Guía de pájaros

Mi ático es como un torreón, como un observatorio astronómico. Está muy cerca del cielo, muy cerca del aire que desde abajo consideramos parte del cielo. Las aves, ahora en primavera, vienen a visitarme cada mañana. Cuervos y canarios. Los cuervos graznan y los canarios cantan. Los cuervos son los primeros, llegan con los primeros rayos de luz, entre las cuatro y las cinco de la madrugada. Inmediatamente, dormido, siento su presencia antes de que comiencen a graznar. Tienen una presencia notable los cuervos (todos los animales, en realidad; todos nosotros). Se posan en mis sueños los cuervos. Los siento descender sobre mi tejado como una premonición familiar. Están desde el principio justo sobre mi cabeza. Acuden a mí como a un mirador y en mí contemplan la salida del sol. Y reflexionan. Los cuervos serán grandes pensadores. De momento graznan. A las cinco y un minuto. Graznan de alegría. Me avisan que van a empezar su jornada y que tienen hambre. Entonces les saco su comida: trozos de pan mojados en leche. Luego llegan los canarios al balcón sur y juegan y desayunan lo suyo ruidosamente. Así comienzo mis días en primavera, acompañado por los pájaros, y muy temprano.

Muchos sabéis, que además de escribir y cantar, soy guía. Después de estar un rato con mis pájaros me voy a enseñar la ciudad, o los alrededores de la ciudad, a turistas que hablan mi idioma. No les cuento ni una mentira. Es mentira: les miento como un loco, pero les aviso de que les estoy mintiendo. La historia es un cuento chino. Y la realidad no es lineal; no es sólo lineal. La realidad se compone de la historia lineal, del cuento chino, y de otras infinitas historias lineales y otras infinitas historias entrecruzadas. Es decir, la realidad, y la historia también, o el pasado, tienen una dimensión que no se puede abarcar. Es algo así como el mayor enjambre de la mayor plaga de langostas: Egipto.

Pero aviso a los turistas. Como decía, les aviso. Le digo que van a entrar en mi relato, y que mi cuento aislado es una gran mentira, y es, además, la mentira de una mentira. Yo no estaba allí, les digo. Para que me entiendan les pongo ejemplos. Uso sus preguntas, porque antes de empezar siempre me interrogan sobre mi vida: ¿Hace cuánto que estás en Berlín? ¿Por qué viniste? ¿Por qué fuiste a México? Etcétera. Y yo les contesto con una mentira, con una verdad parcial, que es la peor mentira.

Les contesto, por ejemplo, que estuve en México filmando, por trabajo. Les cuento cuando estuve en Veracruz moviéndome en helicóptero por el estado, les cuento del hotel del malecón con piscina en la última planta, cómo me bañaba en ella solo por la noche cuando llegaba después de filmar, era como estar en una pecera, con esos vidrios que me protegían del viento, me sentía como un gángster, les cuento de cuando sobrevolábamos la selva, en los alrededores de Xalapa, y de cómo el piloto movía el helicóptero como si fuera un ascensor, arriba y abajo, filmábamos obras de caridad, íbamos persiguiendo la imagen de la entrega de despensas a la gente pobre, es el trabajo más miserable que he realizado en mi vida (esto no se lo digo a los turistas), pero no dejaba de ser excitante filmar, tomar helicópteros como si fueran autobuses…, y eso es lo que cuento, les cuento a los turistas que desde ese periodo de tiempo en México soy muy amigo de los pájaros, que me entiendo con ellos, y les cuento que amanezco con ellos y que me consuelan cuando me siento solo.

Les cuento todo esto, que por supuesto es verdad, pero que no es ni remotamente la verdad, porque estoy relatando la parte que me gusta de mi pasado, la parte que recuerdo, en el mejor de los casos, o que puedo o quiero recordar.

Porque yo no fui a México por trabajo, aunque trabajé; no fui a México a filmar ni a montar en helicóptero, aunque filmé y monté en helicóptero; tampoco fui, aunque esa sería mi verdad preferida, a hacerme amigo de cuervos y gorriones y tucanes. Lo cierto es que fui por amor. ¿Os suena Lana? ¿Alana? ¿Alana Carnegie? Pues lo cierto es que esa historia no me apetece o no me sale contársela a los turistas ni tampoco me apetece contárosla a vosotros ahora. La estoy contando en una novela, porque hay verdades que necesitan más espacio para ser dichas, y necesitan una revisión interna, necesitan ser ficcionadas, porque crudas no se pueden digerir. Así que tendréis que esperar a la novela, que será la mentira más parecida a la verdad.

Y así todo, les digo a los turistas. Así va todo. Así, por ejemplo, Alemania entre 1933 y 1945, les digo, no os creáis nada de lo que voy a decir. No os creáis los búnkeres, ni las bombas, ni los helicópteros, ni los pájaros, ni los áticos. No os creáis nada.

Y empiezo a mentir, pues para eso me pagan.

J.S.T. Urruzola

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