Selección de poemas – Diego Maenza

Imagen de un fruto americano

Les presentamos una mínima muestra de un bestiario tan americano como lo que somos como americanos, y del que, con seguridad, nosotros y nuestros antepasados oyeron hablar.

 

 

EL MUQUI
(Poema humano de un minero peruano)

 

Pertenezco a las minas.
Al alba todo termina o todo comienza.
El corolario de los tullidos es un cántico de dolor.
Masco una hoja de coca mientras me masturbo
cavilando en la parálisis del materialismo.

Soy esquivo aunque mis primos sean gregarios
y circulen por los arroyos como un enjambre de hilaridad.
He decodificado sus quipus y sus pasiones,
he estudiado al oro y al hombre.

Pertenezco al agua
que lava incluso los rincones más sombríos:
un minero pasa con sus axilas apestosas,
estrella su cabeza contra una piedra negrísima.
¿Cómo poder hablar luego del cierre categorial
si sus hijos, mancebos y nínfulas, no han comido?

No tengo cuello: ¿cómo poder explicar el existencialismo?
Ellos tiritan: gritan frío; ellos chillan: comen hambre.
Llevo poncho: ¿cómo creer en el dios sol, si nos abandona?
Como musgos: ¿cómo confiar en Huiracocha si no hay maíz?
Uso sombrero: ¿cómo avanzar si nos permutan las ideas?
Soy pequeño: la naturaleza humana apesta
tanto como la naturaleza de los dioses.
Yo hiedo, tú hiedes, y así hasta el infinito.

Soy el murik que da la liberación
de las transparencias que se aglutinan tras la tarde.
El camino a la salvación conduce a una mina
y ellos son los muriskas que se dejan conducir.

Me han visto en Cuzco, en Cajamarca y Arequipa.
Los más osados sueñan con atraparme en sus tierras.
No sé si la laringe que estudié ayer pertenecía
a un boliviano o a un peruano; la saqué intacta del Titicaca.

Me acusan de robar las herramientas de los mineros.
Yo me jacto de cometer travesuras más sublimes.
Hoy jugueteé en el ombligo de un estanque
y a cambio di como caridad dos pepitas de oro.
La sangre de la humanidad sigue destilando sobre las piedras.
Después me interné en el Uku Pacha.
El crepúsculo todo lo termina o todo lo comienza.

 

 

EL CURUPIRA
(Poema antropófago de un héroe amazónico)

 

Me han visto haciendo acrobacias en las lianas.
Danzo cada día entre castañas de Pará y bayas acai.
A veces cabalgo un jabalí.

Me han visto adherirme a los troncos como epífita.
Mis huellas invertidas protegen árboles y bestias
y distraen al cazador furtivo y a los bárbaros.

Laberinto de árboles los jardines del Curupira
donde las bestias se pierden para encontrar su lugar,
donde los lugares perdidos encuentran la nada,
donde la lluvia, el fango, las hojas,
los zancudos y alimañas conviven.
Paraíso de árboles los jardines del Curupira.
Paraíso de cantos y tonalidades, efluvios y conmoción.

Soy la selva que traga la selva.
Soy el hombre que come al hombre.
Soy la bestia que regurgita a la bestia.
Soy la palabra que deshace la palabra.
Soy el caimán negro y la rana de vidrio,
el mono araña y la hormiga bala.
Soy los sapos que pueblan los pantanos.
Ven a conocerme entre el color de las bromelias.
Ven y mira cómo me balanceo entre bejucos,
resbalo por musgos y líquenes,
huyo sobre mi cerdo salvaje entre la floresta
y acaricio la piel de la anaconda
en los pantanos del Amazonas.

 

 

JUSTO JUEZ DE LA NOCHE
(Poemas clandestinos de un justiciero salvadoreño)

 

Dicen que se oculta tras la bruma.
Comentan que su cabeza es humo.
Que cuando castiga cabalga de negro
Que cuando absuelve monta de blanco.

