabe que luna me andará buscando

siguiéndome el rastro con la serenata,

tal vez algún criollo me siga nombrando

entre los cogollos de alguna tonada,

yo se que algún día volveré a mi pago

nidal de toneles de sangre cuyana,

y el corazón mío me estará esperando

mateando en el patio de mi vieja casa.

 

 

 

 

*Sergio Geese (Esperanza, Santa Fé, Argentina) es poeta, investigador literario, letrista y compositor. Publicó el libro de letras de canciones y poemas La fuerza de los impávidos (Buenos Aires, 2010). Su trabajo poético está incluido en la antología bilingüe A Sul de Nenhum Norte (Portugal, 2013). Estudió letrística con Adrián Abonizio en el Centro Cultural Rojas (Buenos Aires), con Diana Bellessi en SADAIC, y los seminarios de poesía latinoamericana con Jorge Boccanera (UNSAM). El 3 de enero de 2018 editó su primer trabajo discográfico El país de mis ojos, junto a compositores como Pablo Budini, Fernando Lernoud, y Flavio Gauna.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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