Afirman que provocó la revolución de las ánimas,
el revuelo causado en los sindicatos del infierno,
que su oscuro espíritu revolucionario dijo la verdad,
que la utopía a veces se paga con la condena.

Aseguran que prefirió la clandestinidad de la noche.
Por querer democratizar la vida lo acusaron de traición.
Desde aquellos días del exilio se esconde entre tinieblas
y a quien se aproveche de las sombras, el señor y amo
azotará sin contemplación con la vara de la justicia.

 

 

EL WENDIGO
(Charlas breves sobre mitología canadiense)

 

Lo divisan en la nieve.
Un espíritu que muta a lo material en el viento helado de los bosques de invierno.
Comentan que posee a los humanos cuando son viles.

Unos dicen que era un cazador que al extraviarse probó la carne humana.
Su castigo fue devenir a monstruo de grandes dígitos.
Deja su huella estampada en las escarchas de los senderos.

Musgosa criatura que habita en lo recóndito de los bosques.
Mitad espanto, mitad humano, pelaje tupido, manos poderosas.
A veces es el viento que golpea la copa de los árboles.

La leyenda más hermosa cuenta la historia del primer Wendigo.
Traicionado por su amada, asesina a su amor y consume su corazón.
El órgano vital se congela y él empieza a practicar el canibalismo.

Antropófago glotón, experto en voracidad, el exceso y el ansia son su compañía.
Nunca deja rastro de los ataques y jamás se sienten sus huellas.
Si el Wendigo te lacera te obsesionarás por el consumo de carne humana.

Si te excedes puedes degenerar en Wendigo
Si practicas el canibalismo te conviertes en Wendigo.
Si él te posee en sueños te transformas en Wendigo.

Cuando consume la carne de sus víctimas crece la proporción de su cuerpo.

La hambruna, la inanición, el invierno, el frío, son sus consignas.
Gigante horroroso, lo conocen como Yeti, Pie Grande, Mohán.

En las tribus algonquinas es respetado y temido:
Los odawa, ojibwe, cree, kikapú, pies negros, innu acatan su andar.
Vivirá por siempre desde las Montañas Rocosas hasta la Bahía de Hudson.

 

 

LA CHICA DE LA BUFANDA
(Voces anónimas de una suicida latinoamericana)

 

Situada en una carretera oscura me encuentra el universo para formar nuevas historias.

*

Quien ha visto mi sombra, conoce mis formas más íntimas.

*

Las noches se suicidan al embarcarse en un coche, los coches me recogen como si yo fuera el suicidio encarnado.

*

Los hombres se enamoran de lo desconocido y cuando lo conocen tiemblan.

*

Las voces recorren los caminos y seducen a los solitarios.

*

Una noche me embarqué en un auto, y era rojo y el hombre me amó. Los hombres aman lo que no conocen, y cuando lo conocen mueren.

*

La niebla transpira secretos, el frío me obliga a usar sus bufandas.

*

Los jóvenes se sienten atraídos y cuando amanece mi sombra se ha marchado con la luz de la aurora.

*

Aquellas noches nos besamos en los cementerios y lo único que me llevé fue sus bufandas y sus tranquilidades.

*

Nunca busques los secretos que no puedas soportar.

*

El día de la revelación descubren que morí hace años y tiemblan.

*

La cicuta es solo el inicio del viaje.

*

También me he suicidado desde los edificios más altos, dicen que fueron los suicidios más hermosos del mundo.


Diego Maenza
Diego Maenza

Ecuador, 1987. Ha publicado el libro de relatos Teoría de la inspiración. Es autor de Caricreaturas donde hibrida cuento y poesía, y de la novela Estructura de la plegaria (Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2018) que aborda temas sensibles como la pederastia y el aborto. Durante 2017 dirigió la revista digital de literatura latinoamericana Libro de arena. El poemario Bestiario americano condensa mitos urbanos y leyendas de todo el continente. Artículos suyos han aparecido en la revista venezolana Letralia, Amazing Stories y en la revista Teoría Ómicron, así como entrevistas a otros escritores.

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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